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24 Noviembre 2019 04:04:00
Las buenas costumbres
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Por: Gerardo Blanco

¿Qué pasa por la cabeza de un individuo cuando, a toda velocidad, impacta su Mustang rojo en el corpachón de la vaca que se interpuso en medio de la carretera? ¿Cómo reacciona ante el funesto accidente cuando se mezcla la adrenalina y el sobresalto con la tristeza y el desasosiego que le ha provocado ver morir a su padre en sus propios brazos, minutos antes del impacto? ¿Qué puede hacer, mientras la sangre escurre por su frente, si a lo lejos se aproxima, amenazante, una camioneta conducida por el dueño de la vaca que yace moribunda sobre el asfalto?

Pues ese individuo es Sebastián, cuya historia narra Luis Muñoz Oliveira en Las Buenas Costumbres (Dharma Books, 2019), la reciente reescritura que hace sobre su primera novela
Bloody Mary (2004).

L.M. Oliveira nos adentra en una estructura narrativa fractal, que relata en un ida y vuelta la tormentosa vida de Sebastián.

El protagonista se encuentra atrapado en la estrambótica personalidad de su padre –también de nombre Sebastián–, un marqués, fuerte y sabio, pero a la vez bebedor, ludópata y seductor, quien deteriora, quizá sin darse cuenta, los deseos y anhelos de su hijo.

No solo eso, sino que Sebastián le atribuye la muerte de su madre, el distanciamiento con su nana y hermanastra, incluso los celos en su relación con Susana, su actual pareja; por lo que se convierte en su peor enemigo. De manera paralela, el autor relata cómo el personaje se bate para sortear la muerte en el aterrador accidente.

Mientras Sebastián dedica su vida a huir de su padre, de fugarse y evadirse de lo que tanto daño le ha hecho, de lo que no quiere ser jamás, aparece, casi imperceptible, una fuerza perversa que lo arrastra hacia eso que tanto detesta, para convertirse tal vez en lo que no quiere ser. Al tiempo que todo esto sucede, pasan por su mente sentimientos contradictorios de venganza y reconciliación.

El autor, reiteradamente invadido por su espíritu ensayístico, reflexiona sobre temas como la religión, la venganza o el amor; estilo que, por ningún motivo, resulta novedoso o accidental, ya que también se ve fuertemente reflejado en sus novelas Resaca (2014) y El Oficio de la Venganza (2018).

Las Buenas Costumbres viene acompañada de un ensayo donde Oliveira se pregunta sobre el sentido de la reescritura. Aludiendo a escritores como George Orwell, Raymond Carver, Susan Sontag y Orhan Pamuk, el autor dejar ver lo tedioso que resulta reescribir una novela.

Sin embargo, aduce que, en este caso, un ejercicio de tal naturaleza es imprescindible para contar la historia como realmente se desea, cambiar la prosa, las voces del narrador e incluso parte de la trama con el fin de lograr la tensión dramática que no se consiguió en un primer momento.

También, cuenta Oliveira, sirvió para eliminar los que él llama personajes inútiles, pasajes rosas, oraciones que no tenían significado; reescritura que resultó en una nueva novela de 100 páginas menos.

Entonces, ¿se trata de una nueva novela o simplemente de perfeccionar la existente? En esto reflexiona el autor: “Si me preguntan dónde termina una obra original y comienza una nueva, no sabría cómo responder. Pero no tengo duda de que Las Buenas Costumbres es una nueva novela, inspirada en Bloody Mary”.

Para alcanzar la reescritura, el escritor considera que fue fundamental escuchar qué piensan los demás de la obra, atender la critica sustentada y, por supuesto, releerla él mismo para detectar, ahora con más experiencia, lo que en su momento no pudo lograr.

“Es ronca la muerte, escúchala mugir como una vaca vieja”; reza el epígrafe inspirado en Antonio Gil con el que L.M. Oliveira antecede el inicio de su novela; frase que retumba en la cabeza de Sebastián, recostado sobre el respaldo, con los ojos cerrados, bajo la tenue oscuridad de sus párpados.
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