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Peniley Ramírez
Peniley Ramírez
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Con 32 años y experta en temas de seguridad, corrupción, derechos humanos y migración, Peniley Ramírez ha sido colaboradora de varios medios, tanto impresos como digitales. Además de su espacio en esta casa editorial, la periodista expresa sus opiniones a través de su cuenta de Twitter @penileyramirez, en donde suele tener interacción con sus lectores”

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14 Febrero 2020 04:08:00
Las historias de horror de Rosaura y Berenice
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Han pasado 23 días de que Rosaura Cervantes recibió tres disparos cuando se subía a su auto, después de dejar a su hija en la escuela. Era la segunda agresión en menos de dos meses. La primera, ocurrida en el mismo lugar, fue en noviembre, poco tiempo después de que ella respondió un requerimiento de su expareja, quien solicitó conocer la dirección exacta de la escuela en un documento judicial.

Ella, de 35 años, durante 9 tuvo una relación con el padre de su hija. Dice que todo se complicó en diciembre de 2016, cuando catearon una casa en Ciudad de México, donde ella había vivido con él y en las noticias anunciaron que había dinero del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa.

“Mi expareja decía que era dinero de su tío”, pero nunca supe más, cuenta. El tío era Arturo Bermúdez Zurita, el exsecretario de Seguridad de Duarte. Las agresiones comenzaron antes, dice ella, cuando él la golpeó estando embarazada, pero luego “me habló bonito, me pidió perdón” y ella nunca levantó una denuncia.

Poco después de separarse, ella solicitó una pensión. Durante el juicio, según documentos revisados para esta columna, encontraron depósitos millonarios en las cuentas de Bermúdez, pero él alegó que eran bienes familiares y que solamente los administraba. A finales de 2019, el juzgado le ordenó que pagara. “El juez ordenó que me entregara el porcentaje fijado como pensión de todos los depósitos que había tenido, eran casi 6 millones de pesos, de febrero a mayo de 2019”, relata ella. No lo hizo.

Luego vino la primera agresión, después la segunda, y ahora Rosaura decide contar su historia, porque ha visto en las noticias el asesinato de Ingrid Escamilla y dice, con voz seca: “No quiero ser la próxima”.

“Estoy espantada, estoy afectada sentimentalmente, no he podido regresar a mi casa, es muy probable que intenten hacerme algo, por eso quise dar a conocer mi historia, no quiero ser otra víctima más de feminicidio y que por el poder económico que ellos tienen no hagan nada”. Su expareja, Jesús Gabriel Bermúdez, no pudo ser localizado para esta columna, pero ha negado en documentos judiciales alguna mala conducta.

Berenice Duarte, de 47 años, no conoce a Rosaura, pero tienen algo en común: ambas dicen que quieren contar sus historias porque sienten que el sistema judicial no las ha protegido. Su caso comenzó en junio de 2015, según documentos revisados para esta columna, cuando presentó una denuncia por agresión física contra su entonces esposo, David Córdova, exfuncionario del Cisen y la Policía Federal. En una grabación de ese día, obtenida para este texto, ella le dice “me estás ahorcando” y él responde “me vale madres, no te burles de mí”.

Tres años más tarde, él fue detenido por dicha denuncia y salió con una fianza. “Siempre tenía las llaves pegadas en el coche y mi bolsa en el auto, sabía que en cualquier momento debía salir corriendo”, dice Berenice. Asegura que en casi cinco años de juicio por la custodia y las denuncias, no ha tenido sentencia, que el sistema judicial lo ha protegido una y otra vez. Los exámenes psicológicos a sus hijos, ambos menores, revisados para este texto, relatan una desazón y sufrimiento profundos, un quiebre brutal.

Ella relata que salió de su casa con la ropa que tenía puesta, que sus amigas le regalaron qué ponerse, que ve casos y casos en la prensa, “que se indignan y marchan dos días y no pasa nada”.

David tiene una versión totalmente opuesta, que coincide con su exesposa y con Rosaura en un solo punto: también cree que le ha fallado el poder judicial. Dice que su exesposa “ha comprado pruebas y jueces, ha corrompido a dos juezas, a una magistrada que no sabe sumar ni restar. Es un sistema corrompido, podrido”.

Llamo a David para preguntarle sobre su caso. Durante más de media hora, dice que él y sus hijos son las víctimas, que él es un servidor público honesto, que ella pretende difamarlo, que cuando encuentre un nuevo empleo se pondrá al corriente con los pagos de la pensión. Y remata con una frase que quizá resuma la sociedad quebrada en la que vivimos: “Yo quiero que mis hijos sepan que yo no los abandoné. Me han recomendado que la levante, que le quite a mis hijos, pero yo no lo voy a hacer”.



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