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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Coahuilense, médico pediatra, apasionada de la palabra escrita. Desde 1975 ha sido columnista en diversos periódicos regionales. Bloguera a partir del 2010. Participa activamente en el Taller literario “Palabras al viento”. Tiene varios libros publicados. Inquieta por la problemática social, en particular la relativa a nuestros niños y jóvenes. Sus colaboraciones invitan a asumir que la resolución de esos problemas es tarea común para todos. Su blog: https://contraluzcoah.blogspot.com/

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28 Julio 2019 04:00:00
Las mejores vacaciones
Estoy segura de que Einstein sí lo entendía. Yo llevo años devanándome los sesos para tratar de comprenderlo, pero sigo en las mismas. Sin embargo, es real: El tiempo pasa cada vez a mayor velocidad y no hay forma de frenarlo. Al principio pensé que era cuestión de la edad, entre más años vives, más rápido sientes que pasa la vida, mientras que de niños los días son eternos. Cambié de opinión cuando escuché a los jóvenes diciendo lo mismo, el tiempo pasa cada vez a mayor velocidad. Alguna influencia debe tener el comercio, sospecho. Acaba de iniciar el período vacacional, y las tiendas ya están vendiendo la mercancía de regreso a clases. Y para cuando está por arrancar el ciclo escolar, se anuncian las ventas del adoptado “Día de Brujas”, y así nos vamos hasta fin de año. He de confesar, eso de comenzar a ver arbolitos de Navidad en octubre, me resulta ofensivo, una especie de rapto que roba encanto a la temporada decembrina. Me corta la inspiración de una fecha que me encanta. Pero, en fin, el comercio lleva la voz cantante, y estoy resignada a entender que no va a cambiar. El tiempo pasa de manera veloz y hay que aprovecharlo.

Para los mexicanos las vacaciones van, desde un sábado en la alberca municipal, hasta una lujosa estancia de siete días en Dubái. Cada familia de acuerdo con sus gustos y posibilidades encuentra la manera de desconectarse de la rutina diaria y recargar pilas para los siguientes diez meses. Ejercitarnos en el arte de la simplicidad y el buen humor, es un antídoto bastante efectivo contra el estrés y los males del alma, así que hay que practicarlo tan seguido como se pueda. El verano es un excelente tiempo para hacerlo.

Cambiando de plano de profundidad, como un nadador que pasa de la superficie hacia el fondo de la piscina. Las vacaciones son el momento ideal para reconectarnos con nosotros mismos. Esta velocidad que lleva la vida, muchas de las veces nos obliga a dejar de lado nuestras cosas personales, para ocuparnos de actividades de otro tipo. Por más que organicemos nuestro día, nos la pasamos corriendo de aquí para allá, y cuando acordamos ya se nos fue la semana. Del mismo modo ocurre con la siguiente y la siguiente, hasta que descubrimos que se acabó el año, y no hemos tenido tiempo para ocuparnos de lo propio. Como si esto no mereciera un espacio en nuestra agenda personal.

En la vida de todo adulto maduro, hay un punto de inflexión: un día nos despertamos y descubrimos que, para estos momentos, es mayor el tiempo de nuestro nacimiento a la fecha, que el que haya de transcurrir de hoy a que desaparezcamos de este plano terrenal. No es cuestión de asustarnos, tan simple como esto, yo acabo de cumplir 64 años, y para nada me imagino cumpliendo 128, por más que los avances científicos me animen a creerlo. Nadie sabe en qué momento esas Moiras griegas –veleidosas y ufanas-- decidan cortar el hilo de nuestra existencia, y “kaput”, hasta ahí llegamos. O bien, tal vez sigamos con vida muchos años, pero ya no con la capacidad para un disfrute pleno.

Siendo pragmáticos, ahora que hemos descubierto que el tiempo camina a pasos agigantados, y que estamos más cerca del más allá, de lo que estuvimos ayer, el mes pasado o hace un año, trabajemos por aprovechar nuestro tiempo. Que estas vacaciones sean enriquecedoras en cuanto a visitar y reunirnos con otros, pero –igual de importante—que sean ocasión para sentarnos a meditar frente al mejor amigo que nos ofrece la vida, frente a nosotros mismos. Revisar si estamos contentos con lo que hacemos; analizar las razones por las que –a pesar de que no nos gusta—nos sentimos obligados a realizar ciertas cosas. Y lo más importante, enumerar todo aquello que siempre hemos deseado llevar a cabo, pero no nos hemos dado el tiempo para hacerlo. ¿Por qué no nos lo hemos dado? ¿Sentimos acaso que no vamos a lograrlo, o nos boicoteamos pensando que no merecemos ese goce?

Conocer personas con gustos afines a los propios. Emprender acciones que nos entusiasman. Llevar a cabo algo, por el simple gusto de hacerlo, sin tener que justificarnos ante nadie, aparte de nuestra propia persona. ¿No es válido? ¿Quién dijo que no?

Vacaciones: tiempo para dialogar con nosotros mismos. Cada uno, en la intimidad del “mí conmigo”. Sincerarnos en una lista por escrito, aunque después la destruyamos. Anotar qué hacemos, por qué lo hacemos. Qué querríamos hacer, y por qué no lo hemos hecho hasta ahora. Poner frente a los ojos el propio mundo interior, a través de la palabra escrita, es de lo más iluminador. Nos ayuda a descubrir ese “yo” agazapado a la sombra.

Antes de que lleguen los arbolitos de Navidad en octubre: ¿Cómo ven si lo intentamos?

https://contraluzcoah.blogspot.com/
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