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Inés Sáinz
Inés Sáinz
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22 Diciembre 2009 04:16:52
Las palabras se las lleva el viento
A Hugo Sánchez siempre le pasa lo mismo, comienza bien en un equipo, pero luego evidencia que como director técnico, le falta

Que los hechos hablen; no las palabras. Hoy no quiero desaprovechar la oportunidad de hablar de lo que sucede con Hugo Sánchez. El domingo por la tarde después de perder contra el Espanyol conocimos la noticia de que el Pentapichichi se unía a las filas del desempleo, algo que después de los resultados no nos cayó de sorpresa, cuando se ganan solamente cuatro puntos de los últimos 24 disputados, salta a la vista que las cosas simplemente no van bien y lógicamente el cambio obligado es el del director técnico.

Pero me llama la atención cómo es que a Hugo Sánchez siempre le pasa lo mismo: cuando llega a un equipo, las cosas de inicio parecen salirle bastante bien, pero conforme pasa el tiempo los resultados siempre evidencian que hay algo en él como director técnico que no es consistente.

Pienso que esto es derivado de que su fórmula como entrenador necesita ser depurada, le falta ser un buen estratega y definir su esquema y su estilo. Así como jugador tenía su propio sello, como entrenador debería desarrollar algo similar y darle la misma importancia al estudio que a la motivación.

Le admiro su capacidad de auto venta, no me extrañaría verlo colocado pronto en algún equipo, pero creo que le falta crear estrategias a largo plazo, sus argumentos solamente le sirven como inicio, pero el repetir en vestidores una y otra vez su historia, sus glorias y su grandeza creo que cansa, aturde y aburre. Esto me atrevo a decirlo porque es el sentir de muchos de los jugadores que el en algún momento entrenó y con los que he platicado. Se le acaba la gasolina cuando se le exigen resultados palpables. Suelta el volante y se queda a la deriva, pierde el control del vestidor y con ello su autoridad.

Tampoco le ayuda su soberbia y su carácter, eso le funcionaba bien cuando era jugador, lo hizo destacar, no achicarse y conseguir lo que nunca antes un mexicano ni siquiera se atrevió a soñar. Pero para ser entrenador se necesitan otras cualidades; estar mucho más preparado, tener visión del juego pero desde afuera del campo, dejar que el protagonismo lo tengan los jugadores, sacar sus mejores cualidades, desarrollar su confianza, y lo más importante anteponer los intereses del club a los personales. Recuerdo que el día que ganó su primer partido con el Almería, comentó: Ya estoy listo para el Madrid. Quién en su sano juicio puede tener tal falta de respeto al club que le da la oportunidad, que confía en él; dejó claro que todo lo hacía pensando en su futuro, que estaba ahí porque no le había llegado nada mejor, se engrandecía a costa de menospreciar a quien le tendió la mano.

Todo en esta vida tiene un tiempo, un proceso en el que el trabajo más que las palabras debe hablar, y aunque algunos no lo crean las oportunidades se acaban y las posibilidades se limitan. Más vale ser discreto, objetivo y realista. Que el trabajo nos respalde, porque a las promesas y a las palabras se las lleva el viento.

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