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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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13 Julio 2019 04:04:00
Las redadas de Trump, el error de Marcelo y la primera ‘prueba’
Este fin de semana Donald Trump y su Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) comenzarán a ejecutar redadas masivas antinmigrantes en al menos 10 ciudades de Estados Unidos, algunas de ellas autoproclamadas como “santuarios para los migrantes”, con lo que miles de mexicanos que viven ilegalmente en territorio estadunidense podrían ser detenidos y deportados, además del peligro que enfrentan de ser violentados en sus derechos humanos y agredidos o separados de sus familias por la nueva ofensiva de Trump contra la migración ilegal.

El Gobierno de México, que hasta ahora solo ha ofrecido “información a los migrantes sobre sus derechos” a través de la red consular, promete defender a los connacionales que sean objeto de detenciones arbitrarias o violatorias de su dignidad y derechos ante la nueva ofensiva de Trump, y para ello, el canciller Marcelo Ebrard dice estar dispuesto a trasladarse a operar desde la Unión Americana, algo que volvería a poner a Ebrard en los reflectores y en el papel de “supercanciller”, en el que el titular de Relaciones Exteriores se ha instalado con la complacencia del Presidente y aprovechando la apatía, desinterés y desconocimiento de López Obrador sobre la política exterior.

El mismo Marcelo que hoy se multiplica y abarca áreas del gabinete que superan sus facultades constitucionales e invaden funciones de otros secretarios, como la de la migración, que le quitó a Olga Sánchez Cordero y Gobernación; la del cabildeo para la ratificación del T-MEC en Estados Unidos, donde junto con Jesús Seade, desplazaron a la secretaria de Economía, Graciela Márquez; y ahora hasta la de la promoción turística del país, donde ya instaló su Consejo de Diplomacia Turística, con el que busca recursos para sustituir al desaparecido ProMéxico y quitarle la promoción del país a Miguel Torruco, de Turismo.

En todas esas pistas se mueve el secretario de Relaciones Exteriores, quien, además, tendrá que presentar en 10 días, el próximo 25 de julio, un “examen” ante el Gobierno de Donald Trump para que desde la Casa Blanca evalúen y aprueben o modifiquen la endurecida política migratoria de México, a partir de los acuerdos que el mismo Ebrard aceptó y firmó el pasado 7 de junio en Washington, en donde prácticamente cedió la soberanía de la política migratoria de México, a cambio de que Trump no impusiera los aranceles de 10% a las importaciones mexicanas.

El día que Marcelo aceptó ser ‘tercer país seguro’

Y aunque parece que con tanta actividad e injerencia cada vez mayor en el gabinete y su papel como interlocutor directo con Estados Unidos y la administración Trump, Marcelo le hace un gran favor al país y al Presidente, en realidad Ebrard solo trata de enmendar y salir lo mejor librado posible de un grave error que él mismo cometió cuando, durante la transición de gobierno, sin tener aún el nombramiento oficial de secretario de Relaciones Exteriores ni haber sido ratificado por el Senado, le dijo “sí” a la pretensión de Estados Unidos de convertir a México en su “tercer país seguro” y destino para sus migrantes indocumentados o peticionarios de asilo.

Fue el 15 de noviembre de 2018, siendo apenas canciller designado por el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, cuando Marcelo Ebrard Casaubón aceptó reunirse con el secretario de Estado, Mike Pompeo, y la entonces secretaria del Homeland Security, Kirsjten Nielsen, en un hotel de Houston, Texas. Ahí, a puerta cerrada y con su inseparable amigo y operador, el empresario Javier López Casarín, Marcelo escuchó por primera vez la intención del gobierno de Trump de que México aceptara ser “tercer país seguro” y recibiera en su frontera a todos los migrantes ilegales que pretendieran llegar a Estados Unidos, mediante la instalación de 11 puntos de recepción de migrantes en igual número de ciudades de la frontera norte mexicana.

En ese encuentro, según confirman fuentes tanto de México como de EU, el futuro titular de Relaciones Exteriores aceptó implementar, gradualmente, la exigencia de la Casa Blanca para convertirnos en el país-depósito de la migración indeseada de los estadunidenses. Todavía no tomaba posesión el presidente López Obrador ni él era formalmente canciller, cuando ya Ebrard había cedido a los caprichos y exigencias de Trump, parte por su protagonismo y ambición y parte por su necesidad de legitimarse y ser aceptado por Washington como un interlocutor válido, luego de sus andanzas con los demócratas en la política estadunidense y su fervoroso y apasionado activismo en contra del candidato Trump en las campañas de 2016.

Cuentan que fue “tan fácil” para Pompeo y Nielsen que Ebrard aceptara el inicio de un acuerdo para hacer de México “tercer país seguro”, que cuando salió del hotel de Houston, el secretario de Estado de la Casa Blanca no podía creer que un “gobierno de izquierda” como el que estaba a punto de tomar el poder en México, hubiera cedido y entregado mucho más ante EU de lo que nunca les entregó ni la derecha del PAN ni el gobierno priista de Peña Nieto.

Aún incrédulo, Mike Pompeo llamó al todavía canciller en funciones, Luis Videgaray, para comunicarle lo que acababan de obtener del nuevo gobierno lopezobradorista, sin mayor esfuerzo y ante la condescendencia del futuro canciller: “Too good to be true”, le dijo el secretario de Estado a Videgaray.

Por eso fue que después, en febrero de 2016, cuando Olga Sánchez Cordero y Tonatiuh Guillén fueron a reunirse en Miami con Kirsjten Nielsen, se encontraron con la exigencia de que “el Gobierno de México tiene que cumplir el acuerdo que ustedes hicieron en noviembre” para aceptar instalar 11 puntos receptores de migrantes en la frontera con EU. Cuando la secretaria de Gobernación, que nunca fue enterada de los “compromisos de Marcelo”, negó tajantemente que el gobierno de López Obrador haya aceptado ese acuerdo, la señora Nielsen tuvo que darles detalles del encuentro de Houston, el 15 de noviembre de 2018, para que finalmente la delegación mexicana tuviera que ceder y aceptar abrir tres depósitos para recibir a los migrantes ilegales de Estados Unidos en Tijuana, Mexicali y Ciudad Juárez.

Y por eso, cuando México dejó de cumplir esos acuerdos, no hizo nada para sellar la frontera sur y evitar el paso de los migrantes centroamericanos y se negó a recibir más y a abrir nuevos puestos fronterizos, Donald Trump enfureció, corrió a Nielsen y amenazó a México con imponer aranceles a sus exportaciones. Y fue entonces que Marcelo tuvo que ir nuevamente a Washington, donde ya lo habían desairado varias veces por incumplir su palabra, y en una “supuesta negociación complicadísima”, simplemente tuvo que aceptar las órdenes y dictados de Washington para abrir dos nuevos puntos receptores de migrantes en San Luis Río Colorado y Nuevo Laredo (disfrazando la cesión con la aplicación de la Ley 245 de Estados Unidos, conocida como “Remain in México”), mandar la Guardia Nacional a la frontera sur y aplicar mano dura con el Ejército y las policías a los migrantes centroamericanos, a fin de retenerlos o deportarlos para evitar que siguieran cruzando la frontera estadunidense.

Luego, el canciller volvería y le mentiría al presidente López Obrador y a todo el país diciendo que “logramos el único acuerdo posible para evitar los aranceles y el caos en la economía”, cuando realmente solo fue a ratificar lo que él mismo había aceptado y cedido desde aquel 15 de noviembre de 2018. Y sería recibido como “héroe” por un ingenuo Presidente y una masa incondicional aquel 8 de junio en Tijuana, donde el primer gobierno de izquierda en la historia del país celebraba, con un mitin, que le había entregado a Estados Unidos la soberanía y la política migratoria y que convertirían a México en la policía migratoria y el anhelado “muro” de Trump en la frontera sur.

Y ahora en 10 días, el “supercanciller”, que al mismo tiempo que detiene a migrantes indocumentados en México, irá a defender a migrantes indocumentados en Estados Unidos, volverá a Washington a que lo evalúen a él y al país en sus “compromisos” para frenar la migración. ¿Qué más cederá esta vez, en nombre del país, Marcelo Ebrard en la ambición de avanzar en su proyecto político de futuro y de obtener el reconocimiento y la indulgencia de Washington?... Los dados mandan Doble Escalera. Semana de altibajos.
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