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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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30 Diciembre 2008 04:51:15
Las soluciones
Una cosa es discernir la realidad y asumirla como favorable o desfavorable; otra muy distinta es pensar en cambiarla y proceder a ello: Agosto Roo

I

A la interrogante –formulada por algunos caros leyentes— de que les gustaría que en éste espacio se les diga cómo hacer otro Estado mexicano, la respuesta antójase enigma.

Cierto. Es un enigma que si bien exhíbese indescifrable, también ofrece, por sí mismo, claves para decodificarlo y resolverlo. Las ciencias, además, contribuyen a la solución.

Sin duda. La historia, por ejemplo, así como la sociología, la antropología política, la psicología social y otras disciplinas --la filosofía incluida— son herramientas valiosas.

Esas herramientas permiten extrapolaciones, inferimientos válidos y metodologías para elaborar escenarios prospectivos posibles. La historia ya nos señaló ciertas soluciones.

Un componente central de esos escenarios prospectivos es el del parangón. Comparar las condiciones objetivas del antaño y el hogaño y, así, el enigma quedaría aclarado.

Ejemplo: las condiciones generales y particulares prevalecientes determinan tácticas y estrategias a seguir para lograr el propósito de cambiar un entorno desfavorable.

Hoy, las vertientes vanguardistas y progresistas del pueblo tienen un entorno general y particular distinto, dígase, al de hace 30 ó 40 años. Ello determina su rumbo.

II

Ninguna respuesta puede ser elaborada ni explicada en blanco y negro, pero tampoco puede ser enunciada ni mucho menos propuesta con eufemismos o metáforas o ambigüedades.

¿Por qué? Porque la muy grave situación que padece el Estado mexicano –es decir, el país entero: pueblo, territorio, soberanía y poder político— es de altísima peligrosidad.

Y esa peligrosidad se representa en la formalización de la pérdida de México en manos de otros Estados –el estadunidense y el español, sobre todo— y sus patrocinadores.

Éstos patrocinadores son, a su vez, los dueños del dinero en el mundo –el poder insoslayablemente real— y sus enseres y guisas consorciales trasnacionales.

Ello no implica desconocer otra realidad ni contradecir ésta: México, como país o como Estado, ya no es de los mexicanos; éstos viven bajo formas sofisticadas de opresión.

Ese aserto es verismo inequívoco. El poder político –uno de los cuatro elementos constitutivos del Estado— sirve al poder real local (mexicano) y al poder real trasnacional.

Ello ha socavado los otros elementos del Estado, en particular el territorial y el de la soberanía: el Congreso de la Unión dispuso ceder bloques de territorio a trasnacionales.

III

Mientras tanto, el elemento constitutivo mayor y principal del Estado, el pueblo de México, vive expoliado, aterrorizado y sumido en una catatonia perversamente inducida.

Esa catatonia –síndrome esquizofrénico con rigidez muscular y estupor mental, acompañada a veces de una gran excitación— es inducida por los medios de control social.

Esos medios son la religión organizada para fines de poder y negocios, el fútbol y el escapismo del contenido de la difusión masiva. La Morenita es México; el futbol, la patria.

Otros medios son, v. gr., el Ejército y los cuerpos coactivos y coercitivos del Estado, la intimidante tramitología burocrática, el sistema educativo obsoleto, etcétera.

Ante eso, el primer paso es decidir cuál vía tomar para lograr el objetivo central de “hacer” o crear un nuevo Estado, uno social, revolucionando todo. Hay muchas opciones.

Pero la principal, al modo de ver las cosas al través de los prismas de cierta filosofía muy vigente, es usar todas las opciones y vías disponibles. “Muchos Vietnams”, dijo El he.

Que el movimiento social tenga muchos rostros –ocultos o visibles, en la selva o en la urbe— y sea, a la vez, suma articulada de muchas insurgencias reivindicadoras.

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