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Luis Carlos Plata
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Luis Carlos Plata (Saltillo, 1984) es abogado (UAdeC), maestro (UPF, Barcelona) y candidato a doctor (URV, Tarragona), pero practica el periodismo desde hace 17 años, y su trabajo de investigación le ha merecido premios estatales e internacionales. Ha sido articulista de catorcenarios, revistas y periódicos del norte del país desde 2002, además de fungir como director editorial de medios de comunicación en Veracruz.

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06 Octubre 2019 04:07:00
Las temibles bolsas de plástico vs el saludable y ecológico fracking
Por enésima ocasión se impulsa el fracking en Coahuila. El pasado 2 y 3 de octubre, bajo el nombre Mesas Técnicas de Combustible, Gas y Electricidad, se desarrolló en Saltillo una reunión privada con cariz de pública y la intención de que una vez más el poder económico (afiliados al Consejo Coordinador Empresarial, Coparmex y Concanaco, en este caso) se imponga sobre el poder político.

Todo lo contrario a la doctrina que predica AMLO, por resumirlo de alguna manera, quien en reiteradas ocasiones ha dicho que no se permitirá. En escenarios diversos y ante distintos auditorios, situación que tal vez inhibe a posibles inversionistas, quienes ante la incertidumbre no arriesgan capital. Pero a un año de la cuarta transformación sigue sin prohibirse donde realmente importa: en el Poder Legislativo. Lo más irónico del asunto es que uno de sus representantes, el senador de Morena y presidente de la Comisión de Energía, Armando Guadiana, es el principal promotor, además del exgobernador del Estado, Rogelio Montemayor.

Como producto de lo anterior; el conjunto de participantes en el evento citado amenazó con presentar el próximo mes en el Senado una iniciativa de Ley para el Aprovechamiento de los Recursos No Convencionales de Hidrocarburos, la cual competiría contra otras seis iniciativas que han sido presentadas ya en el sentido contrario: a fin de expedir una Ley para Prohibir la Fractura Hidráulica. Y a ver quién puede más.

Pese a que la reforma energética permite desde diciembre de 2013 la fractura hidráulica, esta no ha avanzado en la medida que algunos quisieran. Se practica, sí, pero la fase de exploración no ha generado licencia social en Coahuila para continuar con las siguientes etapas. El interés en el negocio incluso llevó a que de 2014 a 2017, el Gobierno del Estado adoptase como eslogan, Un Estado con Energía, con el objetivo de implantar la idea. Pero nunca cuajó. Y hoy las circunstancias son muy distintas: ya no hay poderes alineados hacia el mismo rumbo, como sí sucedía en el sexenio de Peña Nieto y Rubén Moreira, respectivamente.

Sin embargo, se viven tiempos extraños. Por un lado una positiva cruzada para erradicar los plásticos de un solo uso, como las bolsas desechables y popotes, y por el otro se impulsa una de las más peligrosas prácticas para cualquier ecosistema. Un atentando contra la naturaleza.

En sentido contrario al concierto mundial. Justo cuando la ONU acaba de alertar en septiembre que los niveles de los mares van en ascenso a consecuencia del deshielo en ambos polos, y el fenómeno es irreversible (El País, 26/09/19). Cuando por separado fijó en 80 años un tentativo plazo para que ciudades importantes como Nueva York o Londres resientan los efectos del calentamiento global en su territorio (ABC, 22/05/19). Se inunden, pues. Y cuando julio de 2019 ha sido el mes más caluroso del que se tenga registro (La Vanguardia, 01/09/19). Y no se trata de teorías de la conspiración y el Apocalipsis. Hay evidencia suficiente.

Por qué auspiciar entonces el fracking, si este genera gases de efecto invernadero, contamina los mantos freáticos y ocasiona estrés hídrico. Particularmente en una zona semidesértica ya depredada por la minería del carbón, cuyas reservas acuíferas están condicionadas por la cervecería de Nava, y cuyas aguas tratadas de Ciudad Acuña y Piedras Negras ya están comprometidas a la CFE, también en Nava.

No obstante, Guadiana y Montemayor se juegan la última carta. Acaso para enviar un mensaje y demostrar que –parafraseando a Benedetti– “Codo a codo son mucho más que dos”. Pero en realidad solo son dos. Y pertenecen a una generación que, a diferencia de millennials y centennials, no se preocupa ni ocupa del medio ambiente. Guadiana (73 años) y Montemayor (72 años), ambos expriistas la mayor parte de su vida y con intereses económicos en la Región Carbonífera, suman 145 años de vivir en un contexto de actividades extractivas bajo el pretexto de que las condiciones naturales del territorio provocan que no existan otras alternativas económicas.

El argumento compartido por ambos se basa en un cuento: la técnica ha evolucionado a tal grado que ahora, en 2019, es menos contaminante que hace una década, por ejemplo. Si es visible cómo avanza la tecnología en otros campos, quién podría refutarles algo.

Lo cual es falso. ¿Dónde están esos estudios? ¿Cuáles son las pruebas que soportan sus afirmaciones? No pueden mostrarlas, ni podrían hacerlo en lo sucesivo –suponiendo sin conceder que sí existiesen– ya que a su favor usan la coartada del secreto comercial. Aduciendo se trata de fórmulas protegidas del plagio y la competencia desleal, la información acerca de los químicos que se adicionan al agua que se inyecta posteriormente al subsuelo es reservada por cada compañía industrial.

Por el contrario, la organización no gubernamental Food & Water Watch con sede en Washington y oficinas en 11 estados del país vecino, realizó un estudio en junio del presente año donde concluye que, a 10 años de haber iniciado el boom del fracking en Estados Unidos, innumerables familias de comunidades han asumido el costo de la industria en su mala salud y el desplazamiento territorial al que se han visto forzadas. Hace unos días, ya en octubre, en el más actual de sus documentos de trabajo publicados, expone que a la fecha no existen opciones para el manejo y tratamiento seguro de aguas residuales del fracking, así que la única manera de impedir que sustancias tóxicas (sales, metales) y radiactivas potencialmente cancerígenas (como el Radio-226, encontrado en estudios de laboratorio) afecten a los humanos, es prohibiéndolo.

Luego están los sobados tópicos de siempre: reactivación de la economía estatal, creación de fuentes de empleo, aprovechamiento de los recursos naturales de la entidad.

Sin embargo proyectos extractivos recientes, como el Terciario del Golfo en Chicontepec, Veracruz, no han dejado a su población originaria ninguno de los hipotéticos beneficios arriba mencionados, pese a que la inversión del estado mexicano fue mayúscula. No se generó riqueza. La bonanza económica nunca llegó. Los pobres siguieron siendo pobres. Los desempleados y subempleados volvieron al desempleo y el subempleo. Por si fuera poco no se remediaron los suelos una vez el proyecto se apagó y dejaron de fluir los recursos públicos para financiarlo.

Cortita y al pie

En la Agenda Legislativa propuesta al inicio de la Legislatura por Ricardo Monreal, presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, prohibir la fractura hidráulica ocupaba la undécima posición en orden de importancia, por detrás de otros temas que ya han sido resueltos. Cabe señalar que Monreal presentó en abril de 2014, entonces como diputado representante de Movimiento Ciudadano, una iniciativa para prohibir la práctica. Si ahora Morena tiene mayoría en ambas cámaras, ¿por qué no consumar ya el tema?

Disonancia cognitiva, se le llama. Cuando no coinciden el decir y el hacer. Cuando los hechos no significan lo que las palabras expresan.

La última y nos vamos

Se viven tiempos extraños. Si usted pide una bolsa en el supermercado, o un popote para su bebida en un restaurante, es un cerdo contaminante; el agente más nocivo para el medio ambiente. En cambio otros, como Montemayor y Guadiana, promueven un ecocidio sin precedentes y andan por ahí, ocupando espacios públicos y amalgamando intereses privados. No hay congruencia. Pero tampoco vergüenza.

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