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Juan Latapí
Juan Latapí
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02 Febrero 2020 03:10:00
Las utilidades son primero
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Al inicio de la novela “El Padrino” aparece la cita “Detrás de cada gran fortuna hay un crimen”, haciendo clara referencia a la manera como operan las mafias donde el fin justifica los medios. Y no sólo las mafias, también grandes acaudalados y sus empresas no se tientan el corazón en su afán por acumular y aumentar sus grandes fortunas sin importarles tener que sacrificar a quien sea con tal de lograr su fin. Tal es el caso de las empresas dedicadas a la producción de bebidas y comida chatarra, que a toda costa luchan por conservar sus privilegios y utilidades sin importarles la salud de los consumidores.

A estos empresarios no les importa que en México, desde 2016, se hayan declarado como emergencia epidemiológica la diabetes y la obesidad ocasionadas principalmente por el alto consumo de alimentos y bebidas ultraprocesados con contenidos excesivos como los azúcares, las grasas y la sal, con muy altos contenidos energéticos y sin valor nutricional. La epidemia por la obesidad en México -según estimaciones de la OCDE- está ocasionando una pérdida del 5 por ciento del PIB y reduciendo 4 años la esperanza de vida. Sin embargo, las empresas de alimentos chatarra -la mayoría trasnacionales- tienen como prioridad aumentar sus utilidades sin importarles que ello afecte la salud de la población.

Desde hace ya varios años en México se ha intentado orientar a los consumidores sobre los contenidos de lo que bebemos y comemos y, hace 10 días, cuando se aprobó modificar la Ley de Salud -en su Norma Oficial Mexicana (NOM) 051- para cambiar el etiquetado de advertencia de alimentos y bebidas, de inmediato estos empresarios fabricantes de “alimentos” chatarra pusieron el grito en el cielo para evitar dicho cambio. Con múltiples pretextos -básicamente verdades a medias- manifestaron su oposición al nuevo etiquetado que es mucho más sencillo y fácil de comprender que el anterior.

La oposición de esta industria contra las regulaciones que afectan sus intereses se evidenció en México desde 2009 cuando públicamente se opuso a la regulación de alimentos y bebidas en las escuelas a pesar de que diferentes estudios demostraban que la ingesta de calorías al interior de los planteles escolares era un factor en el desarrollo del sobrepeso y la obesidad entre los niños.

Frente a la actual modificación del etiquetado, las empresas de alimentos y bebidas chatarra iniciaron una campaña en la que afirman que no se les tomó en cuenta y no pudieron opinar ni expresar su desacuerdo. Sin embargo, el grupo de trabajo para la modificación sobre el etiquetado de alimentos y bebidas -que inició en agosto de 2019- contó con la participación de todos los sectores y, en especial, con una amplia representación de la industria que nunca fue limitada. En los registros de asistencia se puede apreciar que más del 60 por ciento de los asistentes fueron miembros de este sector.

También, en los trabajos para la modificación del etiquetado, se lograron consensuar más del 98 por ciento de los acuerdos entre todos los sectores, por lo que las protestas presentadas por los dirigentes de las asociaciones empresariales de que no fueron escuchados fue desmentida por los propios representantes del sector empresarial en el grupo de trabajo.

Existe una abundante evidencia científica para soportar los diversos aspectos de la modificación de la norma que fue entregada en cada una de las sesiones por parte de expertos académicos de la UNAM, el IPN y la Unicef, entre otros. Por su parte, las investigaciones entregadas por la industria, se demostró que eran trabajos financiados por las mismas empresas.

La oposición a este nuevo etiquetado es el inicio de la resistencia de estas empresas en su afán de no perder sus privilegios -muchas veces en contubernio con autoridades- para seguir incrementando sus utilidades sin importarles el daño que ocasionan en la salud de los consumidores. A final de cuentas cada quien puede consumir lo que quiera y pueda, sin embargo, con el nuevo etiquetado al menos sabremos qué estamos comiendo y bebiendo; hacerlo o no es decisión de cada quien, a pesar de la voracidad de la industria chatarrera.

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