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Ricardo Alemán
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04 Junio 2019 04:00:00
¡Lección y elección: pierde Morena y gana el hastío!
Resultó demoledora la primera lección del proceso electoral del pasado domingo; ganaron el desencanto y el hastío.

Es decir, nadie puede cantar victoria en un proceso electoral repudiado por 7 de cada 10 electores. O, si se quiere, nadie puede hablar de legitimidad con el voto de dos o tres electores, de cada 10 potenciales votantes.

Y es que, en general, en las elecciones para renovar los gobiernos de Puebla y Baja California –además de otros procesos locales–, el signo distintivo fue el desdén de los ciudadanos; el abstencionismo. En realidad sólo salieron a votar los electores del llamado voto duro de cada partido.

Pero existe una segunda lección; que en Puebla, por ejemplo, perdió el partido de presidente Obrador, Morena, a pesar de que por todas las vías operó todo el peso del Estado y todo el voluntarismo presidencial para ganar.

Más aún, en todo el paquete de elecciones del domingo pasado –pero sobre todo en Puebla y Baja California–, fue notoria la caída de votos de Morena; partido que en toda la jornada perdió casi dos millones de sufragios.

En Puebla, por ejemplo, Morena perdió frente al PAN, por alrededor de 24 mil votos. Por el PAN votaron 414 mil 356 electores y por Morena sólo 390 mil 805. ¿Entonces, por qué ganó Barbosa? Porque los votos ganadores salieron de sus aliados del PVEM y del PT

Aún así –en Puebla y Baja California–, la verdadera victoria fue del abstencionismo, del hastío y el desdén de muchos votantes que perdieron la confianza en los procesos electorales, lo que habla de una sociedad que pierde interés por la democracia participativa.

Por eso, no pocos analistas señalan que en la contienda de ayer domingo todos perdieron; perdió la democracia, los partidos y los ciudadanos.

Pero en una derrota en la que todos pierden, algunos retroceden más que otros. Y es el caso del PAN y el presidente Obrador.

En el primero, el partido azul, dejó escapar dos bastiones clave; una reserva de votos, como Puebla, y un emblema histórico, como Baja California.

Y, por eso, aparecen las primeras preguntas.

¿Qué significa la derrota del PAN en dos bastiones históricos, como Puebla y Baja California?

El mensaje es claro. En Puebla, como saben, una tragedia destruyó el principal centro de poder del PAN; la exgobernadora Martha Érika Alonso y su esposo, el senador Rafael Moreno Valle. A la muerte de ambos, Acción Nacional quedó en la orfandad lo que alejó a los electores de las urnas.

Y es que, además, desde el Gobierno federal se mandó el mensaje a los poblanos de que los accidentes quitan del camino a los adversarios; mensaje que fue entendido como parte de la elección de Estado.

No fue todo; en Puebla también gravitó el peso aplastante de la persecución contra operadores del PRI, como el llamado “góber precioso”, quien fue desactivado mediante la reedición de una persecución que la Suprema Corte ya había resuelto; el caso de Lidia Cacho.

Así, Miguel Barbosa se alzó con una victoria pírrica que le dieron sólo de 2 de cada 10 votantes. Por eso obliga de nuevo la pregunta.

¿Qué legitimidad puede tener un gobierno por el que no votaron 7 de cada 10, como el de Puebla, además de que el nuevo mandatario estatal está visiblemente enfermo y muestra serios problemas de alteración emocional?

En el caso de Baja California, la victoria del candidato de Morena y la derrota de los opositores tiene que ver no sólo con la potente elección de Estado, que se empujó desde el centro, sino con errores del gobierno saliente.

Y es que en la victoria de Morena también resultó fundamental el mal desempeño del panista “Quico Vega”; quien fracasó en el gobierno y en la construcción del relevo generacional, además de que fue pillado en reiterados escándalos de corrupción.

Está claro que el partido azul no se repone de las derrotas de 2012 y 2018 y que siguen fracasando las alianzas con el PRD y MC.

Y es que a despecho de lo que dicen sus dirigentes, el PRD no ofrece incentivos para estimular el voto y sigue perdiendo seguidores, al extremo de que en el Congreso federal batalla para mantener grupos parlamentarios.

Y el PRI, de mal en peor; coqueteando con la extinción.

¿Quién morirá primero, los partidos o la democracia?

Al tiempo.
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