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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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07 Febrero 2020 04:01:00
Leyes: nuevos horizontes
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En los gobiernos y en las universidades públicas existen momentos que se desaprovechan y cuya factura pasa el tiempo. La sucesión de 2005 se resolvió por el peor de los candidatos: Humberto Moreira. Dentro del PRI había aspirantes con mayores méritos, trayectoria y experiencia administrativa (Alejandro Gutiérrez, Jesús María Ramón, Javier Guerrero y Raúl Sifuentes). El candidato del PAN, Jorge Zermeño, era muy superior; de haber ganado, Coahuila no cargaría hoy con la megadeuda y otras herencias del moreirato, pero la irreflexión y las malas artes se impusieron.

En 1984, la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC) perdió la oportunidad de tener un rector de altura: Armando Fuentes Aguirre. Formado en la institución, el periodista y escritor hizo tándem con Felipe Sánchez de la Fuente como secretario general, dirigió el Ateneo Fuente y fundó la Escuela de Ciencias de la Comunicación. Igual que el estado con los Moreira, la UAdeC pagó caro el error de una mala elección. El proceso salió de control y los siguientes años estuvieron marcados por el caos; el porrismo se exacerbó. En el gobierno de Eliseo Mendoza Berrueto, Remigio Valdés Gámez despolitizó a la UAdeC y la reencauzó hacia la docencia y la investigación. La misma ruta siguió Alejandro Dávila. Después se abandonó.

La Facultad de Jurisprudencia de la UAdeC estará pronto en una de esas coyunturas. La elección de su próximo director le puede permitir sacudirse cacicazgos, apagar la hoguera donde arden las vanidades de quienes hasta hace poco estuvieron al frente de la institución, erradicar vicios y privilegios y elevar el nivel de la enseñanza. El ejemplo de su fundador (como Escuela de Leyes) y director durante casi un cuarto de siglo, Francisco García Cárdenas, debe servir de inspiración a quien ocupe el cargo y, por extensión, a sus maestros y alumnos.

El «Diccionario Biográfico de Coahuila 1550-2005» refleja la talla de García Cárdenas y al mismo tiempo es un recordatorio de que la gloria no la brinda la acumulación de títulos, honores, cargos y trabajos -menos cuando mañosamente se ocultan datos de militancias partidistas y trabajos sucios en gobiernos indecentes-, útiles para el pavoneo y para atrapar a incautos y vestir toga, sino la calidad de las personas. El catálogo dice de García Cárdenas: «Hombre sencillo (…) no le agradaban los homenajes ni las preseas. Durante mucho tiempo destinó su sueldo a ayudar a los estudiantes de bajos recursos económicos».

Algunos toman la Dirección de Jurisprudencia como una sinecura e incluso como botín y plataforma política. En los procesos eleccionarios, emplean las peores prácticas de los partidos: compra y coacción del voto, financiamiento irregular, rasuramiento del padrón, falsificación de documentos, golpes bajos, pactos de impunidad. Así se prepara para el derecho, la libertad y la democracia. Como observador lejano, veo que el mejor perfil para ocupar el cargo es Raúl Felipe Garza Serna (aclaración de interés: soy su amigo). Su independencia, lealtad, honradez, trayectoria en el servicio público y compromiso con la facultad son su mejor aval. Jurisprudencia no debe tirar por la borda la oportunidad de romper círculos viciosos y abrirse a nuevos horizontes.

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