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Carmen Aristegui
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Carmen Aristegui Flores. Periodista y conductora de programas de radio y televisión de amplia experiencia y reconocimiento en México.

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05 Enero 2019 03:57:00
¿Liberales vs. conservadores?
Reforma publicó que diciembre cerró con 887 ejecuciones en el país, 65% más respecto al último mes del sexenio de Peña Nieto, que registró 537 homicidios. El presidente López Obrador desestimó el dato y dijo que se trataba de “una volada”, y que “...así actúa el conservadurismo”, aludiendo al perfil que endilgó ya a este diario.

Alfonso Durazo salió a aclarar el dato y dijo que: “...cualquier gobierno podría tomar ventaja de la información equivocada de Reforma, puesto que está por debajo de la cifra real de homicidios dolosos que se cometen en el país”. Hizo un comparativo y discutió diferencias metodológicas entre las dos mediciones. El caso es que la cifra oficial es de mil 786 homicidios, más que lo reportado por el diario.

Se explicó el mecanismo con el que se están midiendo los índices delictivos relacionados principalmente con los homicidios, robos y robo de combustibles y se afirmó que la actividad delictiva, en su conjunto, va a la baja en las primeras semanas del actual sexenio.

Más allá del debate sobre las metodologías, el tema principal es que –con un dato o con el otro– los diversos indicadores nos muestran el tamaño de la crisis por la que atraviesa México. El propio Presidente, en algún momento de la conferencia, se refirió a estimaciones generales más amplias: “...en promedio se cometen 2 mil homicidios al mes. Al año entre 22 y 26 mil homicidios. Esto ha llevado a que desde la época de Calderón ...han perdido la vida 240 mil mexicanos”.

Es obvio que el tema de la seguridad y la urgencia por disminuir esta espiral endemoniada de violencia es el asunto de más alta prioridad. No hay duda que el Gobierno ya decidió la estrategia en términos instrumentales. Decidió rescatar la figura de la Guardia Nacional para configurar un nuevo modelo, polémico sin duda, que permita combatir a las organizaciones delictivas y abatir los atroces índices de la delincuencia.

La apuesta, se ha dicho, incluye la activación de la inteligencia hacendaria para combatir las cadenas delictivas desde los ámbitos financieros y combatir no sólo a los traficantes y operadores de piso, sino a los delincuentes de cuello blanco. Esto último cobra especial relevancia en un país que ha privilegiado la militarización con políticas de adquisiciones millonarias de armamentos, vehículos y sistemas de espionaje.

Si se da un paso cualitativo para combatir el crimen desde los circuitos financieros de manera eficaz y rápida, sí o sí, las cosas habrán cambiado. Negocios millonarios que lavan dinero criminal, robo de combustible en proporciones obscenas y todo tipo de delitos que han estado asociados, históricamente, a la colusión gubernamental son los ejes principales en los que debe estar montada una nueva estrategia. ¿Hay prisa para ello? Sí, obvio. Prisa, a la manera –si se quiere– de la frase histórica, atribuida entre otros a Napoleón, del “vísteme despacio...”, que nos indica que se requiere hacer las cosas con cuidado para hacerlas bien y no cometer errores que, a la larga, retrasen más aquello que resulta urgente de resolver.

Lo de la Guardia Nacional es el ejemplo más claro de la tensión que genera la innegable y entendible prisa del Gobierno de López Obrador –que ya decidió la vía, aunque también se comprometió a someterla a consulta el 21 de marzo– con los procedimientos básicos que permitan un debate público y un trabajo legislativo con el que se determine si es el mejor camino para pacificar a México y, de ser el caso, se reglamente esa figura que quedó olvidada en dos artículos de la Constitución: el 35 que contempla a la GN como un derecho de los ciudadanos y el 36 como obligación.

Benito Juárez recurrió a la Guardia Nacional –figura legal pero que no contaba, como ahora, con una ley orgánica que le diera estructura y orden– para combatir en la Guerra de Reforma, vencer a los conservadores y consolidar el proyecto liberal que le dio rostro a México.

De manera recurrente el presidente López Obrador hace alusiones con las que pretende instalar un clima de confrontación que evoque a aquella época. Un duelo entre liberales y conservadores. Un duelo entre Benito Juárez y Maximiliano. ¿Realmente es eso lo que se juega hoy en México o estamos hablando de corrupción, muerte y crimen organizado?
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