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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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17 Octubre 2019 04:04:00
Libros contra el olvido
El Consejo Editorial del Estado, dirigido por Javier Fuentes de la Peña, se ha echado a cuestas la plausible tarea de recuperar textos de escritores coahuilenses cuyos libros son hoy inconseguibles. En esta colección han aparecido obras de Julio Torri, Rafael del Río, Felipe Sánchez de la Fuente y José García Rodríguez, todos ellos imprescindibles a la hora de hablar de la historia de la cultura en Coahuila.

El más reciente rescate es precisamente la primera novela de García Rodríguez, Alma Rústica, publicada póstumamente en 1951 –el autor había muerto tres años antes– por la editorial Stylos de la Ciudad de México. La novela conoció una segunda edición en 1983, en las Obras Completas de la Biblioteca de la Universidad Autónoma de Coahuila, publicadas durante el rectorado del licenciado Óscar Villegas Rico. Ambas ediciones, no es necesario decirlo, están agotadas desde hace muchos años.

Don José García Rodríguez (1872-1948) fue durante décadas un referente imprescindible de la cultura en el estado. Poeta con resonancias othonianas, escribió sabrosos relatos y cuentos, obras de teatro y novelas con trasfondo histórico, como Las Tres Hermanas y Mira lo Que Pasó en la Feria de Saltillo. Profesor desde los 21 años hasta su muerte, por largo tiempo hubo una suerte de simbiosis de su persona y el Ateneo Fuente, del cual fue director en tres ocasiones. A su muerte, uno de sus discípulos, Federico González Náñez, escribió un sentido texto titulado El Aula Vacía.

Mucho se ha escrito sobre la nunca fácil relación de la novela y la historia, y en Alma Rústica es perceptible el vínculo, pues, aunque se trata de una obra de ficción, hay en ella minuciosas descripciones que nos permiten asomarnos a la vida cotidiana en una hacienda coahuilense de hace más de un siglo. Las faenas agrícolas, que bien conoció el autor, pues fue propietario poco afortunado de tierras en el valle de Derramadero, resultan de una precisión admirable, como lo es también la de la casa grande de la hacienda, su disposición y mobiliario.

A través de las páginas de esta novela, vertebrada en una historia de amor, es posible adentrarse en usos y costumbres de nuestros antepasados de la zona rural, su modo de hablar y las relaciones de los hacendados con peones y medieros, así llamados quienes trabajaban tierras de la hacienda y eran refaccionados por el hacendado, con la obligación de entregarle la mitad de la cosecha.

Sin los horrores del México Bárbaro de John Kenneth Turner, García Rodríguez ofrece atisbos de la miseria padecida por algunos campesinos, las duras faenas que debían cumplir y sus esporádicas ocasiones de celebración: bodas, bailes y las infaltables pastorelas.

Escrita en 1902, cuando el autor tenía 30 años, Alma Rústica es, además de su valor literario, un documento en extremo interesante para quienes gusten, así sea por nostalgia, saber cómo vivían campesinos y agricultores antes de que la modernización industrial irrumpiera en la historia de México.

Es de hacerse notar que al describir paisajes y fenómenos naturales, el novelista mojaba su pluma en el tintero del poeta, como puede percibirse en el siguiente párrafo:
“La lluvia, más débil cada vez, iba cediendo: Los truenos resonaban distantes y se oía por todas partes el rumoroso correr del agua. De pronto, los rayos del sol iluminaron el espacio intensamente azul e hicieron brillar las hojas de los árboles que parecían de un verde más jugoso y nuevo”.
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