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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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27 Junio 2019 04:04:00
Lluvia de renuncias
A poco más de tres meses de tomar posesión del cargo, Abraham Nuncio Limón renunció a la Dirección de la Biblioteca Vasconcelos. Una renuncia más en esta tormentosa temporada de dimisiones. Fue una mala experiencia para el catedrático e investigador de la Universidad Autónoma de Nuevo León, quien llegó a la biblioteca con decenas de planes en la cabeza y se topó con un movimiento de empleados y trabajadores que desembocó en el cierre del recinto. Todo por obra y gracia del programa de austeridad de la cuarta transformación.

El problema empezó a incubarse incluso antes de su nombramiento con el despido del promotor de lectura Daniel Goldin, el cual provocó una fuerte reacción en los círculos culturales. Artistas e intelectuales calificaron de injusta la salida de Goldin, por el gran papel de promotor cultural que realizó cuando estuvo en la Vasconcelos. Debido a ello, el arribo de Nuncio Limón se dio en una atmósfera enrarecida anunciadora del posterior conflicto.

Con hondas raíces coahuilenses –es de los Nuncio de Arteaga–, Abraham vino a Saltillo a cursar la carrera en la entonces Escuela de Leyes de la Universidad de Coahuila. Inquieto, congruente con sus ideas de izquierda, demostró siempre un activismo social que lo llevó a encabezar en 1968, junto con otros saltillenses, un movimiento estudiantil local, réplica del de la Ciudad de México. Lo detuvieron y fue recluido en la Sexta Zona Militar. Enemigo de dramatizar, al salir del cuartel que le sirvió de prisión habló del trato respetuoso del que fue objeto por parte de los militares.

Se avecindó en Monterrey, donde se ha convertido en un destacado miembro de la intelectualidad regiomontana, y a donde regresará a su cubículo y a los estudios sociales que le apasionan. Su salida de la Vasconcelos es un signo ominoso más en el horizonte cultural de México y ejemplo de los perjudiciales recortes realizados sin ton y son a los presupuestos de las instancias dedicadas a la promoción del arte, la literatura y el desarrollo de la ciencia. Como se sabe, el machetazo tocó ya al Instituto Mexicano de la Radio, que perdió una de sus voces más inteligentes, la de Ricardo Raphael.



Viejas nuevas lecciones

El interés de los políticos actuales por las encuestas que real o supuestamente miden su popularidad, se les ha vuelto manía. Leyendo Mendizábal, novela de la tercera serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, se encuentra un párrafo que se diría cortado a la medida para quienes tanto se preocupan por su popularidad. Pérez Galdós escribe esto a propósito de Juan Mendizábal, fugaz hombre fuerte de España en 1835, pero podría resultar ilustrativo a muchos hombres públicos que hoy se mueven en el escenario nacional:

“El motivo de estas pequeñeces es que el grande hombre considera la popularidad como el principal fundamento de su fuerza, y le saca de quicio todo lo que puede mermar o poner en peligro ese fantástico y vano poder. ¡Qué error! Fíjate en esto para que vayas aprendiendo. La fuerza la da el buen gobernar, el cumplimiento de lo que se ha ofrecido, la energía, la rectitud; de todo esto sale al fin el aura popular. Pero pretender el calor de la opinión cuando no se hace nada, o se hacen las cosas a medias, es grande ceguedad... La confianza en un prestigio ilusorio perderá a este buen señor, que podría indudablemente regenerar el país si se cuidara menos de aspirar el incienso que le echan sus aduladores y paniaguados”.
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