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02 Febrero 2020 04:00:00
Lo que te choca, te checa
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Por: Guillermo Barquet

¡Ay! ¡Qué difícil frase! ¿Cómo es posible que lo que me molesta de las demás personas sea un claro ejemplo de mis vivencias y mortificaciones? Resulta que sí. Cada paciente que llega a consulta con problemas de pareja o problemas de los hijos, con casi todos llegamos a la misma conclusión: si eso tanto te molesta, ¿De dónde vendrá la molestia? Tus vivencias pasadas son clave para entender tus maneras presentes. «quiero ser feliz aquí y ahorita» me pide el paciente. Y un entendimiento rápido viene de: sentir cada momento sin la necesidad de estarme preocupando por lo que ya me pasó o lo que ya vi.

Me explico: si seguimos midiendo con la vara del pasado nuestro presente, habrá comparativas dramáticas de lo que se sintió en tal o cual situación y lo que se está viviendo en la actualidad. Imagínate, no podemos ser felices por seguir reviviendo situaciones de nuestro pasado.

Un ejemplo clarísimo son los hijos. Pon atención: si tienes más de uno, fíjate en ese que te saca canas verdes y con el que más discutes, ese con el cual chocas tanto, es el que más debe parecerse a ti. Esos choques son meras proyecciones de nosotros mismos. Una especialista española dice que en muchos actos de los niño, vemos reflejados como padres nuestros problemas, y entonces queremos evitarles el dolor que nosotros sentimos cuando nosotros fallamos. Muchos comportamientos de los hijos son heredados de forma inconsciente. Durante la infancia los niños observan la manera de proceder de los padres ante diversas circunstancias y ahí es donde adoptan maneras de hablar, reaccionar y comportarse. Incluso el carácter de los padres suele ser determinante en el desarrollo de los pequeños. (Métete a mi Facebook y busca el escrito “los niños ven el mundo a través de nuestros ojos¨).

Pero, ¿Y la pareja? Cada cosa que nuestra pareja dice o hace que nos toca la punta del nervio del dedo chiquito del pie izquierdo, sintiendo esos nervios y enojo que corren por nuestra espina, eso precisamente es un problema no resuelto de nuestra infancia. No es sencillo encontrarlo, y no quiero que nos metamos a un psicoanálisis de mortificaciones personales. Más bien es enfocarnos en el detalle... Tengo un paciente joven con una esposa maravillosa, la cual lo saca de quicio. Polos opuestos. Él ordenado y ella despreocupada. Él con sus apuros y su ugencia de llegar a tiempo, ella tranquila y pausada. En muchos aspectos de la vida, como agua y aceite. Después de hablar con él varias veces, le pregunté: ¿Por qué te causa tanto impacto el desorden? “¡Me vuelve loco!” Espetó. “Por esoooooo” le decía yo, “No quiero que pienses en la consecuencia sino en la razón”. Después de pensarlo detenidamente el contestó con voz baja: “envidio tanto su manera de ser”. Me quedé pasmado y en silencio lo dejé continuar: “quisiera que realmente el mundo me valiera como le vale a ella. Quiero sentir esa tranquilidad y quitarme la urgencia de que todo esté en su lugar o de llegar 10 minutos antes a mi destino. Parece que lo que me causaba rabia, ahora viéndolo con otros ojos, es admiración”. Y no tienes idea de la cantidad de pleitos que hubo entre ellos antes de que él llegara a estas conclusiones. Cada cosa que él le gritaba era un reflejo de su propio dolor y su frustración. Él estaba enojado con el mundo, con SU mundo, y ella, su mujer amada se encontraba en medio. Y pues obvio, ella la llevaba...

Te invito a que cuando sientas que vas a levantar la voz o comiences una discusión o un regaño hacia uno de tus seres queridos respira y date una pausa, piensa ¿porque carajos me estoy enojando? ¿Vale la pena la consecuencia de esta discusión? Si yo soy el que se enoja, entonces estoy seguro que algo que me está chocando me está checando...

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