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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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04 Octubre 2019 04:06:00
Los anarquistas
“La pasión por la destrucción es alegría creadora”.
Mijaíl Bakunin

El presidente Andrés Manuel López Obrador y la jefa del Gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum, han afirmado -no sé si en serio- que los vándalos que han hecho destrozos en las manifestaciones recientes en la Ciudad de México son conservadores. Ellos, sin embargo, se autodenominan anarquistas; su objetivo último, el cual piensan justifica cualquier medio, incluso la violencia, es destruir el Estado.

El pensador francés de mediados del siglo 19 Pierre-Joseph Proudhon ha sido considerado tradicionalmente “el padre del anarquismo”. El ruso Mijaíl Bakunin encabezó después un movimiento que fue conocido como anarcosindicalismo, el cual descartaba la idea de Karl Marx de que para abolir el Estado había que pasar primero por una dictadura del proletariado. Peter Kropotkin impulsó el anarcocomunismo, mientras que Emma Goldman y Errico Malatesta defendieron el uso de la violencia para lograr la desaparición del Estado.

Los anarquistas han recurrido con frecuencia a la violencia. Dos bombas lanzadas por anarquistas mataron a 20 y dejaron decenas de lesionados en el Liceu de Barcelona en 1893. La emperatriz Isabel de Austria, el rey Humberto I de Italia y el presidente William McKinley fueron asesinados por anarquistas en 1898, 1900 y 1901, respectivamente. En 1920 un grupo anarquista detonó una bomba en Wall Street y mató a 38.

El presidente López Obrador ha deslindado a los actuales anarquistas mexicanos de los actos de violencia en manifestaciones con el peculiar argumento de que Ricardo Flores Magón era anarquista y “un hombre con ideales y principios [que] casi se quedó ciego de tanto leer”. Pero aunque Flores Magón tuvo contacto en Los Ángeles con grupos anarcosindicalistas, su Partido Liberal Mexicano no impulsaba la desaparición del Estado, sino más bien la adopción de políticas públicas, como el salario mínimo, la educación primaria obligatoria y la limitación de la jornada laboral, que requieren de un Estado fuerte e interventor.

Se acerca más a un verdadero anarquismo la filosofía del estadunidense Murray Rothbard, discípulo del economista austriaco Ludwig von Mises, quien sostenía en la segunda mitad del siglo 20 que las personas y las empresas privadas pueden proporcionar todos los servicios que la sociedad necesita, incluso la educación y la salud. Rothbard consideraba que “los impuestos son un robo, simple y llanamente”, y que la sociedad puede organizarse sin Gobierno. Este anarcocapitalismo, sin embargo, nunca ha promovido medios violentos para acabar con el Estado.

Los anarquistas que están realizando actos vandálicos son más afines al anarcosindicalismo de Bakunin que al anarcocapitalismo de Rothbard. Quieren eliminar el Gobierno, pero rechazan también la economía de mercado. Para ellos no hay mucha diferencia entre un gobierno de Peña Nieto o uno de López Obrador.

A estos grupos no se les puede amedrentar acusándolos con sus madres, padres o abuelos. Su actitud es, de hecho, reflejo de una rebelión contra la autoridad paterna o materna. Poco les importa, por otra parte, que el Presidente los amenace con un zape. Para ellos la violencia es un vehículo natural para construir una sociedad mejor.

Hemos corrido con suerte hasta el momento porque estos actos vandálicos no han provocado muertes. La historia nos dice, sin embargo, que quien cree que la violencia es la partera de una utopía religiosa o política, tarde o temprano recurrirá al homicidio o al terrorismo.


¿Criminal?

Dice Yeidckol Polevnsky que su condonación de impuestos por 16.4 millones de pesos fue producto de un error del contador. Un error así, sin embargo, la habría convertido a ella y al contador en miembros del crimen organizado según la nueva ley fiscal aprobada por el Senado que están considerando los diputados.
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