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José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
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Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

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26 Julio 2010 03:00:55
Los ángeles rebeldes
En el Evangelio de San Juan (8, 44), Jesús dice: “El Diablo ha sido homicida desde el principio y no perseveró en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando el Diablo miente, habla de lo que le es propio, porque él es mentiroso y padre de la mentira”. Con estas palabras Jesús quiere decir que el Diablo, desde el principio, no ha estado de parte de la verdad y de la vida, pues, en efecto, ha rechazado a Dios, matando así la vida de Dios en sí mismo y después, por envidia, trata de matarla también en los hombres. La falsedad tiene su origen en él, y por lo tanto le pertenece, porque, desde el principio ha afirmado su pretensión mentirosa de “poder ser como Dios y en contraposición al verdadero Dios”. El Diablo siempre ha buscado el propio interés y la propia grandeza, y no el “amable y humilde servicio”, como lo hizo Jesús cuando vino al mundo. El Diablo ha permanecido en el pecado y todavía ahora permanece. Su pecado no es un pecado cometido solamente en el pasado, que tuvo su origen en la desobediencia a Dios, sino que es una culpa en la cual él, junto con los ángeles rebeldes, permanece siempre y permanecerá por toda la eternidad. Satanás y sus aliados, una vez pervertidos, son, ellos mismos, agentes de perversión. La Sagrada Escritura atestigua esta acción corruptora de Satanás desde el principio de la historia de los hombres cuando, comenzando con nuestros primeros padres, trata, de todos los modos posibles, de trasplantar entre los hombres su misma actitud de rivalidad, de insubordinación y de oposición a Dios, en tal modo que esta actitud se ha convertido casi en el único motivo de toda su existencia.

También en la primera carta de San Juan (3, 8) se afirma que el Diablo es pecador desde el principio. En efecto Juan escribe: “Quien comete pecado viene del Diablo, porque el Diablo es pecador desde el principio”. De cualquier modo que se quieran entender las palabras “desde el principio” (desde el principio de la creación de los ángeles o desde el principio de la creación de los hombres), lo que resulta evidente es que el Diablo es definido “pecador” y padre y causa del pecado.

Otro texto de la Sagrada Escritura, en el que la tradición cristiana ha descubierto la caída de los ángeles rebeldes, es el texto del Apocalipsis (12, 7-9) donde se nos revela que: “estalló una guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron contra el Dragón. El Dragón combatió también junto con sus ángeles, pero no prevaleció, y ya no hubo lugar para ellos en el Cielo. El gran Dragón, la antigua serpiente, aquel que es llamado Diablo y Satanás y que seduce a toda la Tierra fue precipitado sobre la Tierra y con él fueron precipitados también sus ángeles”.

Es este el único texto de la Sagrada Escritura que nos informa acerca de la rebelión del Dragón (esto es de Satanás y sus ángeles aliados), que fue seguida por la reacción de los ángeles que permanecieron fieles a Dios, teniendo como jefe a Miguel, que significa: ¿Quién como Dios? (Sabemos que el nombre de cada uno de los ángeles indica su misión específica hacia nosotros y hacia la creación en general). San Miguel arcángel combatió y sigue combatiendo todavía ahora contra Satanás recordándole que ninguno es como Dios.

“Miguel” (¿Quién como Dios?), es una expresión que manifiesta la profunda humildad del arcángel Miguel, en contraposición a Satanás, que siempre ha firmado “ser como Dios”, sin serlo realmente, revelando así su gran soberbia. Al mismo tiempo las palabras: “¿Quién como Dios?” afirman también la verdad de que todos somos creaturas de Dios que Satanás quiere negar.

La causa de la caída de los ángeles rebeldes, fue la soberbia. Refiriéndose al libro de la Sabiduría (2, 24) donde se dice que: “la muerte entró en el mundo por envidia del Diablo y la experimentan aquellos que le pertenecen”, algunos Padres de la Iglesia (como San Cipriano, San Gregorio Niceno y San Ambrosio), aseguraron que el motivo de la culpa de los demonios hay que buscarlo en la “envidia” hacia Adán, creado a “imagen” de Dios. Lucifer y los ángeles fieles a él estuvieron celosos porque no soportaban la idea de que los hombres, creados después de ellos y con una naturaleza que ellos consideraban inferior a la suya (por estar compuesta de espíritu y de materia), fueron creados a imagen de Dios. Y, además, los ángeles deberían servir, no sólo a Dios, ¡sino también a los hombres! Sin embargo después prevaleció la convicción de que el motivo de la culpa de Lucifer debería buscarse, más bien, en la “complacencia desordenada” de su propia perfección. Esta versión fue sostenida también por San Agustín y San Gregorio Magno: Lucifer y los demás ángeles rebeldes se habrían ensoberbecido, porque no habían aceptado su “condición de creaturas” con respecto a Dios.

A esta actitud negativa, siguió después la envidia hacia los hombres. En efecto, habiéndose convertido en “ángeles demonios”, quisieran, después, impedir a todos los hombres de alcanzar la felicidad eterna (que ellos habían perdido culpablemente para siempre), y así arrastrar a todos los hombres a la condenación juntamente con ellos. Aunque la envidia fue seguramente un motivo irresistible para los demonios, sin embargo los autores cristianos, en su mayoría, están de acuerdo en afirmar que la caída de los ángeles rebeldes fue, sobre todo, por soberbia. La soberbia que se manifiesta en el “deseo desordenado” de la propia excelencia. Por eso la tradición cristiana ha considerado a la soberbia como el primero y el principal de los pecados capitales.
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