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José Luis del Río y Santiago
José Luis del Río y Santiago
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Actualmente es rector de la iglesia San Pablo Apóstol, ubicada en Los Valdés y encargado de la Comisión de Nuevas parroquias en la Diócesis de Saltillo, y catedrático en el Seminario de Historia de la Iglesia y Teoría Odegética. Su trayectoria por tres décadas en el Ojo de Agua lo distinguen, y más aún el hecho de que sea el único sacerdote exorcista autorizado, estudios que cursó por cuenta propia, además de actualizaciones a través de cinco congresos internacionales.

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09 Agosto 2010 03:00:38
Los ángeles rebeldes
El Papa Juan Pablo II en la audiencia general del 23 de julio de 1986, entre otras cosas, afirmó, acerca del tema: “Dios, creador de los ángeles, seres libres”: “como dice claramente la Revelación, el mundo de los espíritus puros aparece dividido en ‘buenos y malos’. Sin embargo, esta división no se realizó por creación de Dios, sino en base a la libertad propia de la naturaleza espiritual de cada uno de ellos. Se llevó a cabo mediante una ‘decisión libre’, que, cuando se trata de seres puramente espirituales, posee un carácter incomparablemente más radical que la decisión de los hombres y es irreversible, dado el grado de intuición y penetración del bien que tiene la inteligencia de los ángeles. A este respecto, también se debe decir, que los espíritus puros tuvieron que pasar por una prueba de carácter moral. Fue una prueba decisiva y determinante. Primero, respecto a Dios en sí mismo (un Dios conocido de modo mucho más esencial y directo de lo que es posible al hombre), un Dios que, antes que a los hombres, les había participado su naturaleza divina.

A esta ‘sublime capacidad’ de conocer de los espíritus puros, Dios les manifestó el misterio de su divinidad, haciéndoles así participantes, mediante la gracia, de su infinita gloria. Precisamente por tratarse de seres de naturaleza puramente espiritual, tenían en su inteligencia la capacidad y el deseo de llegar a esta ‘elevación sobrenatural’ a la cual Dios los llamaba, para hacer de ellos, (antes que a los hombres) ‘consortes de la naturaleza divina’ y participantes de la vida íntima de Aquel que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, de Aquel que en la comunión de tres personas divinas ‘es Amor’ (1 Jn. 4, 16). Dios había admitido a todos los espíritus puros, (antes que a los hombres), a la eterna comunión de Amor.

La libre decisión, tomada por los ángeles con un conocimiento de Dios, en forma superior, (dada la lucidez de su inteligencia), dividió el mundo de los espíritus puros ‘en buenos y malos’. Los buenos eligieron a Dios como Bien Supremo y definitivo. Haber ‘elegido a Dios’, significa que se orientaron hacia Él con toda la fuerza interior de su libertad, fuerza que es Amor. Dios se convirtió, así, en el total y definitivo fin de su existencia espiritual. Los otros ángeles, en cambio, dieron la espalda a Dios, contra la verdad que su inteligencia les indicaba acerca de conseguir el Bien Total y Definitivo. Eligieron contra la revelación del misterio de Dios, contra su gracia, que los hacia participantes de la Trinidad y de la eterna amistad con Dios en la plena comunión en el Amor. En base a su libertad creada, tomaron una decisión ‘radical e irreversible’, a la par de la tomada por los ángeles buenos, pero diametralmente opuesta: en vez de una aceptación de Dios, llena de amor, le opusieron un rechazo inspirado por un falso ‘sentido de autosuficiencia’, de aversión e incluso de odio que se convirtió ‘en rebelión’.

¿Cómo comprender esta oposición y rebelión a Dios, en seres dotados de una inteligencia tan viva y enriquecidos con tanta luz? ¿Cuál pudo ser el motivo de tan radical e irreversible decisión contra Dios? ¿Cuál fue la causa de un odio tan profundo que se presenta solamente en la locura? Los Padres de la Iglesia y los teólogos no dudan en hablar de ‘ceguera’ producida por una ‘sobrevaloración’ de la perfección de su propio ser, impulsada a tal grado de poder ocultar la supremacía de Dios, que, por el contrario, exigía un acto dócil de obediente sumisión. Todo esto parece quedar expresado, de modo conciso, en las palabras: ‘No te serviré’ (Jer. 2, 20), que expresan el radical e irreversible rechazo para tomar parte en la edificación del Reino de Dios en el mundo creado. ‘Satanás’, el espíritu rebelde, ‘quiere su propio reino’, no el de Dios, y se levanta como el primer ‘adversario’ del Creador, como el opositor de la Divina Providencia, como el antagonista de la amable sabiduría de Dios. Tanto de la rebelión y del pecado de Satanás, como también del pecado del Hombre, debemos concluir, acogiendo la sabia experiencia de la Sagrada Escritura, que: ‘El orgullo es la causa de la ruina’ (Tb. 4,13)”.

El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (n. 74) sintetiza todo esto, diciendo que la expresión “caída de los ángeles” se refiere a que Satanás y los otro demonios, de ángeles creados buenos por Dios se transformaron en malvados, porque, con libre e irrevocable decisión rechazaron a Dios y su Reino, dando así origen al Infierno. Y ahora, los ángeles rebeldes tratan de asociar a los hombres en su rebelión contra Dios. Sin embargo Cristo tiene ya, segura, la victoria sobre el Maligno.
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