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Fausto Fernández Ponte
Fausto Fernández Ponte
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Don fausto fernández ponte es poseedor de un impresionante y sólido currículum: 50 años de periodista profesional. Su opinión y columnas periodísticas son respetadas en ese ámbito, por el prestigio que a pulso se ha ganado, es considerado una autoridad en su campo. Además de corresponsal de guerra, ha entrevistado a jefes de estado y de gobierno de la talla de Lyndon B. Johnson, Richard M. Nixon, Indira Gandhi y William Clinton.

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11 Febrero 2010 04:00:51
Los ‘días negros’ por venir
‘¿Sabe usted quién es Luis Echeverría Alvarez?’

En un breve sondeo, realizado al azar como ejercicio improvisado, entre peatones jóvenes en las aceras del Centro Histórico del Distrito Federal, unos preparatorianos inquirían verbalmente: “¿Sabe usted quién es Luis Echeverría Álvarez?”.

De los 45 transeúntes inquiridos –de entre 18 y 27 años de edad-, ninguno, sí, ¡ninguno!, acertó. Uno de los respondentes identificó al personaje como un cantante “grupero” y otro como un toreador español; alguien dijo que era un beisbolista cubano.

Nadie se a cuerda, al parecer, del señor Echeverría. Cuando a los inquirridos se les recordó que había sido Presidente de México, algunos situaron su gobierno en el siglo 19. Casi todos sabían, en cambio, de José López Portillo y, por obvio, Carlos Salinas.

Pero si don Luis no subyace en la psique individual de los mexicanos jóvenes, en particular los menos escolarizados y de aletargada conciencia política, sí persiste cual monstruo en los meandros de la psique colectiva, la de la experiencia histórica.

El presidencialado del señor Echeverría comprendió de diciembre de 1970 a noviembre de 1976, distinguiéndose mal y bien por una actuación variopinta y muy controvertida desde su asunción misma a la Presidencia de la República.

Como profesional de la política, don Luis ofreció imágenes de sí mismo y de sus actuaciones públicas preñadas de claroscuros. No en vano transitó por la red de cloacas y albañales hediondos e infecciosos del hoy añorado sistema político mexicano.

Ese sistema fue celebrado en su tiempo aquí y acullá y doquiera en Nuestra Américas por haber hecho de la simulación revolucionaria y democrática y la hipocresía un siniestro arte filigranero de tramoyas que alteraban la percepción de la realidad vera.

Esa realidad era de corrupción, represión a disidencias o incluso discrepancias organizadas e impunidades de los personeros de toda jerarquía del poder político del Estado, “emanado” –decíase- de un partido político que se ostenaba revolucionario.

Y siendo, como era, el echeverríato un régimen “emanado” de un partido revolucionario, tenía que vestir el atuendo apropiado: asiló a los revolucionarios de Nuestra América e incluso de África, pero a los de aquí literalmente los desapareció.

El señor Echeverría ejerció la jefatura del poder político del Estado mexicano con fidelidad a su vocación inicua: el jueves de Corpus de 1971 ordenó la represión extrema -la final— contra estudiantes, y desató a seguidas una “guerra sucia” contra disidentes.

Estímase que unos 600 ó 700 jóvenes fueron desaparecidos (previa tortura) por órdenes del señor Echeverría, por el “delito” de discrepar organizadamente del orden establecido de simulación, corruptelas y represiones por el sistema político mexicano.

Las causas y los efectos de la corrupción y las iras represivas de esos personeros del echeverríato eran propias de los patentarios de corso: impunes. Don Luis no ha rendido cuentas de los cruentos saldos de las degollinas de 1968 y 1971 ni de la “guerra sucia”.

Días negros aquellos. Como los de hoy –de debacle— y los que vaticina don Luis, de trágica negritud creador.
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