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Marcelo Torres Cofiño
Marcelo Torres Cofiño
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Marcelo Torres Cofiño es miembro del Partido Acción Nacional desde 2006, fue Diputado Federal del Estado de Coahuila en la LXII Legislatura. Fue Presidente del Partido Acción Nacional y actualmente es Diputado Local, coordinador del grupo parlamentario del PAN y Presidente de la Junta de Gobierno en la LXI Legislatura del Congreso del Estado de Coahuila.

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01 Septiembre 2019 03:04:00
Los dos caminos
La economía mexicana necesita crecer y hacerlo a un ritmo sensiblemente más acelerado que el sostenido en la actualidad. Sin crecimiento no hay empleos suficientes ni se generan las condiciones de prosperidad que demanda el país. En esto parece que tenemos un consenso amplio. Para que haya posibilidad de distribuir mejor la riqueza es necesario tener dinero para repartir. Sin crecimiento, todo lo demás se vuelve cuesta arriba.

En el contexto de la discusión política hay en la actualidad por lo menos dos caminos claramente distinguibles entre sí: uno que busca fortalecer el estado de derecho y el orden institucional para crear un clima de mayor confianza entre quienes realizan inversiones productivas, esas que sí generan empleos; y otro, el que se está aplicando, consistente en fortalecer la imagen del Presidente bajo el supuesto de que su simple figura redentora y salvadora transformará la nación.

De acuerdo con los que defienden ese segundo camino, la imagen pulcra y el historial impoluto del Mandatario es un ejemplo tan poderoso que, aunque de manera lenta -cada vez, supongo, caen en cuenta de que es más y más lenta-, eliminará todos los obstáculos que han impedido que México despliegue su potencial. Entiendo, por supuesto, que no es solo el ejemplo: están también todas las medidas de eso que llaman “austeridad” y todas esas trivialidades, como la del avión presidencial, que buscan revestir al Mandatario de santidad, haciéndolo susceptible al culto de su pueblo amado y necesariamente bueno.

El otro camino, y esto debe quedar bien claro, también parte de una crítica dura hacia el pasado, porque se toleraron excesos y latrocinios que debieron ser frenados y castigados. Sin embargo, dicha crítica conduce a una dirección diferente: sin importar la imagen de quienes ocupen los cargos públicos, las instituciones necesitan recuperar su credibilidad y su capacidad para resolver los problemas de la gente, por una sola razón: un individuo jamás será suficiente, incluso si es un hombre santo y beato, al que hay que elevar a los altares de la historia. 

Hay evidencias totalmente claras de que el camino del presidencialismo impoluto no es posible. Un ejemplo. La investigación hecha por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad sobre el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, que es bandera del actual Gobierno, demuestra que únicamente 7.6% de los centros laborales que están registrados en el padrón y reciben becarios son reales. En otras palabras, 92% de las empresas o personas físicas con actividad empresarial que supuestamente tienen a aprendices, no existen, son fantasmas, tanto como la honestidad del Presidente. 

Se trata de solo una muestra de que el poderosísimo ejemplo del Presidente impoluto, santo y puro no sirve y no existe. Porque se están robando la mayor parte de los 100 mil millones de pesos que se están destinando para ese programa insigne, que además dicen genera empleos y mejora la economía, vaya, hasta han hecho berrinche porque el IMSS no contabiliza a los becarios como empleados.

Demos entonces la oportunidad al otro camino. Trabajemos en fortalecer las instituciones independientemente del individuo que las ocupe.
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