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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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14 Octubre 2018 04:00:00
Los enemigos en casa
“La desintegración de la familia revolucionaria se efectuaba porque no había en ella una cohesión auténtica: gentes disímbolas habían coincidido al pronunciar el ‘no’ contra el porfirismo; pero en el momento de formular afirmaciones, aparecieron las diferencias de cuna, de educación, de costumbres y de posición social. ¿Qué vinculación perenne podían tener los Madero y los Vázquez Gómez? Se juntaron para combatir contra el general Díaz, pero una vez que había caído el anciano gobernante, cada quien procuró interpretar la Revolución de acuerdo con sus ideas y sus conveniencias”.

En los abrumadores 10 volúmenes de sus Memorias, el controvertido político y periodista Nemesio García Naranjo (Lampazos, NL., 1883-Ciudad de México, 1962) se explicaba así la rápida caída y la muerte de Francisco I. Madero. El párrafo no tiene desperdicio y es aplicable en la actualidad al ver las contradicciones que protagonizan un día sí y otro también los seguidores del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador.

Y es que, como decía don Nemesio de la revolución maderista, las pasadas elecciones representaron un rotundo “no” tanto a la continuidad del statu quo como a los dos partidos, PRI y PAN, que habían dominado la escena los últimos tres sexenios.

Este “no” produjo, como en el maderismo, el fenómeno observado por García Naranjo: la suma de fuerzas disímbolas e incluso de ideologías francamente contrapuestas. La zacapela ocurrida en la reunión de maestros en Acapulco, donde miembros del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y los pertenecientes a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) se dieron con todo, es una muestra de ello.

Ambas organizaciones se vieron de pronto unidas en un fin común de signo lopezobradorista: operar cambios en el sistema educativo y derogar las reformas desarrolladas a partir del presente sexenio. Estos grupos, antagónicos históricamente, gritaron “no más”, pero lo hicieron sin olvidar viejos agravios y antiguas pugnas y rencores que volvieron a aflorar en la primera oportunidad.

Los silletazos de Acapulco demostraron la ineficacia de la República amorosa y rompieron en pedazos el pacto temporal de la lucha contra el sistema. Más temprano que tarde ocurrirá lo mismo cuando enfrenten ideas contrapuestas los representantes de Morena y los del Partido Encuentro Social.

¿Hasta dónde será aplicable al presente la frase de Karl Marx el 18 Brumario de Luis Bonaparte: “La historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa?”. Imposible saberlo, pero es de temerse que las condiciones están dadas.

Por su bien y por el bien de México, López Obrador deberá hilar muy fino para que la historia no se repita, porque quizá sus más temibles enemigos no sean ni la prensa fifí, ni la mafia del poder ni los retrógradas, sino los que se estén incubando o ya brotaron –pensemos en la CNTE– en el seno mismo de la amplia y variopinta baraja de sus seguidores.

Llegará la hora de tomar decisiones, elegir con quiénes habrá de recorrer el largo camino del sexenio y dejar a un lado a aquellos que se unieron al “no”, pero que a la hora de gobernar representan un lastre e incluso un peligro para la armonía del país.

Una atenta lectura de Nemesio García Naranjo y el recuerdo de la conocida frase de que la mejor manera de quedar mal con todos es tratar de quedar bien con todos inocularían contra un exagerado optimismo.
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