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13 Febrero 2020 04:08:00
Los fantasmas de Andrés
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Dicen que las miradas pesan y a Andrés Manuel lo despertó a las 3 de la madrugada el peso de tres miradas sobre su cuerpecito. No hay peor susto (además de cuando te dicen “tenemos que hablar”) que sentir que alguien te está viendo mientras duermes, despertar y descubrir que, efectivamente, hay alguien de pie junto a tu cama, mirándote fijamente. Andrés Manuel abrió primero un ojo y después el otro (abrir los dos era demasiado complicado para él, como masticar chicle y caminar al mismo tiempo) y descubrió que alrededor de su cama estaban, ni más ni menos, que los fantasmas de Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas. Casi le da un segundo infarto a Andrés Manuel del susto y se levantó de un golpe, al tiempo que preguntaba:

-¿Qué quieren de mí? ¿Por qué han venido? ¡Ah, ya sé! Vienen a felicitarme por haber emprendido la cuarta transformación del país, siguiendo el ejemplo que ustedes pusieron, ¿no es así?

-Claro que no, baboso –le respondió de inmediato Madero quien, a pesar de su corta estatura, tenía un vozarrón que obligaba a ponerle atención a lo que decía– Nadie te viene a felicitar.

-Al contrario –agregó Juárez– venimos a reclamarte, mamarracho.

-Sin insultos –terció Cárdenas–

-No es insulto, es descripción –insistió Juárez– que ya para entonces se había desabotonado la camisa y comenzaba a doblarse las mangas, como si estuviera preparándose para una pelea a puñetazo limpio.

-Bueno, bueno, como sea –volvió a decir Cárdenas– venimos en son de paz a exigirte, Andrés Manuel, que dejes de usar nuestro nombre y nuestra imagen en tu propaganda.

-Pero, pero, pero –balbuceó Andrés Manuel– ¡Yo soy su heredero! Soy el líder, el caudillo, el Jefe de la cuarta transformación, siguiendo el ejemplo que ustedes me dejaron.

-¿O sea que quieres ser como nosotros? –preguntó Madero– mientras rellenaba su pipa de un tabaco oscuro y buscaba un cerillo que encendiera en el más allá.

-¡Claro que quiero ser como ustedes! ¡Soy su sucesor! –exclamó Andrés Manuel– Toda mi vida me he preparado para que, algún día, mi foto y mi nombre esté al lado de la de ustedes en los libros de historia.

-¡HIPÓCRITA! –exclamó Cárdenas dando un manotazo en el tocador donde Beatriz guarda el maquillaje que nunca, jamás, ni por equivocación usa– ¿Cómo puedes decir que me admiras si yo expropié la industria petrolera y tú le estás dando en la madre?

-Pero si estoy construyendo la refinería de Dos Bocas.

-¿Y quién te dijo que se necesita una refinería más? Lo que Pemex necesita es inversiones, que le llegue capital fresco, d-i-n-e-r-o, para poder competir contra las grandes petroleras del mundo. ¿Tú crees que vamos a poder enfrentar a los árabes y a los venezolanos teniendo a tu compadre, que es agrónomo, como director de Pemex?

-Bueno, yo.

-¡Tú te pasas! –dijo iracundo Madero– No puedes decirte heredero de mi legado cuando en lugar de cuidar la democracia, estás haciendo todo para destruirla.

-¡Ay! ¿Yooo? Me confunde, don Francisco.

-¡No te hagas! Tus intentos por destruir al INE y convertirlo en uno más de tus sirvientes lo único que está haciendo es que la gente deje de confiar en las elecciones, luego de que nos costó tantos años que la gente creyera en las instituciones. Si no hubiera sido por el INE, menos, tú no serías Presidente y estarías acampando otra vez en Paseo de la Reforma.

-¿Y usted no me va a reclamar nada, don Benito?

-No, no, para nada. Yo fui Presidente 15 años y es evidente que tú quieres quedarte eso y más en la Presidencia.

-Ay, Dios lo oiga, don Benito.

-¿Cómo que Dios, animal? ¿Y el Estado laico? ¿Y la separación Estado-Iglesia?

-Se la comió el perro.
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