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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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24 Diciembre 2018 04:01:00
Los medios masivos de comunicación ¿educan o confunden?
Pocas cosas se han desarrollado con mayor fuerza que los medios masivos de comunicación, en donde se incluyen no solamente los tradicionales, la radio, la televisión o los periódicos, sino esa estructura gigante, amorfa y todopoderosa que se desprende de la internet y que incluye desde las plataformas de búsqueda como Google o Edge, hasta las compañías de redes sociales al estilo de Facebook, WhatsApp, Twitter y todas las que se les parezcan.

Se han convertido en influencias más poderosas para la difusión de la información que cualquier otro medio pasado y, por supuesto, ejercen una poderosa influencia educativa en todos los seres humanos, desde la más pequeña edad hasta la muerte. Incluso, esta influencia inicia cuando el ser humano aún no ha nacido, porque por arte de la difusión de información en redes sociales las mamás los someten a ejercicios prenatales tales como el oír música clásica porque alguna noticia dijo que un experimento los hizo más inteligentes, experimento que nunca se pudo replicar en sus resultados pero que quedó como verdadero porque las redes sociales lo acogieron en su seno.

Es inmensa la influencia actual de los medios de comunicación en la formación de las opiniones actuales.

Y no sólo eso, también en los conocimientos que se tornan verdades, no porque lo sean sino porque se repiten una y otra vez por esos medios, tanto que nadie los pone ya en duda. Pero eso sólo sería la corroboración de aquella frase de Goebbels que dice que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, sin que sea la esencia del asunto.

El quid del problema es que la escuela no ofrece mecanismos de juicio para que las personas formen un criterio sólido que les permita distinguir entre noticia real, posible y falsa, porque los medios masivos de comunicación no tienen (no han tenido hasta hoy) la intención de educar sistemáticamente para el razonamiento y el criterio, pensando que a ellos no les corresponde.

Y tal vez tengan razón, pero aquí está el conflicto: la escuela, el aula y sus maestros no tienen el mismo poder para llamar la atención, seducir (o hipnotizar en ocasiones) como los medios masivos de comunicación.

La escuela no ha tenido el poder de fijar los patrones de comportamiento, las tendencias en cuestión de gustos, de uso de vocabulario, las maneras de pensar los temas sociales relevantes o los conceptos de valores como dichos medios. Vamos, ni siquiera ha podido desarrollar una cultura lectora que se oponga a la cultura visual de tales medios, por lo que la influencia del aula en la formación del ser humano cada vez viene a ser peligrosamente menor.

Y aquí es donde es importante que sea la escuela quien reciba en su seno a los medios, y que los medios hagan lo propio con la educación. La interrelación entre ambos ha sido de rivalidad, por parte de la escuela y de indiferencia por parte de los medios. Es cierto que la internet cambió el mundo, pero en la escuela aparentemente no se han enterado.

Y a pesar de que muchas investigaciones en educación han tratado de incentivar lo que llaman el uso de las Tics, de las tecnologías en información y comunicación, desde la parte oficial, rectora en la elaboración de planes y programas en educación básica no se ha priorizado, porque para las Tics no son suficientes la voluntad del docente, sino el presupuesto de adquisición de los aparatos que las hacen posible.

Por ello, es fundamental que los medios inicien una campaña sólida de formación entre sus realizadores, sean productores, divulgadores o “influencers”, sobre las perspectivas para la educación que debe tener el ciudadano medio para poder hacer de nuestro país un pueblo informado, con criterio y poseedor de una sólida cultura tanto oral como escrita.

No siempre el presupuesto destinado a la cultura hace que un pueblo sea culto. Esto debe ser un esfuerzo combinado de todos los actores sociales que tengan que ver con la educación.
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