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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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17 Noviembre 2009 04:34:59
Los nudos de México
Estamos a un año del festejo del Centenario de la Revolución, y a sólo 10 meses del Bicentenario de la Independencia

Por diversas razones, me parece que el que corresponde a la Revolución tiene mucho mayor importancia, y por eso creo que el número de la revista Nexos de este mes de noviembre es excepcional. La revista le dedica los dos bloques principales a la discusión del pasado y el futuro, mientras que en su Agenda se concentra en el presente. Me parece que vale la pena dedicarle toda la semana a este Nexos que puede significar un punto de arranque para el debate nacional. Así, hablaremos hoy de esa agenda del presente, y el jueves próximo de la revisión del pasado que cinco intelectuales han hecho alrededor de la pregunta ¿qué no ha muerto de la Revolución Mexicana? En la colaboración del viernes próximo, justo el 20 de noviembre, hablaremos del futuro que plantean Aguilar Camín y Castañeda en el artículo principal de este número de Nexos.

La Agenda de Nexos de noviembre se titula “Los nudos de México”, y se analizan ahí cuatro de los obstáculos más importantes al desarrollo nacional: energía, banca, telecomunicaciones y el trabajo improductivo. No me detengo en el asunto energético, que es de mi autoría, porque en estas páginas ya hemos comentado en varias ocasiones al respecto. El texto acerca de la banca lo escribe Carlos Elizondo Mayer-Serra, y hace énfasis en el que él considera el problema principal del sistema bancario mexicano: los bancos no prestan suficiente.

La razón de ese crédito insuficiente, sin embargo, no es tan fácil de encontrar. Como Elizondo recuerda, la banca en México ha funcionado igual de mal en manos privadas, públicas, o con mayoría extranjera como lo es hoy. Tradicionalmente, el crédito bancario en México fue inferior a 10% del PIB hasta inicios de los 90. Su rápido crecimiento (de 10% a 30% del PIB) entre 1990 y 1994 fue precisamente causa y síntoma de la crisis de 1995. Rápidamente regresamos al nivel tradicional, que a duras penas ha ido creciendo en los últimos años. Elizondo encuentra parte significativa de la explicación de este bajo nivel de crédito en dos elementos: por un lado, la elevada demanda de parte del gobierno, que permite a la banca ingresos seguros, aunque no muy elevados; por otro, la debilidad de los derechos de propiedad, que impiden a los bancos una mínima seguridad sobre lo que prestan.

Elizondo Mayer-Serra tiene toda la razón. De hecho, es precisamente la debilidad de los derechos de propiedad el origen del muy alto riesgo de prestar dinero en México. Compensar este riesgo obliga a tasas de interés muy altas, que en sí mismas inhiben el crédito. Puesto que con esas tasas no se puede prestar, los bancos, para sobrevivir, prefieren prestar al gobierno, aunque sea con una ganancia muy baja, y financian todo lo demás a través de comisiones. Esto lo ha mostrado Stephen Haber, en su colaboración al libro de Michael Walton y Santiago Levy que ya hemos comentado aquí: No Growth Without Equity. Si queremos una banca más eficiente, es en el marco jurídico en donde debemos trabajar. Si quiere un ejemplo de éxito, basta ver lo que ha ocurrido con los créditos hipotecarios, después de las reformas de 2001.

El tema de telecomunicaciones es analizado por Gerardo Esquivel, quien de entrada reconoce la gran complejidad del asunto. Se trata de un negocio de muy elevados costos de entrada y con economías de escala, alcance y red muy significativas (es decir, mientras más grande se es, más grande se puede ser). Frente a la concentración de este mercado, Esquivel plantea dos caminos. En el primero, se trataría de replantear la estructura actual del mercado, modificando la regulación y eliminando las ventajas que hoy tienen algunos jugadores (Televisa frente a los cableros, Telmex frente a los demás proveedores). Sin embargo, Esquivel considera muy complicado este camino, de manera que propone como alternativa una secuencia de reformas paulatinas, pero en la dirección de fomentar la competencia: dejar entrar a todos en todos los mercados, si me permite el brusco resumen, pero condicionando ese proceso a un mejor comportamiento de cada uno de ellos. Comportamiento que puede promoverse, añadiría yo, con una Comisión de Competencia y una de Telecomunicaciones con mucha más fuerza legal.

Finalmente, Luis de la Calle, colega de estas páginas, presenta un texto llamado “El trabajo improductivo” como aquel libro de Zaid de hace ya varios lustros. El texto sostiene que debemos multiplicar por cinco nuestra productividad en los próximos 20 años (meta factible, creo yo). Para lograrlo, propone cinco grandes medidas: 1. incentivos que premien la excelencia y respondan a las necesidades del consumidor; 2. mercado laboral flexible; 3. empresarios innovadores y capacitados que asuman riesgos; 4. un sistema educativo que se traduzca en productividad; 5. vinculación entre universidades, gobierno e industria.

Pueden parecer recomendaciones obvias, pero no lo son. Luis de la Calle hace énfasis en cómo estas medidas implican, en el fondo, transitar de un sistema económico basado en rentas hacia uno que dependa de la generación de valor agregado. Eso nos ha impedido por décadas ser un país exitoso. En sus palabras: “En México, la longeva dupla de rentismo y proteccionismo llevó a (…) esperar que se vendiera lo que se produce, y no a producir lo que vende”. Esa es la gran falla del famoso mercado interno mexicano: que todos quieren vender las cosas que producen, y a eso le llaman fomento y apoyo. Pero rara vez tratan de producir lo que la gente quiere comprar. Por eso cuando se abren las fronteras, las empresas quiebran; y cuando podemos exportar, resulta que no tenemos nada que ofrecer. Lo que producimos no lo quiere nadie. Y lo que quieren no lo producimos.

Como puede ver, los obstáculos son claros, y las soluciones no son nada del otro mundo. Si quiere verlo en palabras de Guillermo Ortiz, gobernador del Banco de México, unas pocas reformas bastan para convertirnos en una economía exitosa. Y lo único que frena esas reformas es el peso del pasado, del que hablaremos el jueves, siguiendo el debate propuesto por Nexos, ¿qué no ha muerto de la Revolución Mexicana? ¿Qué es lo que nos sigue deteniendo?
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