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Isabel Arvide
Isabel Arvide
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Periodista, ha colaborado en los principales medios nacionales desde 1976. Recibió el Premio Nacional de Periodismo en 1984, primera mujer en obtenerlo por opinión. Es conocida por sus comentarios políticos críticos, ha publicado novela, poesía erótica, crónica y entrevistas. Entre sus libros destacan, con más de diez ediciones vendidas, "La Decisión Presidencial" y "Asunto de Familia", ambos analizando la corrupta relación entre Manuel Camacho, Carlos Salinas de Gortari y Luis Donaldo Colosio. En "La Guerra de los Espejos" narra el conflicto armado de Chiapas desde la visión de los cuarteles militares, editorial Océano, noviembre de 1998. Por el mismo sello editorial publicó, en 1999, "La Sucesión Milenaria" analizando el proceso electoral que llevaría a la derrota del PRI. Fue la efímera directora del diario Summa, de la empresa Televisa, hasta el primer día de diciembre de 1994, de donde salió por el encabezado: "Decepcionó el Gabinete". Hasta junio del 2000 escribió una columna política diaria para Ovaciones. A partir de esa fecha colabora en el diario Milenio, así como en el semanario del mismo nombre. Su columna diaria se publica en 15 periódicos de provincia. Visite www.isabelarvide.com

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22 Enero 2009 05:00:26
Los pecados de Felipe Calderón
Los pecados, para los católicos creyentes y practicantes como el primer mandatario, son cosa seria.

Por eso sorprende, agravia doblemente la tolerancia, para decir lo menos, de Felipe Calderón contra injusticias tan inmorales como la persecución contra Antonio Cueto López.
Unos minutos, pocos en el tiempo del poder, muchos en la contabilidad de los verdaderos cristianos, para escuchar su testimonio recabado con excelencia por “Reporte Índigo” bajo el titulo del acusado más buscado sería suficiente para ordenar una revisión a un caso que tiene todos los elementos para conformar la lista más negra de este sexenio.

Un hombre enfermo, gravemente enfermo, a quien le han destruido la vida se defiende en el excepcional testimonio recabado por “Reporte Índigo” que, casualmente, ha sido devastador en su manejo periodístico contra García Luna (por lo que no pued

Y es que la acusación en su contra, grave, penal, que tiene en la cárcel a Rodolfo de la Guardia entre otros, está conformada precisamente de dichos, de declaraciones al aventón, de chismes y diretes.

Lo que no tiene justificación alguna.

Ni siquiera hay concordancia posible entre las fechas en que el testigo protegido “Felipe”, de nombre José Alberto Pérez Guerrero, o los implicados confesos de la SIEDO como Fernando Rivera o aquel de apellido Colorado, aseguran que Cueto López estuvo en contacto con criminales.

Físicamente, con verlo es suficiente, resulta más allá de cualquier credibilidad esta “complicidad”.

Y si nos vamos un poco más lejos, es suficiente recordar la rivalidad, la desconfianza, la mala relación institucional entre el equipo que laboró en la SIEDO el sexenio pasado y todos los colaboradores cercanos de Genaro García Luna, entonces responsable de la AFI.

Tan imposible de juntarse como el agua y el aceite. No era por ahí. Nadie del equipo de José Luis Santiago Vasconcelos habría confiado en ningún tipo de alianza con quienes, como Cueto López por su parentesco con De la Guardia, eran totalmente identificados con García Luna. Antes al contrario.

En los hechos no existe, como en el caso de Rodolfo de la Guardia, ninguna prueba en su contra. Un testigo protegido, que tuvo empleo con Cueto López hace años por petición de un médico intachable que le había trasplantado un riñón, asegura que es cómplice de narcotraficantes a quienes les habría pasado información de la PGR que el acusado demuestra que nunca tuvo oportunidad de conocer siquiera.

El linchamiento penal, mediático, físico de Cueto López nos remite a un gobierno fascista, a un país sin leyes, a una situación tan lejos de la democracia como del espíritu católico que tanto se festejó la semana pasada. Porque para todo efecto ya está condenado. Así como los “políticos” que nos agraviaron contando fajos de billetes en las pantallas de televisión para disfrutar de total impunidad, las víctimas de la persecución política contra García Luna no cuentan con defensa alguna. ¿De parte de quién?

El pecado de omisión, de cerrar los ojos, es tan grave como el de ordenar una inmoralidad de este tamaño. Insisto, la realidad es irrebatible, bastaría con escucharlo, con analizar lo que tiene que decir, unos minutos de ejercicio de buen samaritano aunque sea, también, en Los Pinos…
http://www.isabelarvide.com
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