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Joel Almaguer
Joel Almaguer
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Inició sus estudios en la Universidad Autónoma de Coahuila, donde tuvo como maestros a Gerardo Monjarás y en sus últimos años al reconocido pianista regiomontano Gerardo González. Ha desarrollado su actividad musical como pianista en danza y como acompañante de cantantes principalmente. Ha participado en musicales como pianista. Imparte diplomados en historia de la música para la UAdeC. El año pasado vivió en Francia donde tuvo oportunidad de compartir su talento musical. Música Sobre Ruedas es un proyecto que ha desarrollado para compartir música en espacios públicos. Actualmente también es miembro de la Orquesta Filarmónica del Desierto donde participa activamente en el Coro Filarmónico. [email protected]

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17 Febrero 2019 04:00:00
Los preludios de Chopin
La brevedad que es completa en sí misma. La brevedad que es más un destilado emocional que una emoción trunca. Silogismos sonoros en donde todo está dicho y nada sobra ni nada falta. Esos son los preludios de Chopin. Apenas en 12 compases es capaz de provocarnos las más profundas emociones.

Son la serie de 24 preludios Op. 28. Compuestos cada uno en un tonalidad diferente, como lo hiciera Johann Sebastian Bach tiempo atrás, son una magnífica prueba que lo breve no es sinónimo de escasa imaginación. Aunque en su tiempo causaron cierta turbación por esta misma razón, la verdad es que los preludios de Chopin han pasado a la posteridad como una muestra del genio del compositor y de la capacidad de síntesis en una época en la que el espectáculo y los conciertos de larga duración eran la constante.

Schumann, quien después defendiera al compositor en no pocas ocasiones frente a la crítica, definía estos preludios como apenas unos esbozos, comienzos, casi ruinas de una obra. Pero estos preludios no serían derrotados por el tiempo. Hoy en día son apreciados por los grandes intérpretes quienes abordan este opus de manera magistral.

El hecho de que sean cortos no los hace de fácil ejecución, hay que aclararlo. Los hay muy complejos como el número 3 o el número 19. Pero todos ellos con la característica musical de Chopin: por más complejos o demandantes a nivel técnico, la melodía y el gusto musical siempre está presente. Incluso melodías sencillas y aparentemente poco logradas las escuchamos completas, poderosas, apasionadas, en el conjunto de la armonía que las sustenta.

Chopin es difícil de situar en esta época del siglo 19 pues la vida cultural-musical se divide en dos partes: por un lado están los que defienden la innovación en la música y la búsqueda de nuevos horizontes, como Liszt o Wagner y Berlioz; y por otro el de los conservadores que desean que las estructuras y formas se respeten, como es el caso de Brahms, Clara y toda la escuela de Leipzig.

Pero Chopin nos aparece en esta batalla de románticos como alguien indefinido. Sus posturas estéticas no están bien aclaradas por el compositor polaco, reacio a expresarse demasiado sobre cuestiones literarias o musicales.

La música que componía atendía a demandas y funciones sociales. Era efectista y lograba su objetivo al encantar a los alumnos de Chopin y los salones de la aristocracia. La similitud de este entorno social es muy parecido al de un siglo antes durante la llamada música galante. Esto no es del agrado de los románticos que buscan descubrir lo que hay de más profundo en el ser humano.

Sin embargo, la obra de Fryderyk Chopin nos cautiva y arrebata como ninguna otra. No se parece a nadie más que a él mismo y esta es una gran cualidad en toda su obra.

Y para prueba el Op. 28 que fueron compuestos entre 1835 y 1839 durante parte de los años que duró su relación con la mítica escritora George Sand.

Algunos de estos años pasados en Mallorca, el compositor crea estos preludios en un piano de la localidad y luego en su tan esperado piano Pleyel que le fuera regalado por el mismo fabricante de pianos.

Podemos ver las posibilidades técnicas y mecánicas de lo que era capaz el instrumento en esta serie de preludios que se escuchan pronto, pero permanecen en nuestro interior mucho más tiempo.

Que lo disfruten.


Los preludios de Chopin. Por Alexandre Tharaud.
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