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Federico Muller
Federico Muller
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08 Marzo 2019 03:33:00
Los primeros 100 días del Gobierno federal
Es una tradición en muchos países -desconozco cuál es su origen- el realizar una evaluación del desempeño de los gobiernos durante los primeros 100 días de su gestión. Desde luego que es un periodo muy corto para formular un diagnóstico certero, pero al menos puede contribuir para conocer el tipo de políticas que están formulando, el desempeño incipiente de los funcionarios que conforman el gabinete presidencial y la visión que desean tener del país, al menos durante el tiempo que les corresponde gobernar. Dadas las limitantes mencionadas, se puede decir que el desenvolvimiento del Gobierno del presidente López Obrador ha sido de claroscuros.

Una parte loable de su política la ha centrado en combatir la corrupción y la más llamativa ha sido la lucha contra el robo de combustibles de Pemex. Aunque se ignora si se está (o ya se tiene) elaborando una estrategia de mediano y largo plazo para combatirlo, las acciones que se han visto hasta la fecha no responden a un plan estructurado de mediano y largo plazo. Otro elemento positivo, y que también le ha acarreado popularidad entre la población, es el recorte de sueldos de los altos funcionarios públicos y la cancelación de las pensiones a los expresidentes de la República. No obstante, su impacto ha sido más sicológico que de ahorros significativos en el presupuesto.

En resumen, se puede decir que tiene una aprobación aceptable entre los votantes que sufragaron por él. Es decir, la parte política la ha sabido administrar a través del manejo con astucia de los medios de comunicación, señalando reiterativamente los errores del pasado, en especial del modelo neoliberal, y magnificando los pírricos logros de su cuarta transformación, como la subasta de parte del equipo de transporte del Gobierno federal o el cambio de sede de las dependencias públicas.

En cambio, en el aspecto económico, sus políticas han sido de opinión muy reservada. Una muestra palpable de ello se dio en la gira que efectuó la semana pasada por Sonora y Chihuahua, cuando un periodista le preguntó al Primer Mandatario sobre cómo iba la economía del país. La respuesta que dio dejó atónitos a más de una decena de especialistas en Economía: simplemente se limitó a decir que se desempeñaba muy bien, que como México no había dos. A primera vista parece que estaba bromeando y que tomaba a manera de chunga lo que decía. Pero lamentablemente no fue así, lo dijo con toda seriedad, lo que implica que sigue creyendo que sus presentaciones en público mantienen el sello de la campaña por la Presidencia, llenas de promesas y demagogia, por lo que no corresponden a la investidura de un presidente de la República, informado y con alta responsabilidad ante la nación.

La desconfianza que priva en los sectores que manejan la inversión en este país y en el extranjero ya no se limita a esperar que las cosas puedan mejorar con algunas rectificaciones en el diseño de la política económica que salgan del jefe del gabinete, Alfonso Romo, sino que los grandes capitales empiezan a abandonar el país y la inversión privada nacional y extranjera no llega. La cancelación del aeropuerto en Texcoco y las descalificaciones que se han hecho a las calificadoras internacionales no abonan en absoluto a mejorar la imagen de México ante el mundo. Una característica de la personalidad del Presidente es la obstinación en sus creencias, que las mantiene, a pesar de lo que le aconsejan sus asesores económicos. De no cambiar la informal manera de expresarse y recentrar su discurso económico, pronto estaremos al borde de una recesión.
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