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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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11 Junio 2009 03:03:59
Los problemas
América Latina tuvo un desempeño económico deplorable durante el siglo XX. De los países para los que tenemos datos del siglo entero (recuerde que la mayoría de las naciones de hoy no existían hace 100 años), somos los peores.

Para ser justos, los peores dos países en el siglo, según los datos de Angus Maddison, son Rumania y Sri Lanka (antes Ceilán), que crecen a una tasa promedio anual de 0.77% y 1.02%. Me refiero al PIB por habitante en todos los casos. No tenemos datos para países en África, pero el continente en su conjunto tiene una tasa de crecimiento promedio anual de 0.90% durante el siglo, en medio pues, de los dos países mencionados.

Después de eso, ya vamos nosotros. El peor caso es Argentina, como usted ya sabía, porque es legendaria la riqueza de ese país al inicio del siglo pasado, y muy conocidos sus problemas de los últimos años. Argentina creció 1.13% cada año durante el siglo XX. Apenas unas centésimas por encima, la India, que al inicio del siglo era colonia británica, poco antes de la mitad se separó, y después sufrió una escisión (de donde surgieron Pakistán y Bangladesh). Uruguay es el siguiente en la lista, con un crecimiento de 1.27% (siempre promedio anual del siglo).

El siguiente caso es lo que Maddison llama “ex Unión Soviética”, que para inicios del siglo XX era el Imperio Ruso, luego fue la URSS, y terminó el siglo convertido en más de una decena de naciones, promediando una centésima más que Uruguay durante el siglo. Nueva Zelanda crece 1.34% anual durante el siglo y Albania 1.40%.

Siguen Hungría y Bulgaria, con 1.45 y 1.48% respectivamente, Indonesia con 1.49%, y el Reino Unido con 1.51%. El Imperio Británico, el más poderoso del mundo al inicio del siglo XX, es hoy sólo economía importante, pero nada más. Y otro latinoamericano: Chile, con 1.56%, mismo ritmo que Polonia. Por encima de 1.6%, Checoslovaquia (que no existía al inicio del siglo, ni existe ahora), Yugoslavia (mismo caso), y luego Colombia y México empatados con 1.67%. Por encima de 1.7%, Australia, Bélgica, Perú (1.73%) y Suiza. Los dos grandes éxitos latinoamericanos en el siglo: Brasil, 2.12% promedio anual, y Venezuela, 2.36%. Este último, a pesar de que cierra el siglo con el mismo PIB por habitante que tenía en los años cincuenta.

Es decir, entre los países que menos crecen durante el siglo XX estamos los latinoamericanos, apenas por encima de África (a pesar de que ese continente estuvo totalmente colonizado la mitad del siglo), y abajito de los restos del Imperio Ruso y el Imperio Británico. Lo interesante es que nosotros ya llevábamos un siglo, años más años menos, independizados. Los demás, no.

Sin embargo, muchos estudiosos han siempre argumentado que América Latina ha fracasado debido a su carácter “colonial” frente a Estados Unidos. No creo que ésta sea una buena forma de interpretar lo ocurrido, porque los otros países con bajo desempeño eran colonia en verdad, no metafóricamente, o económicamente, o como lo interpreten estos estudiosos. Tal vez podría uno comparar lo que nos ha ocurrido con algunos de los países de Europa del Este (Rumania, Hungría, Bulgaria, Checoslovaquia y Yugoslavia, que mencionamos arriba). Esas naciones iniciaron el siglo dentro del Imperio Austro-Húngaro, fueron independientes después de la I Guerra Mundial, y satélites soviéticos después de la II. En cierta forma son, como les dicen muchos, “periferia” y por eso no habrían podido crecer. Pero algo parecido podríamos decir de Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia, que eran países más bien pobres al inicio del siglo, nunca forman parte del “centro”, pero sin embargo tienen gran éxito durante el siglo XX. Más todavía, no creo que la relación entre América Latina y Estados Unidos pueda equipararse con la que tuvieron los países de Europa del Este y la Unión Soviética. Por mucho que odiemos a los estadounidenses, hablamos de dos cosas totalmente distintas.

Pero si no hay una explicación externa a nuestro mal desempeño, entonces lo único que queda es una explicación interna. Es decir, algo hicimos mal los latinoamericanos que nos impidió crecer. Peor aún, algo hicimos verdaderamente mal, porque a pesar de arrancar el siglo en mejor condición que África, que las Colonias Británicas, o que los estados subordinados a los Habsburgo, lo acabamos igual o peor que ellos.

Ahora bien, cualquiera diría que ésta es una discusión académica, o peor, bizantina, y que es algo pasado que no merece un espacio en este periódico. Yo creo que es al revés, que esta discusión deberíamos tenerla en los medios de comunicación, y no entre académicos, porque de ella depende que América Latina no tenga otro siglo perdido. Porque si la razón por la cual tuvimos un mal desempeño es interna, habría que averiguar si ya desapareció solita, porque si no es así, entonces urge desaparecerla.

Los primeros cincuenta años del siglo, América Latina creció más rápido que el promedio mundial, y más rápido que Europa Occidental. Prácticamente al ritmo de los países que Maddison llama “retoños occidentales”: Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Pero después de la II Guerra, en nuestros años milagrosos, aunque crecimos, ya no fuimos tan exitosos. Europa Occidental nos ganó por mucho (y estoy eliminando el efecto de la Guerra). De hecho, para 1980 América Latina había logrado lo mismo que cualquier otro. Pero para entonces habíamos acumulado una cantidad de problemas internos que estallaron en esa década para colocarnos, al final del siglo, en el deplorable lugar que hemos comentado.

Es decir que no sólo México se hunde después de 1980, es un problema de todo el continente. ¿Es coincidencia? ¿es resultado de los abusos del imperialismo yanqui? ¿o es más bien que los países latinoamericanos hicimos más o menos lo mismo obteniendo todos muy malos resultados? Si esta última es la opción correcta, ¿ya dejamos de hacerlo? Creo que ésta es la discusión más importante para América Latina, y específicamente para México. Por eso insisto en ella.

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