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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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07 Julio 2009 03:46:07
Los próximos tres años
Durante algunas semanas hemos estado analizando lo que ocurre en la economía mexicana para encontrar los temas que requieren trabajarse y olvidarnos de los que no sirven de mucho, aunque se hable de ellos con frecuencia.

Logramos definir una agenda conformada por capital físico (infraestructura), capital financiero y capital humano como los elementos que generan riqueza. Y competencia como elemento fundamental para evitar ineficiencias.

Detrás de esto, sin embargo, decíamos que es imprescindible contar con las reglas sociales que promuevan estos diferentes capitales y la competencia, porque de otra manera nunca van a existir. Entre estas reglas, hicimos énfasis en la cuestión laboral. Finalmente, establecimos los mercados más importantes, por su impacto en la economía completa, y en los capitales mencionados: sistema financiero, sistema educativo, energía y comunicaciones.

La idea de tener esta lista es, como le decía, analizar qué debemos hacer en cada uno de los renglones. Y así le haremos, aunque me parece que muy probablemente se convertirá en un ejercicio más bien académico, puesto que la composición que se obtuvo de la Cámara de Diputados en la elección del domingo apunta a que no tendremos muchas decisiones. La gran cosecha del PRI, sumada a su alianza con el Verde, le darán prácticamente la mayoría, de forma que serán ellos quienes decidirán si se cambian o no las cosas. Y esto no parece que pueda ocurrir, puesto que todo cambio tendría un costo político directo para ese partido. Una distribución más pareja permitiría distribuir el costo. Por ejemplo, para tener IVA generalizado (con cualquier variante) deberá ser la mayoría del PRI la que apruebe la decisión, de forma que le tocará todo el enojo popular. Lo mismo si se quiere tener una Comisión de Telecomunicaciones más fuerte, o si se quieren quitar un par de cláusulas en la Ley Federal del Trabajo para evitar que los sindicatos actúen de manera corporativa.

Adicionalmente, por si no fuese suficiente el tema del costo, está el origen de los obstáculos, que es precisamente el partido en cuestión. Si quiere, porque el PAN nunca ha podido hacer reformas de fondo, pero así es.

Sin embargo, aunque sea sólo para dejar constancia de cuáles son nuestros obstáculos, pues le vamos a seguir con el tema. Así ya sabrá usted por qué se nos complica la vida, aunque no podamos resolverlo en el corto plazo.

El elemento más importante en nuestra falta de competencia es el capital humano. No sólo nos impide crecer más rápido, sino que también perpetúa la desigualdad. Ya lo comentamos hace un par de semanas aprovechando la publicación de un texto de Hanushek y Woessman: es la escasez de habilidades cognitivas en América Latina lo que, según estos autores, explica la falta de crecimiento.

En los exámenes internacionales que hemos presentado, que no son muchos, nos encontramos en niveles muy alejados del mundo civilizado. La mitad de los mexicanos es analfabeta funcional al terminar la secundaria, y menos del uno por ciento se encuentra en niveles de excelencia. En Brasil hay más de ambos grupos, por su diferente manera de manejar su sistema educativo. En la India pasa algo similar. Estos dos países cuentan con una proporción de estudiantes en nivel de excelencia significativamente mayor que la nuestra, aunque también tengan más analfabetas funcionales.

Al no contar con habilidades cognitivas suficientes, los mexicanos que acceden al mercado laboral no pueden competir adecuadamente, de forma que se convierten en presa fácil del sistema corporativo. Una vez agarrada una chamba, lo importante es no perderla, así que un sistema laboral como el nuestro funciona de perlas. Nuestra Ley laboral está hecha para defender puestos de trabajo, no para crearlos. De hecho, muchas personas creen que el sistema educativo mexicano es malo precisamente para no poner en riesgo al corporativismo, o de manera más amplia, al viejo régimen. En esta perspectiva, el régimen de la Revolución habría creado un sistema educativo ineficiente para evitar que su legitimidad, endeble, se pusiera en duda.

Es una tesis atractiva, pero yo no estoy seguro que sea cierta. Tiene mucho de teoría de conspiración, y no está fácil encontrar evidencia para sustentarla. Sin embargo, es muy común escucharla.

Antes de 1980 teníamos un sistema educativo muy concentrado en las ciudades, que daba servicio a un porcentaje muy pequeño de la población. Apenas el 20% de los jóvenes en edad de estar en secundaria podían incorporarse a ese nivel educativo, y conforme era mayor el nivel, menor la capacidad. En la década de los 70 empezó a crecer rápidamente el sistema de universidades públicas, que en muchas ocasiones incluían bachilleratos, de forma que esto permitió también ampliar la cobertura en secundaria (sin convertir a la media superior en cuello de botella, con los riesgos sociales que eso significa). En la década de los 80 la cobertura creció hasta 50%, alcanzó 70% en los 90, y ronda ya el ciento por ciento en estas épocas.

Sin embargo, el crecimiento acelerado que esto implicó puede haber reducido significativamente el nivel del profesorado y por lo tanto los resultados del proceso educativo. La verdad es que no lo sabemos bien, porque nos falta evidencia de lo que ocurría antes. Sí sabemos que el principal problema lo tenemos en la secundaria, aunque puede ser simplemente que en la pubertad se hacen evidentes las fallas previas.

En cualquier caso, lo que está claro es que nuestro problema principal tiene que ver con el capital humano, y todo indica que el sistema laboral no es un fenómeno independiente. Dicho de otra manera, no se pueden resolver estos problemas por separado, so pena de crear un conflicto entre ellos: jóvenes más preparados que no pueden ser captados por los mercados, o mercados más eficientes que no tienen “material humano” de calidad para surtirse. Le seguimos…

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