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Juan Latapí
Juan Latapí
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15 Marzo 2020 03:10:00
Los todólogos
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Siempre han existido pero ahora cada día son más, parecen una plaga que está por todos lados, aparentan saber de todo, opinan a diestra y siniestra, rara vez guardan silencio, presumen estar bien informados, se caracterizan por ser perdonavidas y sobre todo por su falta de honestidad para reconocer y aceptar su ignorancia. Son los fieles seguidores de ese culto que está de moda llamado todología.

Hoy como nunca antes la cantidad de información que circula en todas direcciones es abrumadora, a diario crece, se alimenta de la facilidad de tener acceso a internet -y obviamente a las redes sociales- donde todos pueden emitir cualquier tipo de opiniones de lo que sea y sin importar si es verdad o simple falsedad. El éxito de ese bombardeo de información radica en hacernos creer que sabemos de cualquier tema y que es casi obligatorio opinar de ello.

Esto ha favorecido enormemente la invasión de los todólogos quienes pretenden hacerse pasar por expertos en política, que no dejan títere con cabeza, que critican todo lo que pueden, que juzgan, condenan o absuelven a cuanto personaje se les atraviesa en su mundo informativo.

Son todólogos de cualquier tema, desde medicina hasta ajedrez pasando por economía, la farándula y hasta de física cuántica, también lo son en cualquier tipo de deporte, que opinan, critican y pretenden saber más que cualquier jugador o entrenador; se saben las biografías y trayectoria de sus ídolos deportivos, manejan al derecho y al revés las estadísticas de futbol, beisbol, basquetbol y futbol americano.

Pero eso sí, cuando los todólogos se equivocan y la riegan, fingen demencia y callan ante las evidencias, pero cuando otro es quien se equivoca montan en cólera y con todo sarcasmo lo exhiben, ofenden y denigran porque el mayor peligro y vergüenza a que está expuesto un todólogo es ser descubierto en su ignorancia y peor aún ser exhibido como mero improvisado y mentiroso. Pero lo preocupante de los todólogos es cuando llegan a ocupar algún cargo público y del cual sus decisiones pueden afectar a terceros; son todólogos que suelen ser nombrados como pago de favores, como avanzada en la búsqueda de poder del grupo político o empresarial al que pertenecen.

Estamos llenos de ellos.

Sin duda la gran catedral del culto de la todología son las redes sociales donde el problema de la invasión de los fieles seguidores de la todología no radica en lo que dicen o dejan de decir sino en la cantidad de incautos que les creen sin cuestionar, los siguen y, peor aún, que repiten las barrabasadas sin el menor recato y pudor.

Y no solo las redes sociales están plagadas de todólogos, también en la radio y la TV a diario vemos y escuchamos a varios comentaristas opinar sobre temas que desconocen y que como perdonavidas juzgan y condenan sin dar la oportunidad de réplica en el momento oportuno y rara vez acceden al diálogo y ser rebatidos, porque como todólogos se sienten con la suficiente autoridad moral para descalificar, difamar y linchar mediáticamente.

Decía Umberto Eco que “el drama de internet es que ha promovido al tonto del pueblo a nivel de portador de la verdad. Las redes sociales le dan derecho de palabra a legiones de imbéciles que antes solo hablaban en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la colectividad; en seguida los callaban mientras que ahora tienen el mismo derecho de palabra de un premio Nobel”.

Por ello, los todólogos suelen ser más dañinos que cualquier epidemia real o magnificada, porque aunque digan saber de todo ignoran lo que dijo Sócrates hace más de 2,300 años: “Yo solo sé que no sé nada”.

CON PERMISO

Si temes ser condenado a una cuarentena aprovecha el tiempo para leer. Si te gustan los dramas lee “Guerra y Paz”, de León Tolstoi; si prefieres una novela lee “La sombra del viento”, de Carlos Ruiz Zafón; si te late la historia lee “La casa del dolor ajeno”, de Julián Herbert; si te gustan los cuentos lee cualquier libro de Roald Dahl; y si quieres aprender filosofía lee a Platón, el discípulo de Sócrates. No te arrepentirás.
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