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11 Diciembre 2010 04:00:34
Maciel y los escalones para ganarse el Cielo
María Teresa Priego
‘Yo sólo quisiera tener unos brazos donde poderme echar a llorar’

“Marcial fue un criminal sin escrúpulos”, Benedicto XVI, mayo del 2010. Rotundo. Para miles de personas la tierra giró distinto. En el caso de quienes anhelaron/necesitaron seguir sosteniendo la figura de Maciel, de golpe se les arrebataba su “verdad” absoluta.

Para esos mismos que eligieron (lealtad ciega o conveniencia) creer/ o fingir que creían en el “complot contra la iglesia”. Para los que eligieron ignorar los avasallantes testimonios de las víctimas de Maciel. Las investigaciones, entrevistas, archivos hechos públicos. Para ellos el golpe fue devastador. Y la tierra giró distinto también para aquellos a quienes la palabra “Criminal”, les ofreció un acto de resarcimiento simbólico indispensable (más que tardío) El reconocimiento público de la dignidad y veracidad de sus palabras (fueron siempre veraces y dignas) desde las entrañas mismas de la Institución que intentó por décadas encadenarlos a la autonegación y al silencio.

“Yo era su lo que quieras, su amante o lo que sea. No, nunca me consideraría su amante. Ahora me veo como su preferido,” Juan José Vaca (y su dolor, su culpa, su proceso interior, su lucha) encuentro con Carmen Aristegui, en “Maciel: historia de un criminal”, selección de entrevistas con prólogo de Granados Chapa. Secuencia en la que Carmen y sus interlocutores logran aprehender las aristas de una historia de inimaginables complejidades. Cada uno desde el lugar de su vivencia, su especialidad, sus años de indagar. Y la periodista cumple una vez más –junto a ellos- el compromiso moral que eligió en el 2002: Escuchar y hacer escuchar a las víctimas amordazadas. Ofrecernos contenidos para analizar y desentrañar.

Desde los testimonios de los secretos de la alcoba disfrazada de “enfermería”, en la que niños y adolescentes eran forzados a aliviar “dolores” de un hombre al que necesitaban y amaban como a un padre, hasta los mecanismos de ocultamiento del Vaticano, cohechos , el engaño a las familias de los seminaristas. Los donadores. Pasando por dos esposas de Maciel. Sus tres hijos. Escuelas legionarias. Y las islas Caimán. A Miguel Ángel Díaz Rivera, el ex legionario que se retractó tras firmar la carta de denuncia, Carmen le pregunta: “Cuando usted puso su firma ahí, ¿estaba convencido de que lo que ahí se decía era verdad?”. “Sí”. “Y cuando Maciel le pide que se retracte, ¿por qué va contra esa verdad?”. Él responde: “Usted me pone la pregunta más complicada de mi vida”.

El pacto de los jóvenes legionarios con Maciel, era un inmenso pacto de amor. “Fui el único que se ordenó con los ornamentos que usó el padre Maciel y que estaban guardados como reliquia”, Miguel Ángel Díaz.

Pensé en la obra “relatividad” de Escher, las personas con los rostros vendados, representan escenas. Suben o bajan escaleras. Cortados los unos de los otros. Sumergidos en la ajeneidad. Desde el seminario, José Barba escribió a su madre: “Yo sólo quisiera tener unos brazos donde poderme echar a llorar sin hablar nada”. ¿Y cuánto lloraron? Hasta tocar sus palabras.
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