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Joel Almaguer
Joel Almaguer
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Inició sus estudios en la Universidad Autónoma de Coahuila, donde tuvo como maestros a Gerardo Monjarás y en sus últimos años al reconocido pianista regiomontano Gerardo González. Ha desarrollado su actividad musical como pianista en danza y como acompañante de cantantes principalmente. Ha participado en musicales como pianista. Imparte diplomados en historia de la música para la UAdeC. El año pasado vivió en Francia donde tuvo oportunidad de compartir su talento musical. Música Sobre Ruedas es un proyecto que ha desarrollado para compartir música en espacios públicos. Actualmente también es miembro de la Orquesta Filarmónica del Desierto donde participa activamente en el Coro Filarmónico. [email protected]

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12 Julio 2020 04:00:00
Mañana con Sarah
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Me levanto como todas los días, al alba. No importa si la noche anterior se extendió entre charlas, cocteles y humo de tabaco. No puedo estar en cama una vez despierto, es una costumbre que en ocasiones me desespera. Así que me doy una ducha, me pongo lo primero que encuentro a la mano y bajo las escaleras hacia la cocina para prepararme el primer café de la mañana.

Por las ventanas percibo la brisa y puedo ver los árboles que se mecen con parsimonia, como si estuvieran danzando al compás de Moonlight in Vermont en la voz de Sarah Vaughan.

Eso me recuerda su voz y mientras espero que el café esté listo, entro en el estudio, enciendo la consola y pongo sobre la charola el vinilo de The Rodgers & Hart. Songbook, donde Vaughan comienza una dulce interpretación de My Funny Valentine. La aterciopelada voz se mezcla entre el suave movimiento de las hojas de los árboles y el sonido de la cafetera que, con un insinuante borboteo y aroma, me indica que el café está listo.

Abro el estante y tomo una tabla para disponer la taza de espresso, un vaso de agua fría, dos galletas y la cafetera que hace contrapeso con su sólida estructura de aluminio. La mesa de la terraza aún tiene el rocío de la mañana y puedo sentir en mis pies desnudos el frescor que me recorre hasta la nuca.

En la baranda descansan unos pajarillos resguardados de la incipiente lluvia, tomo la cafetera con la mano derecha y vierto dentro de la taza ese néctar que siempre he disfrutado y que me trae de pronto recuerdos de mi niñez, cuando no era mal visto que los niños tomaran café en el desayuno, siempre sin azúcar.

Antes de beberlo suelo tomar un sorbo de agua fría para limpiar mi paladar y poder percibir frescos los sabores del café que acababa de moler. Como un hechizo, Sarah Vaughan comienza Bewitched, una de mis piezas favoritas de Rodgers y Hart, esta dupla que compuso tantos éxitos y que estoy disfrutando en medio de esta serena mañana.

Hoy no tengo planes, tampoco espero a nadie, así que no tengo prisa por terminar este momento que desearía se extendiera por mucho tiempo. Eso me sucede en estos momentos de tranquilidad y silencio. Me levanto y entro a casa para ir a dar vuelta al vinilo mientras miro por la ventana del estudio. El gris plomo del cielo es acogedor y quizás un poco misterioso.

No sé si este pensamiento llegó antes o al mismo tiempo que miré entre la cuesta que sube hasta la casa, la figura de una mujer vestida con impermeable rojo y botas de lluvia. Su conjunto y su andar parecieran sacados de una revista de moda. No sé quién pudiera ser, pero en definitiva viene a casa, pues mi vecino más cercano está a un kilómetro de distancia. Parece conocer el camino, pues camina precisamente por donde yo lo hago luego de mis caminatas vespertinas. Un sentimiento apenas perceptible me cruza la mente. Sarah Vaughan canta It’s Easy To Remember.

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