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Germán Martínez Cázares
Germán Martínez Cázares
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13 Mayo 2013 03:00:05
Marx, toros y PAN
¿Qué tienen en común Carlos Marx y la tauromaquia? ¿Algo comparten el marxismo y la llamada fiesta brava? ¿Se parecen el mítico autor de “El Capital” y el fenomenal diestro español José Tomás? La semana pasada el Partido Acción Nacional los acercó.

Marx acaba de cumplir 195 años de su nacimiento. Con su pluma solitaria desde el Museo Británico, como ningún jefe de Estado o político, causó una de las más grandes transformaciones sufridas por el mundo contemporáneo con su poderoso argumento-compromiso. La filosofía, decía, se ha contentado con explicar una realidad sin modificarla, y abrazó “un saludable odio al servilismo” como dijo Raymond Aron. Pero creer en un “progreso y futuro inevitables” lo arrastró a sostener una supuesta “necesidad humana” superior a la “libertad personal”; y, desde esa montaña, convertido en “semidios”, Marx evangelizó a sus seguidores y profetizó un paraíso igualitario. Convocó a una lucha y trazó un camino histórico irremediable, donde la libertad era indiferente para alcanzar la justicia. La consecuencia todos la conocemos: un poder político ilimitado, tiránico, burocrático, administrador de la mentira de la equidad social, soñada, teorizada y hecha ciencia, por el autor de “La miseria de la filosofía”.

Esa quimera no ha muerto. Tiene adictos con tonos menos violentos al original pero con la misma meta-farsa. Basta analizar los postulados del Partido del Trabajo y su admiración babeante al pensamiento, banderas, estrellas y cánticos marxistas, para afirmar que la lucha de clases tiene en pie de guerra a varios fanáticos mexicanos, y con ellos de la mano -tan campantes como ingenuos-, a los panistas de Durango. ¿Qué hace el PAN junto al PT? ¿Tan baratos son sus principios, para subastarlos por una alcaldía? ¿No se dan cuenta los panistas que los gobiernos bastardos de ideas prostituyen a la democracia? Las coaliciones convenencieras producen desilusión social porque el ciudadano no ve alternativas nuevas. Da vergüenza la alianza del PAN con el PT, que lo mismo se alquila para aguijonear a panistas con los enconos de López Obrador, que para detener el triunfo del candidato panista en Baja California, coligado con el PRI.

La izquierda, sobre todo la marxista, convirtió al Estado en un dispensario social. Su estructura política es adicta a ese nuevo “opio del pueblo” llamado gasto social. ¿No es el PT en Durango un negocio de vivienda y educación soportado en el dinero público?

Precisamente sólo desde ese pervertido concepto mastodonte de Estado marxista ajeno a la libertad, el PAN fue capaz de aprobar una ley en el Congreso de Sonora, para prohibir las corridas de toros.

¿La fiesta de los toros es cultura? Tan discutible como valor cultural de una obra de teatro, pero el Estado no debe ser el árbitro para definir lo “culturalmente apreciable”. No es censor de tradiciones, espectáculos, música, arte, diversión, etcétera.

Los toros son un espanto para unos y sublime fuente de inspiración, de poesía, pintura, música, para otros muchos. No puede el Estado prohibir esa actividad humana pretextando defender a los animales. En Sonora seguirá viva la cacería y las peleas de gallos. Y afortunadamente, sus carnicerías seguirán exportando quizá los mejores cortes de res de todo el país.

Respetar el derecho de asistir o no a la plaza de toros, al cine, a las carreras de caballos, etcétera, debería ser la demanda de un partido liberal al Estado.

“Comprender al toro”, para usar la expresión de José Ortega y Gasset, no es obligatorio, pero ¿por qué aquellos que creen a la fiesta taurina como raíz de identidad social, expresión de valores como valentía o heroísmo, afición por la furia, tienen que soportar la negativa del Estado a ocultar esa emoción personal y a mostrarla públicamente con otros?

Afortunadamente Guanajuato defendió, desde la libertad, a “los toros” y sigue siendo trinchera frente a la fantasía marxista.
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