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Macario Schettino
Macario Schettino
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Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

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08 Diciembre 2009 04:27:59
Más de migrantes
La semana pasada comentamos aquí acerca de las remesas, para aclarar una cifra que sonaba a tragedia sin serlo

Ahora permítame ofrecerle más información acerca de los migrantes, que le parecerá sorprendente, y sí es cierta. Hace un par de semanas, la fundación BBVA Bancomer, en voz de Adolfo Albo, anunciaba que lo que los mexicanos pagan de impuestos en Estados Unidos duplica las remesas que mandan a México; 53 mil millones de dólares para lo primero, 25 mil para lo segundo. Estas cifras, y mucho más, aparecen en el interesante documento Situación Migración México de noviembre 2009, que puede usted encontrar fácilmente en internet (no pongo la dirección porque es muy larga).

El estudio, le decía, es muy interesante e ilustrativo. No sólo habla de esas dos cifras mencionadas, sino de en dónde están los mexicanos que viven allá, a qué se dedican, qué está ocurriendo con las actividades económicas en que participan, y mucho más. Si quiere saber con detalle lo que realmente implica la migración de México a Estados Unidos, este documento le puede ser muy útil. Por cierto, en términos de lo que puede ocurrir con las remesas, coincide con lo que aquí comentábamos la semana pasada: hay una caída, no un desplome, y habrá una recuperación durante 2010.

Pero lo que me interesa aprovechar de ese estudio es la estimación del impacto de nuestros compatriotas en la economía del vecino país, que en 1994 era de 2.2% del PIB (del suyo), pero para 2008 alcanzó la nada despreciable cantidad de 3.8%. En dólares, esto significa que los 12.5 millones de mexicanos que viven allá produjeron casi 550 mil millones de dólares. Lo digo de nuevo, nada despreciable, porque en ese mismo año los 105 millones de mexicanos que vivíamos acá produjimos poco más del doble: 1.07 billones de dólares. Si lo quiere ver por persona, resulta que nosotros teníamos un PIB por habitante de 10 mil dólares anuales en 2008, mientras que quienes se fueron a Estados Unidos tenían cuatro veces más: 40 mil dólares cada uno. Estos cálculos los hago con dólares corrientes, pero si ajustamos por el efecto de los diferentes precios internos de cada país (PPP le llaman), el PIB por mexicano en Estados Unidos es poco más del doble del PIB por mexicano en México.

Hay mucho que preguntar después de estas cifras. Pero antes de hacerlo, permítame darle la noticia que me parece más importante. Los prácticamente 120 millones de mexicanos que somos teníamos un PIB total de 1.6 billones de dólares en 2008, una pizca por encima del PIB de España, y un poco debajo de Rusia en ese mismo año. México, o mejor dicho, los mexicanos, éramos la novena economía mundial el año pasado, antes de la crisis. En unos meses más sabremos cómo nos fue durante 2009, pero podría apostarle que somos hoy la octava economía mundial, sin importar nuestra autoflagelación de siempre.

Ahora las preguntas: ¿por qué un mexicano en Estados Unidos produce más del doble de lo que produce en México? ¿Por qué no enviamos más? ¿Por qué no hacemos un acuerdo con el país vecino para establecer mecanismos que garanticen un flujo ordenado y seguro de mexicanos hacia Estados Unidos y de norteamericanos hacia México (se sorprendería de la cantidad que vive ya en México)? Más a fondo, ¿por qué no enseñamos inglés en serio a los mexicanos?

Muchas preguntas que no son nada sencillas de responder. A excepción de la primera, me parece que la respuesta a todas las demás tiene que ver con nuestra incapacidad mental. La respuesta a ellas es el bloqueo que tenemos para darnos cuenta de que nosotros escogimos mal el camino, y nos ha llevado adonde tenía que llevarnos, al fracaso. Y como hay que hacer siempre que se equivoca uno de camino, no queda más que desandar y corregir, o mejor dicho: primero reconocer que tomamos la ruta errónea, regresar y tomar la correcta. No culpo a quienes decidieron, allá en los 30, cuando no era nada sencillo saber que el camino estadounidense era preferible al soviético o al italiano (que eran las opciones reales de entonces). Sí culpo a quienes, desde entonces, no han sido capaces de reconocer el error. Y más a quienes hoy mismo siguen necios.

Pero ensayemos respuestas a la primera pregunta. ¿Por qué un mexicano en Estados Unidos produce más del doble que quedándose aquí? Lo primero que tenemos que saber es si hablamos de los mismos mexicanos, y me parece que no es así. La migración, especialmente la ilegal, no es una decisión sencilla. Quienes la toman tienen más valor, más confianza en sí mismos, y sin duda más urgencia que quienes no la toman. En consecuencia, sería razonable esperar que los más productivos (o con potencial de serlo) serán quienes emigren, de forma que si mandáramos al resto de los mexicanos a Estados Unidos (es un experimento mental, no se violente) no mantendríamos esa diferencia de producción.

De cualquier manera, este factor no debe eliminar todo el efecto. Entonces, hay una serie de circunstancias que permiten que un mexicano sea el doble de productivo en Estados Unidos, en promedio, de lo que puede lograr en México. Con pura teoría neoclásica, esto debe responder a la diferente dotación de capital entre ambos países. Con perspectiva institucional, esta diferencia es resultado de los distintos costos de transacción entre ambos, es decir, del marco institucional que en México impide garantizar los derechos de propiedad y por lo tanto reduce la cantidad de capital instalado, y la capacidad de apropiarse de los resultados del trabajo.

En combinación, respondería lo siguiente: la incapacidad de garantizar los derechos de propiedad en México implica que el riesgo es mucho mayor, por lo que el capital exige una mayor tasa de ganancia en nuestro país que en Estados Unidos. En una economía abierta, sólo es posible tener una mayor tasa de ganancia mediante salarios más bajos. En suma, es la falta de garantías a los derechos de propiedad en México lo que provoca los salarios bajos. Frente a estos salarios, la opción de los trabajadores es salir del mercado formal, aprovechando la falta de garantías a los derechos de propiedad, con lo que se alimenta nuevamente el ciclo: la informalidad crece, reduciendo los salarios, haciendo crecer la informalidad, reduciendo los salarios, y así hasta que la informalidad ocupe todo el mercado, sinónimo económico del Estado fallido. Vamos en dos terceras partes, ya falta poco.

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