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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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17 Junio 2019 04:06:00
Matar al paciente
Apenas el 9 de marzo, en la reunión 103 Mujeres Líderes de El Universal, Edith González pidió a la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, también presente, que intercediera con el presidente López Obrador: “Quiero, no me aguanto, querida Claudia Sheinbaum, pedir, por tu conducto, que muchas mujeres podamos acceder al Presidente de la República para poder exponer temas sobre las condiciones que estamos enfrentando con el cáncer y que no se nos están prestando oídos”.

Edith González falleció el 13 de junio de cáncer. Ella se trataba en hospitales privados y no sufrió en carne propia la crisis de medicamentos del sistema público, pero su enfermedad la llevó a promover un mayor esfuerzo en la lucha contra este mal.

Los problemas del sistema público de salud no son nuevos. Tienen que ver con “un diseño fragmentado, sin articulación”, me dice el doctor Abelardo Ávila, investigador del Instituto Nacional de Nutrición. Las distintas instituciones se manejan de forma separada y con calidades distintas. “Lo que vino a imponer la crisis fue el proceso de descentralización, trasladar la responsabilidad a los gobiernos locales. Muchos lo hicieron de forma deshonesta. Pero en esta Administración, específicamente, la idea de volver a centralizar todo el gasto en salud no se ha hecho con el cuidado de no perjudicar el abasto de medicamentos. Ha habido también problemas de subejercicio”.

Los pacientes de los institutos nacionales han tenido que comprar sus medicamentos desde hace años. En otras instituciones, que supuestamente deberían proporcionar medicamentos gratuitos, la escasez está obligando a las familias a comprarlos, pero muchas no tienen los recursos. Con el argumento de que ha habido corrupción, el Gobierno ha suspendido a las principales proveedoras de medicamentos y ha hecho licitaciones con nuevas reglas, en las que el propio Gobierno se encargaría de distribuir, sin que al parecer tenga la capacidad para hacerlo. El resultado, mientras tanto, es una creciente escasez de medicamentos.

A esto hay que añadir un deterioro en las condiciones de trabajo. El Gobierno ha ordenado quitar prestaciones a los residentes, pero estos no solamente trabajan por sueldos de miseria en condiciones infrahumanas, con turnos de 24 horas, sino que representan el 60% del personal médico y dan el 80% de los servicios. Hacienda también ha ordenado que no se abran nuevas plazas y que se cancelen los pagos por honorarios, cuando hay mucho personal que lleva años trabajando bajo este régimen y cuya labor resulta indispensable.

El Gobierno ha estado apagando incendios que él mismo ha encendido. Los recortes a los institutos nacionales fueron cancelados después de que los directores protestaron, pero se está aplicando de todas formas un recorte de 20% en nómina. Mientras tanto, el servicio se deteriora. Las citas se programan cada vez más distantes en tiempo. Los servicios de urgencias rechazan a pacientes y los mandan a un triste peregrinar de hospital en hospital. Muchos pacientes aguardan en los pasillos durante horas a que se desocupe una cama.

Los problemas no son de hoy, pero se están agravando. El sistema de salud necesita una cirugía profunda. La enfermedad no se curará con un simple recorte indiscriminado al gasto. Se necesitan más recursos, aunque mejor administrados. Matar a los enfermos no es la solución.


Lana para cultura

Después del triunfo de AMLO, la cantante y actriz Susana Zavaleta declaró entusiasmada: “Yo creo que a la cultura nos va a ayudar muchísimo y ahora sí hay lana por fin, después de no sé cuántos miles de sexenios. Ahora sí hay lana para la cultura. ¡Vete a volar Gaviota!”. Parece que se equivocó.
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