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Ricardo Alemán
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04 Diciembre 2019 04:03:00
¡Mentira, odio y miedo, las armas de AMLO…!
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No es nuevo que en la historia de la humanidad distintas civilizaciones se impusieron y extendieron a partir de la mentira, el odio y el miedo.

Muchos de los imperios del mundo deben su gloria al miedo, mientras que dictadores como Mussolini, Stalin, Hitler y Franco –entre otros– se impusieron a partir del odio y miedo entre sus pueblos.

Y vale la referencia memoriosa porque en pleno siglo 21, en medio de lo poco que queda de la democracia mexicana, el presidente López Obrador recurrió durante todo el primer año de Gobierno –y lo sigue haciendo– a la mentira flagrante, el engaño sin pudor, a la grosera siembra de odio entre hermanos y, sobre todo, al ilegal y vengativo método del terror y el miedo.

En el primer caso, distintos especialistas han documentado entre 16 mil y 20 mil mentiras del Presidente mexicano, solo en el primer año; mitomanía que convierte Obrador en uno de los mandatarios más mentirosos del mundo.

Y la proclividad de López Obrador a la mentira es un fenómeno mundial porque también es inédita la impostura de este en sus “conferencias de prensa simuladas”, que no son más que groseros actos de propaganda. Es decir, que a mayor propaganda, mayor exposición presidencial y mayor el número de mentiras del Mandatario.

Pero la institucionalización de la mentira vulgar –negar o falsear la realidad– no es la única forma de engaño del Presidente.

Resulta que los programas sociales preferidos de López Obrador se expresan regalando dinero; a jóvenes, viejos, estudiantes y desposeídos. Pero ese regalo de dinero no es otra cosa que la peor expresión de la corrupción.

¿Por qué?
Porque en la práctica el regalo de dinero a cambio de nada es la más vieja expresión de la corrupción. El Presidente corrompe a jóvenes y viejos, hombres y mujeres, a quienes luego encuesta y así obtiene los elevados niveles de aceptación que, luego, se traducen en votos.

Por otro lado, el odio ocupa un lugar especial entre las herramientas de control y sumisión presidencial. Todas las mañanas, de lunes a viernes, a lo largo de un año, el Presidente estigmatizó a críticos y adversarios con motes como “fifís”, “conservadores”, “enemigos del pueblo”, “prensa rastrera” y una decena más de adjetivos calificativos despectivos.

En las giras presidenciales de sábado y domingo por el país, López Obrador repite la dosis y es novedad cuanto no confronta a ricos contra pobres, a malos contra buenos, indígenas y criollos, poderosos y desposeídos, corruptos y honestos, “fifís” contra “chairos” y al “pueblo bueno” con mafias imaginarias.

Y, claro, del lado del Presidente están “el pueblo bueno”, los pobres, los indígenas, los desposeídos, los honestos y los “chairos”.

Y si López Obrador todos los días divide y polariza, también a diario consolida sus niveles de aceptación electoral; voto cautivo para futuras elecciones.

Pero acaso el miedo sea la peor herramienta utilizada por el presidente Obrador y por su Gobierno; miedo que somete y paraliza.

El miedo que ha sembrado entre políticos de todos los signos, entre gobernadores, alcaldes, legisladores y exfuncionarios públicos; miedo sembrado a hombres de empresa, dueños de medios, periodistas, intelectuales y críticos.

El ejemplo más denigrante se produjo hace días, cuando El Colegio de México canceló, sin previo aviso, una serie de conferencias sobre la dictadura de Evo Morales en Bolivia. Y es que una institución de excelencia como esa fue colonizada desde hace años por las pandillas lopistas. Hoy un grito basta para que académicos, intelectuales y estudiantes se plieguen por miedo.

Pero el miedo también colonizó a dueños de medios y la conciencia de muchos periodistas, articulistas y críticos, sin que nadie se atreva a decir nada. Y es que han sido echados de sus medios y perseguidos por babeantes jaurías de bots a sueldo, desde el autor de este espacio, hasta Carlos Loret, Brozo y el influencer Callo de Hacha, entre muchos otros.

A los dueños de medios se les piden cabezas a cambio de continuar con las pautas publicitarias. Y si no es suficiente, son perseguidos en sus negocios.

Pero el terrorismo más brutal –verdadero terrorismo de Estado– es contra políticos y empresarios. Han sido perseguidos desde Rosario Robles –a quien el presidente Obrador ordenó encarcelar sin una sola prueba de delito alguno– hasta poderosos hombres de empresa. Y en todos los casos se ha violado no solo la ley sino la Constitución.

Por eso la pregunta. ¿Hasta cuando “la nueva dictadura perfecta”?

Al tiempo.
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