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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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17 Junio 2020 04:07:00
Meseta y Reapertura
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Al parecer estamos en el pico de la pandemia. Ha tardado mucho más en llegar de lo que se pensaba. Cuando se declaró la Jornada Nacional de Sana Distancia, el 23 de marzo, el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell afirmó que duraría menos de un mes, hasta el 19 de abril.

Más tarde declaró que el acmé, el punto máximo, se alcanzaría el 6 de mayo, aunque lo movió después al 8 de mayo. Después aclaró que se refería solo a la Ciudad de México. El 31 de mayo terminó la Jornada de Sana Distancia, pero los contagios y muertes han seguido aumentando. Nada más este 15 de junio hubo 3 mil 427 nuevos casos y 439 fallecimientos (Worldometer).

“Estamos en la meseta en lo alto y se espera que pronto empiece el descenso”, afirmó el presidente López Obrador. Solo que lo dijo el 11 de mayo, hace más de un mes. Ha sido una meseta muy larga.

En estas circunstancias, ¿por qué podría alguien promover la reapertura de la economía? Porque estamos sufriendo un doloroso desplome. A menos que realmente queramos destruir la economía, es importante tomar medidas de reactivación, al tiempo que aplicamos acciones sanitarias realmente eficaces.

¿Se puede? No solo se puede, sino que estamos obligados a tratar. No es cuestión de pretender que la pandemia no existe, sino de saber qué medidas de prevención funcionan. Hemos ido conociendo cada vez más a este nuevo coronavirus y eso nos permite protegernos mejor.

Los rebrotes en China, país que ya había “domado la pandemia”, sugieren que la enfermedad estará con nosotros un tiempo largo. Cuando un país o una región tienen éxito y reducen a cero las infecciones, simplemente se convierten en imán de nuevos brotes.

Mientras no haya una vacuna o una cura, o no alcancemos una inmunidad grupal, habrá nuevas oleadas.

La pandemia puede así durar dos o tres años, o renovarse anualmente como la influenza. Ningún país puede darse el lujo de encerrar a sus ciudadanos tanto tiempo.

Las investigaciones de Renyi Zhang de la Universidad de Texas y sus colaboradores, entre ellos el mexicano Mario Molina, sugieren que la transmisión por aire es la forma más común de contagio, por lo que las mascarillas se convierten en la protección más eficaz; pero todos podemos usar cubrebocas sin dejar de trabajar. Sabemos también que debemos evitar los contactos físicos y lavarnos las manos constantemente con agua y jabón; pero lo podemos hacer, igualmente, sin impedir que la gente se gane la vida.

Un confinamiento total y forzoso puede reducir los contagios parcial y temporalmente, como lo hicieron España e Italia, a pesar de lo cual registraron elevadísimos números de contagios y muertes. El costo del confinamiento, sin embargo, puede ser tan grande que lo vuelva insostenible. En México es todavía más pesado porque el Gobierno no ha querido inyectar recursos para mantener a flote a las empresas y a los desempleados.

Por lo pronto, ya vamos a cumplir tres meses desde que se decretó la Jornada Nacional de Sana Distancia. Hemos perdido 12 millones de puestos de trabajo formales e informales, y millones están siendo empujados a la pobreza o a la miseria sin que le hayamos hecho mella a la pandemia.

Hoy no se trata de ver qué opción es mejor, sino de buscar formas de aplicar la única solución posible: reactivar la economía, pero con reglas sanitarias que reduzcan al máximo posible los contagios.


¿Monopolio?

AMLO afirmó ayer que Iberdrola “domina casi la mitad del mercado de la energía eléctrica particular en el país”. En realidad, la CFE tiene monopolios sobre el mercado doméstico, la transmisión y la distribución. Iberdrola genera 16% de la electricidad en México y entrega 70% de esta a la CFE. El otro 30% lo vende a empresas privadas, que la prefieren por precio y calidad.



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