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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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19 Abril 2019 03:30:00
Metamorfosis del mal
Fuerza Coahuila (FC) es un cuerpo represivo creado a imagen y semejanza de su siniestro autor Rubén Moreira para infundir miedo entre la población. Revestidos de impunidad, policías con máscaras, uniformes y patrullas negras apuntan con sus armas al ciudadano común –mientras más pobre, mayor es el abuso–, no a la delincuencias organizada –a la que anuncian su presencia como forma de autodefensa– ni a los sectores cuyos cuerpos de seguridad les protegen de “los buenos” y de “los malos”, no siempre con buenos resultados. FC es herencia de un gobierno fascista.

El informe México: Asesinatos, Desapariciones y Torturas en Coahuila de Zaragoza constituyen crímenes de lesa humanidad, presentado por la Federación Internacional de los Derechos Humanos (FIDH) ante la Corte Penal Internacional, el 6 de julio de 2017, sigue la metamorfosis de FC y exhibe a la mente torcida de su inventor. El aumento de las privaciones graves de la libertad física, torturas, asesinatos y desapariciones forzadas, cometidas por las corporaciones de seguridad, empezó en 2011. La comunicación de la FIDH acusa:

“Desde el año 2012, se suma el reporte de similares crímenes cometidos por el GATEM y/o FUERZA ÉLITE y el GROM. En los últimos años y hasta el 2015, los crímenes se han sucedido teniendo como autores materiales a uno y otro de esos grupos de seguridad. Y, desde inicios del 2016, los integrantes de estas distintas corporaciones han pasado a formar parte de ‘Fuerza Coahuila’, sólo un cambio de nombre para una nueva corporación que parece seguir cometiendo los mismos crímenes. Más del 50% de los casos analizados dan cuenta de crímenes cometidos por una de estas fuerzas especiales.

“A diferencia de otros estados de México, el patrón de la comisión de estos crímenes va más allá de un esquema de falsos positivos pues muchas de las víctimas son simplemente desaparecidas sin ser presentadas como sospechosas de integrar grupos del narcotráfico y crimen organizado. Nuestra investigación nos permite formular dos hipótesis, sujetas a mayor análisis, sobre la razón de estos crímenes en este segundo periodo, sin lograr confirmarlas completamente:

“1. Los perpetradores consideran que los presuntos culpables de narcotráfico pueden ser desaparecidos / asesinados inmediatamente para recuperar el control territorial sobre los narcotraficantes, pero en realidad no tocan a los verdaderos presuntos culpables, sino a inocentes o responsables de narcomenudeo.

“2. Los perpetradores privan de libertad física, torturan y desaparecen a inocentes o responsables de narcomenudeo o miembros de otro grupo narco, aterrorizando a la población civil para que se pueda seguir con el tráfico de droga y controlar el territorio fronterizo.

“Los casos analizados configuran un claro patrón regular de actuación criminal: que comienza con el allanamiento de viviendas, la interceptación de vehículos o la persecución en las calles que deriva en la privación grave de la libertad física de personas civiles, sin orden ni mandato judicial alguno. Las técnicas de tortura utilizadas en los casos descritos son siempre similares y comprenden golpes empleando las manos, unas tablas o vehículos, asfixia cubriendo la cabeza de las víctimas con una bolsa, choques eléctricos en diferentes partes del cuerpo –incluso en los genitales–, ahogamientos (“waterboarding”), tortura sexual y amenazas de muerte que llegaban a constituir tortura psicológica”.


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