×
Macario Schettino
Macario Schettino
ver +
Doctor en Administración, candidato a doctor en Historia. Es profesor en la división de Humanidades y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey. Ha publicado 15 libros, el más reciente: "Cien años de Confusión. México en el siglo XX", con Taurus. Su columna consiste en análisis sencillos de fenómenos económicos y financieros.

" Comentar Imprimir
05 Marzo 2010 04:43:28
Mientras discuten
Por el momento, parece que todo el mundo está dedicado al asunto de las reformas, las alianzas, las elecciones y el futurismo. Gran cantidad de energía social destinada a luchar por el poder, a través de la modificación de las reglas, de la asociación temporal, de los votos, o de las apuestas, pero todo por alcanzar o mantener el poder. Un poco sin tener idea de para qué, más allá de la satisfacción personal y grupal. Porque mientras estas luchas se dan, el país sigue a la deriva, un poco manteniendo el rumbo de la inercia, otro poco resintiendo mareas y corrientes, a los bandazos que la mar dirige.

Mientras discuten, el país sigue medio trabajando con las reglas vigentes, que no se hicieron para que fuésemos exitosos, sino para sostener a un régimen autoritario. No hablo de reglas políticas, hablo de todas las reglas que tenemos.

Mientras discuten, seguimos en la peor tragedia imaginable: estamos destruyendo a nuestros jóvenes. Me parece que no hemos aquilatado el tamaño del drama educativo en México, y por eso, aunque ya alguna vez hemos hablado de él, vale la pena volverlo a hacer.

Hoy tenemos 14 millones de niños en primaria y más de 6 millones en secundaria, con una cobertura que supera al 90%. Todos van a la escuela en México, al menos a la educación básica, pero de muy poco les sirve. Dos de cada tres jóvenes que terminan este nivel no pueden hacer más que seguir instrucciones simples: son incapaces de resolver problemas con un mínimo grado de dificultad (PISA 2003). La mitad de quienes terminan secundaria es incapaz de entender argumentos científicos (PISA 2006). De acuerdo con Hanushek y Woessman, un poco más de la mitad de los egresados de secundaria en México son analfabetas funcionales. Mismo nivel de Argentina, aunque mucho mejor que el de Brasil, si quiere sentirse menos mal.

En este momento se encuentra en secundaria el grupo poblacional más grande de nuestra historia. En dos años, la población en ese nivel escolar empezará a decrecer, como lo viene haciendo la primaria desde el 2000. México deja de ser un país joven, ése es el famoso bono demográfico. La desgracia es que al mayor grupo que ha pasado por la escuela le ha tocado un sistema educativo inútil.

Permítame plantearle la otra parte del problema, que normalmente no vemos. México no está preparando un grupo dirigente. No es sólo que tengamos una gran proporción de analfabetas al final de la secundaria, que por sí mismo es grave, sino que no tenemos un grupo de excelencia que pueda convertirse, años después, en el liderazgo de todo tipo que requiere un país de este tamaño: investigadores, tecnólogos, empresarios, políticos, maestros, periodistas.

En los mejores sistemas educativos del mundo (Finlandia, Japón, Corea, Taiwán, etcétera) entre 15 y 20% de los jóvenes que terminan secundaria se encuentra en este nivel. En México no llega a medio punto porcentual. En Brasil, fíjese, es tres veces mayor que en México. Nosotros producimos cada año, en el mejor de los casos, 10 mil egresados de secundaria que tienen potencial para convertirse en ese liderazgo al que me he referido. Corea produce 125 mil cada año, de una población escolar tres veces menor. Estados Unidos, con uno de los peores sistemas educativos de los países desarrollados, produce 250 mil personas en este nivel, de una población escolar del doble de la nuestra (Pritchett y Viarengo). Más claro aún: los estudiantes mexicanos que están en el 5% superior apenas podrían aprobar en Corea. El 95% reprobaría.

Yo sé que parte de las creencias heredadas del nacionalismo revolucionario es que la educación no debe producir personas exitosas, sino simples promedios. Los buenos estudiantes son despreciables, porque son élite, y eso va contra nuestra naturaleza. Bueno, pues visto desde esa perspectiva, nuestro sistema educativo funciona: ya no hay élite. Por eso es tan difícil construir un verdadero sistema de ciencia y tecnología en nuestro país, no sólo por falta de recursos financieros, sino humanos.

Para los simples, bastaría con quitar a Elba Esther para resolver este problema. No es así. No sé siquiera si serviría de algo. El fracaso educativo no es más que otra muestra de un fracaso social pleno: se trata de un sistema hecho para inocular en los niños la adoración por el nacionalismo revolucionario, no para educar para la competencia y el éxito. Por eso nuestros hijos dedican el doble de tiempo del promedio de la OCDE a estudiar ciencias sociales. Para que sean buenos súbditos y creyentes.

http://www.macario.com.mx

Profesor de Humanidades del ITESM-CCM
Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5