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Cristina Orozco
Cristina Orozco
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27 Octubre 2018 04:00:00
Migrantes, entre la espada y la pared
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Desde que el humano anda en el mundo lo natural ha sido persistir en la búsqueda de la sobrevivencia y la felicidad. Los primeros humanos migraron hacia el Sur para no morir víctimas de las inclemencias del clima; para conseguir alimento; casar o pelear contra los depredadores o tribus contrarias; para comercializar y salvarse de pandemias, aunque hubo personas que migraron por la aventura y tras la búsqueda de la fuente de la juventud o del polvo amarillo.

En los siglos 19 y 20 la depresión económica y las guerras mundiales propiciaron la emigración. Millones de personas se vieron obligadas a dejar sus países por razones de supervivencia. Escoceses, irlandeses, ingleses, italianos, belgas, alemanes, polacos, austriacos, chinos y japoneses encontraron un refugio en América.

En este siglo, los problemas económicos y políticos de algunos países de Centroamérica obligan a la población a migrar y, siendo México paso forzoso para quienes intentan llegar a los Estados Unidos, nos hemos acostumbrado a verlos pasar, marginándolos a la reducida benevolencia que reciben en su paso por ciertos grupos de la sociedad civil.

Hoy en día, por la carencia de valores humanitarios los migrantes son repudiados. Mientras la violencia y las carencias del país de origen los orillan a migrar buscando un mejor futuro son estigmatizados como delincuentes.

Existen muchos enfoques de análisis sobre el fenómeno migratorio, sin pretender ahondar en el asunto, Human Rights Watch, llevó a cabo varias misiones de investigación en 2015 para examinar cómo México está aplicando su propia legislación y las normas internacionales en su trato a los migrantes procedentes de América Central, especialmente sobre la niñez migrante:

“Nuestra investigación encontró grandes discrepancias entre la ley de México y la forma en que se aplica. Niños que podrían cumplir los criterios para recibir asilo afrontan múltiples obstáculos a la hora de presentar su solicitud desde el momento en que son detenidos por el Instituto Nacional Migratorio (INM). Tal y como nos aseguró un funcionario del ACNUR, “el mayor problema en México no es el procedimiento [de asilo] en sí, sino el acceso al procedimiento”.

Alejandro Hernández, escritor coahuilense, en el 2013 escribió un libro titulado Amarás a Dios Sobre Todas Las Cosas publicado por TUSQUETS EDITORES. Este libro documenta cinco años conversando con cientos de centroamericanos indocumentados en su travesía hacia los Estados Unidos, difícilmente escuchará la voz del narrador, no son historias sino retratos, arroja al lector a escenas perceptibles de nuestra cultura, hasta que… estas son, simplemente, impenetrables.

“…y todos los días alguien llegaba a preguntarme por el migrante fugitivo. No lo conozco, no sé, no tengo idea. Era un migrante nada más. Pero qué migrante, de dónde era, dónde quedaron de verse. Era menos que un migrante, le dije al jefe de la policía, no seas pendejo, me dijo el jefe, no hay nada menos que un migrante. Y si no era migrante entonces que era. Las palabras le supieron a vómito a mi papá. Era nadie, les dijo”.

Aproximadamente, 6 mil personas de Honduras, el Salvador y Guatemala, decidieron emigrar en caravana para echar raíces en los Estados Unidos y en México. ¿Alcanzarán las leyes mexicanas para proteger a la ola de migrantes de robos, extorciones, violaciónes, hambruna, trata y muerte? ¿Hasta dónde llegarán las amenazas de Trump cuando los miles de centroamericanos lleguen a la frontera de Estados Unidos y la encuentren cerrada y armada hasta los dientes con órdenes de no permitir la entrada a ninguno de ellos?
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