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10 Agosto 2019 03:08:00
Ministros de culto, sacerdotes, pastores y la ficción jurídica
Por: Elio Masferrer Kan


Como consecuencia de las Leyes de la Reforma promulgadas por Benito Juárez y la Constitución Política de 1917 se despojó a los ministros de culto de los derechos políticos, partiendo de la premisa que juraban obediencia a un monarca extranjero, el Papa reinante en la Ciudad de Vaticano, un Estado con el que hoy tenemos relaciones diplomáticas: la Santa Sede.

El término “ministro de culto” es una figura jurídica que engloba, tanto a los sacerdotes católicos, la inmensa mayoría en ese momento y a los pastores evangélicos, muy escasos en números. Es importante tener en cuenta que la Iglesia católica, apostólica y romana tiene un personal de tiempo completo, un clero, que está separado de los demás practicantes o creyentes de su religión. Los sacerdotes tienen la exclusividad de la Eucaristía: consagrar la hostia y el vino, transformándolos en la sangre y el cuerpo de Cristo. En estas restricciones las monjas no fueron ni siquiera mencionadas, pues de todos modos las mujeres no tenían derechos políticos. Este concepto se mantiene hasta la actualidad y se matizó dándoles a los ministros de culto derechos políticos para participar del proceso electoral, pero con prohibiciones para ser elegidos en procesos de elección popular o designados funcionarios.

Curiosamente las religiosas y religiosos no sacerdotes católicos (30 mil y 400 en México respectivamente) mantienen sus derechos políticos. En el mundo católico se podría comparar la formación sacerdotal en los seminarios como una carrera universitaria a nivel de licenciatura. Existen en algunas organizaciones católicas la obligación de tener además una carrera universitaria “profana” (Jesuitas, Opus Dei, etc.). Ahora la Iglesia católica tiene otras categorías que están fuera de las restricciones, como los numerarios el Opus Dei, laicos consagrados y otras categorías que viven en comunidad y tienen votos de obediencia, castidad y “pobreza”.

El mundo protestante, evangélico y pentecostal, mormones, Testigos de Jehová y Adventistas entre otros, tienen una concepción referida al trabajo pastoral que no configura un clero especializado y separado del conjunto de la feligresía, como los católicos.

En esta perspectiva debemos entender que la legislación mexicana en materia religiosa está elaborada desde un legislador que piensa exclusivamente en lo católico. Los católicos en 1895 eran el 99.1%, en 1990, 89% de los mexicanos; actualmente están en alrededor del 72%, siguen bajando y los evangélicos subiendo. Los sacerdotes católicos son 12 mil distribuidos en 6 mil 200 parroquias y los pastores evangélicos son alrededor de 150 mil distribuidos en más de 60 mil congregaciones. Las parroquias católicas pueden atender (o mal atender) a 20 mil feligreses.

Mientras los evangélicos tiene sus congregaciones con cifras que varían entre 70 y 400 miembros, donde pueden actuar más de un pastor y tienen además las categorías de “obrero evangelista” que pueden involucrar a más participantes. También tienen muchas congregaciones a “pastores de jóvenes”, en muchos casos adolescentes que asumen responsabilidades en la materia y que tienen responsabilidades en “la escuela dominical” dedicada a niños y adolescentes.

Los mormones tienen ritos de paso sacerdotales para los varones desde los 8 años y cada jefe de familia es considerado “sacerdote de su familia”, y para mejorar la “confusión”, el puesto de “obispo” es electivo cada 3 años, en sentido estricto es un laico con ciertas responsabilidades ceremoniales y pastorales, pero de ninguna manera es personal clerical de tiempo completo.

En el caso particular de los pentecostales y neopentecostales, los pastores no son resultado de una formación académica, sino por una revelación del Espíritu Santo, que dará lugar al interés en una formación a nivel de seminario. No tienen “un Vaticano” ni un Papa, así que no juran obediencia a ningún monarca extranjero.

Sintetizando, la ley que quita derechos políticos a los “ministros” de culto no se aplica a todas las categorías “posibles” ni en el campo católico, ni en el mundo evangélico, es imposible de aplicar, es una simulación. Sería mejor revisar si es útil y si 80 años de terminada la Guerra Cristera no habría de abandonar ciertos conceptos, que pudieron ser razonables en determinados momentos históricos, por algo que sea adecuado al siglo 21.



*Doctor en Antropología. Profesor investigador emérito ENAH-INAH



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