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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Coahuilense, médico pediatra, apasionada de la palabra escrita. Desde 1975 ha sido columnista en diversos periódicos regionales. Bloguera a partir del 2010. Participa activamente en el Taller literario “Palabras al viento”. Tiene varios libros publicados. Inquieta por la problemática social, en particular la relativa a nuestros niños y jóvenes. Sus colaboraciones invitan a asumir que la resolución de esos problemas es tarea común para todos. Su blog: https://contraluzcoah.blogspot.com/

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31 Marzo 2019 04:00:00
Misión cumplida
Fueron alrededor de treinta años, restando un receso temporal que ella hizo hace muchos años, el tiempo que Blanca Esthela Treviño y yo compartimos la plana editorial de domingo en periódico Zócalo. Aunque ella ya no está físicamente con nosotros, dentro de sus preparativos para el viaje final dejó por anticipado tres colaboraciones, la que se publicó el domingo pasado, la de hoy y la del próximo domingo.

Así era y así vamos a recordarla siempre, una mujer ordenada, sensible y gentil, que de forma admirable sacó adelante una asombrosa cantidad de tareas, y todas de excelencia: Matrimonio y familia; compromisos laborales y quehacer literario; labor social y docencia, y partió cuando supo que era el momento de hacerlo. Sus colaboraciones periodísticas han tenido un sello de excelencia, alejadas de la constricción de la opinión subjetiva, para asirse a la erudición de conocedores y expertos. Dueña de sus conceptos, pero en todo momento con la cortesía de ceder a los convocados a su columna, el brillo de las luminarias.

Tuve la fortuna de convivir con ella desde mi llegada a Piedras Negras en 1984. Fueron los tiempos cuando el sacerdote Fernando Martínez lanzó a Blanca Esthela al ruedo de la palabra escrita. En muy poco tiempo, pasó de ser una novel columnista, a convertirse en sólida opinadora, y más delante en diestra novelista. Dentro de su labor editorial, esa fascinación tan suya por la lectura, le proveyó de lo necesario para fundamentar sus opiniones acerca de aquello que planeaba escribir. Fue al final de esos ochentas cuando se integró a ese mismo espacio editorial, la profesora Martha Nélida Riojas (+).

Blanca Esthela vio cumplidos sus dos caros sueños literarios: Escribir un libro con relación a la figura de su abuela paterna, a través de cuyas páginas la autora nos lleva de paseo por Allende, pasamos tardes en el jardín de la abuela, y nos toca participar en un memorable episodio de la Revolución Mexicana, cuando su padre –entonces niño—descubre su vocación médica de una forma poco convencional. Y así, de un escenario a otro, Blanca Esthela nos lleva a comprender que la familia es –finalmente—la razón que mueve al corazón del mundo. Ese primer libro se intituló “Cuéntamelo otra vez”.

Durante la creación de su segunda y última novela, escrita dentro del taller de literatura testimonial, sus compañeros talleristas tuvimos la fortuna de atestiguar la gestación de cada personaje desde la magia de su pluma. En esta obra la autora se propuso dar respuesta a la pregunta de uno de sus nietos: “¿Cómo le hicieron Wito y tú para ser tan felices en su matrimonio?”. De ese modo fuimos descubriendo la forma como Mario –Wito-- apareció en su vida; lo que sucedió a causa del extravío de unos lentes en una alberca, y a partir de aquella reunión comenzamos a conocer a quienes fueron novios por más de cincuenta años. Atestiguamos el enamoramiento, las expectativas de cada uno en la relación; las aventuras que vivieron juntos y a la distancia. Gozos y sustos, como el día cuando se extravió el más inquieto de sus hijos. De un modo divertido, pero con profundo sentido humanista, la autora termina ofreciendo un mensaje al amado nieto: La vida es así, con altas y bajas, lo importante radica en mantener la fe en Dios, el amor en la persona que eliges como pareja, y la unión familiar. El epílogo del libro, donde Blanca Esthela pone toda su alma en cada letra, es una carta escrita a ese su grande y único amor, con quien acaba de partir a reencontrarse hace unos cuantos días.

Desde el próximo domingo 14 me va a resultar extraño no hallar la colaboración de mi admirada compañera de afanes literarios, encabezada por la imagen de su perfil, con esa sonrisa que la caracterizó en todo momento. Estamos ciertos de que ella se queda con nosotros a través de las letras; su esencia plasmada en la sonrisa que el paso del tiempo no habrá de borrar. Como diría el inmortal Jorge Luis Borges, “la muerte es una vida vivida”, y ella vivió –y sonrió-- plenamente hasta el final. Es así como nosotros, que tuvimos la fortuna de convivir con ella, y las futuras generaciones, que podrán conocerla a través de su obra, encontraremos una forma alternativa de vivir la vida: Dispuestos siempre a superar cualquier obstáculo, dando gracias al cielo por lo que tenemos y prodigando amor a nuestros semejantes. Además hacerlo alegres, siempre alegres.

Blanca Esthela: Voy a extrañar tu sabiduría, tu sentido del humor y ese auténtico don de gentes. El tiempo de Dios es perfecto, y tú partes esbozando esa última sonrisa que expresa lo que muy pocos tendrán oportunidad de decir al final del largo camino: “Misión cumplida”.

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