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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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02 Junio 2019 03:59:00
Monclova y AHMSA
La marcha multitudinaria –unos hablan de 9 mil, otros de 10 mil participantes– registrada en Monclova a raíz de los problemas que enfrentan Altos Hornos de México (AHMSA) y su presidente del Consejo de Administración, Alonso Ancira, es una manifestación de la singular simbiosis Monclova-AHMSA. La ciudad y la empresa están tan estrechamente unidas, que no es posible desasociar la una de la otra.

Por eso no es de extrañar la participación en la marcha de obreros, familias completas, autoridades de los municipios ubicados en el área de influencia de la acería y de nutrido grupo de empresarios.

Fue una reacción lógica ante las medidas adoptadas por el Gobierno, entre ellas la congelación de las cuentas bancarias de la siderúrgica, después descongeladas, que puso en peligro la operación del gigante del acero.

En 1942, al llegar a Monclova la primera remesa de maquinaria para lo que sería Altos Hornos de México, el ingeniero Harold R. Pape, encargado del proyecto, tuvo que hospedarse en un hotel de la vecina Ciudad Frontera. El motivo: en Monclova, entonces con alrededor de 6 mil habitantes, no existía un hotel con las mínimas comodidades.

Esa era la situación de una ciudad que sobrevivía en el centro de Coahuila, cuyo estancamiento se agudizaba frente a la pujanza de la vecina estación de Frontera, a 7 kilómetros de su Plaza de Armas. El movimiento ferrocarrilero y los sueldos pagados a los empleados del riel provocaron un trasvase de las actividades económicas de la antigua Monclova a la recién nacida población en torno a la estación ferroviaria. Monclova y sus tres siglos de historia languidecían.

La instalación de Altos Hornos detonó un crecimiento inusitado en la ciudad, la cual, por decirlo de alguna manera, tuvo que reinventarse. Se crearon fraccionamientos para dar cabida a los recién llegados y a toda prisa se empezó a buscar la forma de cubrir la demanda de bienes y servicios.

Muchos cambiaron arado y sombreros de palma de ala ancha por relucientes cascos metálicos. La reconversión hubo de hacerse a pasos acelerados mientras desembocaba diariamente un río de migrantes atraídos por las oportunidades de trabajo.

La fundación de la siderúrgica coincidió con una crisis en la Región Carbonífera, donde la modernización de los sistemas para la extracción del mineral agudizó el desempleo.

La Caravana del Hambre de 1951 fue una manifestación de esa crisis. Cientos de participantes en la ya legendaria marcha de Nueva Rosita a la Ciudad de México fueron puestos en la lista negra de las compañías mineras y hubieron de buscar trabajo en la floreciente Monclova.

El número de habitantes se disparó y las autoridades municipales enfrentaron graves problemas a una creciente demanda de servicios públicos que resultaba difícil proporcionar a las nuevas colonias que aparecían casi de un día para otro en la periferia.

Esta historia contada en unas cuantas palabras revela la relación de la que se hablaba líneas arriba. En ninguna otra parte de Coahuila se da el fenómeno de que una compañía sea a la vez pivote y motor de la economía de toda una región, porque si bien la Carbonífera depende de la minería, no lo hace de una sola empresa. Hay multitud de grandes, medianos y pequeños empresarios del carbón.

Los problemas que aquejan y puedan aquejar al futuro a la siderúrgica merecen una estrecha vigilancia, pues no se trata de un negocio cualquiera, es una empresa cuyo desempeño, para bien o para mal, afecta a buena parte de Coahuila.
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