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Juan Latapí
Juan Latapí
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29 Septiembre 2019 03:10:00
Morir con dignidad
DE LAS POCAS CERTEZAS QUE hay en la vida están el nacer y el morir. Nadie –hasta donde se sabe- escoge el momento y lugar donde se nace así como la mayoría desconoce también el día y lugar donde morirá, pero sobre todo el tipo de muerte.

HAY A QUIENES LES PREOCUPA cómo morirán y esperan que sea un trance sin sufrimientos pero más que nada sin causar lástima y molestias a quienes les rodean. Tener que depender de terceros y ser una carga es algo que se procura evitar aunque al final de la existencia no suceda así, y peor aún, cuando se llega a una etapa de soledad y de abandono.

ESTA SITUACIÓN –PARADÓJICAMENTE- SE COMPLICA aún más debido a los avances médicos que han elevado considerablemente el promedio de vida y no sorprende que cada vez más haya ancianos de 90 años y más. Esos mismos avances médicos, además de aumentar el promedio de edad, también han logrado que las agonías se prolonguen a veces hasta por varios años.

HACE APENAS UNOS MESES EL Doctor Arnold Kraus citaba un artículo, publicado en la prestigiada revista The Economist, que bajo el título “Cómo finalizar la vida. Morir es inevitable, morir mal no lo es”, menciona que “a finales de la década de 1990 la mitad de los decesos a nivel mundial se debían a procesos crónicos; en 2015 la tasa se elevó: dos terceras partes morían por complicaciones de enfermedades crónicas; en la actualidad, en países ricos, más del 65 por ciento de las defunciones ocurren en hospitales y a menudo las muertes sobrevienen después de gran cantidad de tratamientos, algunos ‘heroicos’. Casi la tercera parte de los estadounidenses mayores de 65 años pasan algún tiempo en unidades de terapia intensiva durante los últimos tres meses de vida, y una quinta parte es sometido a un procedimiento quirúrgico el último mes”.

LA REALIDAD ES DEMOLEDORA –SEÑALA Kraus- ya que porcentajes significativos de la población viven mal su vejez, no les resulta fácil morir y, en lugar de fallecer acompañados en su casa, la muerte sobreviene en soledad. Vivimos sometidos a una cultura médica donde los excesos predominan y buscan sin sustento prolongar la vida a pesar de la certidumbre del fracaso de las medidas terapéuticas y de la certeza del final. Por tal motivo el ejercicio médico debe cambiar y explicar a los pacientes en qué consiste el “testamento vital” –también conocido como instrucciones anticipadas- que le facilitan a la persona acceder o no a determinados tratamientos médicos que lo único que logran es prolongar inútilmente la agonía, deterioran la calidad de vida del paciente y sobre todo con falsas esperanzas que lo único que logran es prolongar la muerte y no la vida. Por ello, morir con dignidad es un derecho.

EL ARTÍCULO PUBLICADO POR THE Economist también señala también que “los pacientes que mueren en el hospital padecen de más dolor, estrés y mayor depresión cuando se les compara con pacientes que fallecen en su casa. Los familiares de quienes fallecen en un hospital sufren episodios postraumáticos severos y cuadros prolongados de duelo”. La soledad de los moribundos en hospitales es un problema serio. Morir con dignidad, sostiene el Doctor Kraus, no es cuestión política ni religiosa, es una cuestión humana, por lo que los médicos -pero sobre todo la sociedad civil- deben afrontar esta situación para modificar las leyes respecto a la muerte asistida.

NO ES UN TEMA SENCILLO sin embargo debe tratarse con seriedad y objetividad, que debe ser abordado junto al tema de la crisis de la salud pública en México con sus instalaciones y equipos sumamente deteriorados, el desabasto de medicamentos cercano a la crueldad, pero sobre todo por la atención de médicos, enfermeros y administrativos que raya en lo inhumano, sobre todo aquí en nuestra región.

LOS AVANCES TECNOLÓGICOS –TANTO POSITIVOS como negativos- deben sopesarse, si prolongar la vida sin sentido es incorrecto o si morir con dignidad es una opción válida. Morir es inevitable, morir mal no lo es.
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