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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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02 Febrero 2019 03:59:00
Morir por la quincena
“Nuestros trabajos nos afectan de diversas maneras. En primer lugar están las horas de trabajo excesivas que nos están matando”.

Parte de una interesante entrevista de Jeffrey Pfeffer (véala en nuestros sitios). Concuerda con mi experiencia, y sobre todo en México, donde muchas veces se piensa que el mejor empleado es el que se desvela todos los días. ¡Ja, error craso! Ese trasnochado(a), por lo general, es el más de-sorganizado y el menos productivo.

El profesor de Stanford revisó 228 estudios sobre el estrés en el trabajo y evaluó los principales factores que lo provocan: falta de seguro de gastos médicos, injusticia, demandas excesivas, cambios súbitos, perder el trabajo, poco control, bajo apoyo, horas excesivas e inseguridad en el puesto.

Estos detonantes afectan de distinta forma el bienestar en tres vertientes: salud física, salud mental y tasa de mortalidad. Por ejemplo:

* Inseguridad en el trabajo incrementa 50% la posibilidad de tener problemas de salud.

* Jornadas excesivas de forma continua incrementan la tasa de mortalidad en un 20 por ciento.

* Sufrir un permanente sentido de injusticia laboral incrementa en 60% la posibilidad de tener trastornos mentales.

Suena muy lógico, ¿no? Digamos que se trabaja de los 25 a los 65 años, mínimo 40 años de una vida de 80. La mitad de la vida. Claramente que si la chamba es tóxica terminamos muriendo por la quincena. O por lo menos viviendo muy mal, ¿no cree?

Un problemón que no sólo tiene consecuencias personales. Por ejemplo, Pfeffer estima que en Estados Unidos el costo de trabajar en malas condiciones es de 500 mil millones de dólares, poco menos de la mitad del PIB de México. Un 40% es el costo de enfermedades y el restante es para las empresas por rotación y baja productividad.

¿Qué hacer? El profesor de Stanford recomienda cinco pasos (según un resumen del libro de Soundview):

1. Medir costos de salud y bienestar de la misma forma que se mide el impacto de la contaminación. Vivimos en la era del “big data”: todo se mide y la información se usa para mejorar. Pero en el costo de mal trabajar, nada. Hay que cambiar esto.

2. Denunciar a los “contaminadores laborales”. Con ejemplos específicos de las prácticas que utilizan. Lograr que la presión social los obligue a cambiar. Que cueste

contaminar.

3. Desarrollar políticas sociales para combatir esta contaminación. Si el mercado no se autorregula, el Gobierno puede ayudar. Mmmm, habrá que verse. A veces –y sobre todo en países como el nuestro– el Gobierno estorba en lugar de ayudar.

4. Anticipar excusas de los contaminadores. La resistencia al cambio siempre estará presente. Y más en un mundo hipercompetitivo donde tener mejores prácticas laborales puede ser falsamente visto como desventaja.

5. Insistir para que los líderes actúen. Palabras bonitas y frases elegantes no resolverán el problema. Acciones sí, rollo no.

Buenas, pero muy generales. Aterricemos más. ¿Cómo puede saber un empleado si su trabajo es tóxico? Le sugiero contestar estas preguntas:

a) ¿Disfruto mi trabajo?

b) ¿Cuántas horas semanales trabajé en promedio en el último año? ¿Me desconecto por las noches?

c) ¿Descanso los fines de semana?

d) ¿Tomo vacaciones con regularidad?

e) ¿Tengo un balance trabajo-familia-amigos-diversión?

No es física cuántica. El estrés se palpa, es un asesino silencioso (relea “¡Vivir como una cebra!”). Usted sabe si vive un ambiente tóxico. De ser así, tome medidas para atemperarlo. Y si no puede y tiene opciones, contemple cambiar de puesto interna o

externamente.

Ahora bien, si usted es líder o dueño, tampoco le será muy difícil darse cuenta si su ambiente de trabajo mata. Compare su tasa de rotación con la de su industria o ciudad, revise cómo anda el pago de sus primas de seguro o IMSS y verifique la moral de su organización.

Sea honesto, porque el autoengaño no le servirá de mucho. Y si el examen revela un quiste, extírpelo. Un ambiente laboral saludable le va a ser mucho más productivo. No lo dude.

Si sus empleados mueren por la quincena, la organización eventualmente los terminará acompañando al cementerio. Algo bueno para recordar ahora que inicia el año, ¿no cree?

POSDATA

Expertos de SU Gobierno le dicen a AMLO que su refinería costará 75% más y que no es viable ni técnica ni financieramente. Fitch baja su calificación a Pemex porque los planes del Gobierno afectarán sus finanzas. ¿La respuesta de Andrés? Ignorar e insultar. Sorry, mr. president: a los expertos se les debe escuchar y se debe debatir con argumentos y no agrediendo o metiendo la cabeza en un hoyo como el avestruz. Así no es.

En pocas palabras...

“No hay que temer a la muerte, sino a nunca empezar a vivir”. Marco Aurelio, emperador romano
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