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Miguel Badillo
Miguel Badillo
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26 Octubre 2009 02:00:22
Mucho ruido y pocas nueces
González de Aragón se enfrenta una vez más con su pasado

Comenzó la cuenta regresiva y será en diciembre próximo cuando los diputados que integran la Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación decidan si Arturo González de Aragón cumple con los requisitos para poder reelegirse, una vez más, en el cargo, luego de ocho años de resultados cuestionables y auditorías interesadas.

En junio pasado, sin embargo, el diputado por Convergencia de la anterior legislatura, José Luis Varela Laguna, resultó un poco más severo al referirse a la gestión de la ASF: “Mucho ruido y pocas nueves”. A juicio de Varela Laguna, la Auditoría se ha dedicado a ofrecer información que resulta espectacular a los ojos de los medios de comunicación, pero que ha fallado en realidad para obtener resultados positivos ante juzgados que sancionen a servidores públicos responsables de la comisión de actos de corrupción, negligencia y desvío de recursos públicos en el ejercicio del presupuesto público.

En su intento por mantenerse en el poder, en momentos en que ha desaparecido la Secretaría de la Función Pública y que la ASF se erige como el único órgano capaz de auditar e investigar con independencia a toda la administración pública, González de Aragón se enfrenta una vez más con su pasado: el despacho de contadores que atienden sus hijos, en donde el principal cliente ha sido el Gobierno federal, sigue presente en los pendientes de algunos legisladores que miran con desconfianza dicha gestión empresarial.

El auditor ha sido investigado, a raíz de una acusación originada entre los legisladores del PAN, por el claro conflicto de interés que enfrenta; sin embargo, González de Aragón tiene clara su respuesta: al llegar al máximo órgano de control y vigilancia del Poder Legislativo cedió a sus hijos la participación principal que mantenía en el despacho González de Aragón y Asociados, y con ello cree haber solucionado el problema. Es más, asegura, después de participar en un gobierno local no tenía ningún interés en volverse a vincular en un cargo público, porque su negocio personal iba viento en popa.

Pero él sostiene que fue su experiencia dentro y fuera del Gobierno la que lo ubicó en el camino de la ASF: ¿Cuántas personas, cuantos contadores “independientes” contaban con esa experiencia y conocimiento”. Muy pocos, reflexiona el mismo González de Aragón a la menor provocación cuando es cuestionado sobre el incómodo capítulo. Dicho lo anterior, este auditor está convencido que ha sido el resultado de las investigaciones de la ASF y los intereses de corrupción que ha afectado lo que hoy lo coloca en el ojo del huracán.

En la página de Internet de la ASF, el responsable de ese organismo se adelanta a sus críticos y se justifica: “Como cada año, los ataques se instrumentan después de conocerse públicamente los informes (de la ASF) y esta vez no podía ser la excepción”.

González de Aragón recuerda que el 31 de mayo de 2006, el secretario de la Función Pública rechazó que el auditor Superior de la Federación hubiera incurrido en conflicto de intereses por el hecho de que el despacho contable de sus hijos hubiese obtenido contratos del Gobierno federal y en especial, por cierto, de la misma Secretaría de la Función Pública. Cómo esperaban entonces que dicha secretaría de Estado se pronunciara en contra si ella misma había contratado al despacho investigado.

Con esta afirmación, sin embargo, los críticos de González de Aragón, no de la institución y sus logros, se preguntan si acaso la Función Pública y sus titulares no han incurrido también en conflictos de interé al reconocer que han otorgado contratos al despacho de los González de Aragón y, acto seguido, exculpan al auditor Superior de la Federación.

Aquí parece estar la clave: González de Aragón ha mezclado consistentemente su conflicto personal con su gestión al frente de la ASF. De esa forma, ha encontrado un aparente móvil de “sus enemigos” para atacarlo porque, asegura, ha tocado grandes intereses. Eso es un hecho, nadie puede negar que el poder del Estado se ha hecho sentir contra él cuando la ASF retomó e hizo suyas las denuncias de esta columna sobre el robo a la nación que el entonces secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, perpetraba a través de la empresa ISOSA y los fideicomisos privados Aduanas I y Aduanas II.

En corto, González de Aragón reconoce a dos grandes afectados de la actuación de la ASF: el ex secretario Francisco Gil Díaz y los banqueros afectados por las observaciones hechas al rescate a través del Fobaproa y del IPAB. Ellos son sus enemigos, dice ufano el funcionario público. Pero lo que no quiere recordar el auditor es cómo desde su cargo protegió y encubrió los abusos de los hermanos Bribiesca Sahagún, quienes utilizaron el poder de Los Pinos para traficar influencias en entidades públicas y beneficiarse con comisiones y contratos. A ellos nunca los tocó por el acuerdo que tenía con la familia de Fox.

Sin embargo, no tiene porque confundirse con los conflictos reales del auditor, quien ha dicho, según relatan interlocutores y confidentes de González de Aragón: ¿Qué quieren, qué mis hijos desaparezcan? No puedo, dice. Ellos, agrega, son también especialistas en auditar a entidades del Gobierno federal.
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