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Federico Muller
Federico Muller
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29 Noviembre 2019 04:00:00
Museos y centros de esparcimiento en México
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Aunque hay una frase que manejan los escépticos que no dan crédito a lo que registra la estadística, particularmente en economía y demografía, sectores más vulnerables a presentar información desfasada de la realidad -el “estribillo” coloquial dice “Existen las mentiras, las grandes mentiras y las estadísticas”-, en la Administración federal actual tal parece que se “comulga” con dicha frase, al deslegitimar cotidianamente las cifras que publican los organismos públicos, pero teóricamente autónomos del Gobierno. No obstante, son las fuentes que se tienen y se consideran oficiales y administradas por profesionales, por ello deben descartarse el maquillaje y la manipulación de cifras, que algunas de ellas padecieron hace algunos años.

Lo anterior se coloca como prefacio para considerar como válidos y confiables los datos que recientemente publicó el Inegi sobre establecimientos comerciales y de servicios que se asientan en el país. El “mosaico” que se presenta sirve de coartada para hilvanar algunas hipótesis que pueden configurar el perfil cultural y de gustos y preferencias del mexicano del siglo 21. La primera conjetura se puede estructurar diciendo que el “consumo de cultura” se subordina al del esparcimiento, comercio y servicios. Se aventura la proposición partiendo exclusivamente del número de establecimientos que aparecen censados, sin considerar otras variables que pueden influir en el comportamiento de los individuos.

En 2019 se contabilizaron en toda la República Mexicana mil 822 asentamientos dedicados a preservar la memoria histórica del país mediante museos y casas de la cultura, entre otros, y para sorpresa, ese número también incluye los zoológicos. En cambio, los negocios como discotecas, centros nocturnos, bares y otros lugares que expenden bebidas alcohólicas mediante el copeo, suman 31 mil 161 establecimientos. Es correcto decir que en muchos países capitalistas prevalecen estos últimos sobre los lugares que ofrecen “cultura”, sin embargo, en México la asimetría es muy pronunciada, tomando en cuenta la extensión geográfica y el número de habitantes.

Una probable explicación de lo anterior puede ser la deserción escolar y la baja calidad de la educación, aunado a los precarios salarios, además de la inmediatez del consumo, que momentáneamente evade la realidad del país. Las consecuencias de ello pueden analizarse desde dos aristas: la de los políticos, que se ven favorecidos por contar con ciudadanos de bajo perfil educativo y crítico, que se convierten en catervas manipulables a las que les es difícil separar del discurso político la demagogia de la cruda realidad, y por supuesto las organizaciones criminales, que se abastecen de jóvenes analfabetas funcionales e insensibles al arte, y ávidos de obtener ingresos lo más fácil posible.

La segunda arista es perniciosa para la sociedad, pues tiene un costo y un destino: al incrementarse la delincuencia, de los impuestos que aporta la población contribuyente, una parte tiene que destinarse a financiar la burocracia judicial y la operación de los penales. En esa oscura realidad, la Ciudad de México y Jalisco son las entidades que más oportunidades ofrecen para encontrar lugares de esparcimiento cultural y conocimiento. El número de visitantes a los museos ascendió en 2018 a 67.7 millones, cifra que fue menor 10% en relación con la del año anterior (2017). Habrá que esperar para conocer la información del año actual: si prevalece la tendencia descendiente o aparece un punto de inflexión.    
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