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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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14 Noviembre 2020 04:00:00
Nadie es dueño del país
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Este año, el 2020, que muy pronto habremos de despedir, nos ha traído una serie de acontecimientos que difícil será borrar de la memoria. Muy pronto los proyectos personales, familiares, laborales, los planes, con intención de convertir en realidad se vieron detenidos por la aparición de la pandemia provocada por el virus denominado Covid-19.

Este año ha sido muy difícil. Para unos más que para otros, pero de alguna manera a todos nos ha afectado esta situación. Por eso, me parece tan absurdo como egoísta el que se haya dicho esta expresión: “La pandemia me cae como anillo al dedo”. Y menos se concibe que quien la pronunciara fuera quien gobierna nuestra nación.

Nadie, con un poco de sentido común, de empatía hacia los demás, con un rasgo mínimo de generosidad y, ante todo amor al prójimo, sería capaz de ver en una tragedia la oportunidad de satisfacer su ego, su vanidad, utilizando el poder y los recursos para su propio beneficio en lugar de ponerlo al servicio de los demás.

Se ignoró a los niños con cáncer de la manera más despiadada y cruel, al impedirles en muchos casos continuar su tratamiento. Se ignoró también al personal de Salud al no brindarles el equipo adecuado para atender la emergencia que se presentaba. Se les expuso al contagio y con ello a morir.

Hago un recorrido mental por Tabasco, Chiapas y todas las zonas afectadas recientemente por las inundaciones. El horror y la desesperación se reflejaba en los rostros de las personas atrapadas en sus hogares cubiertos de agua. Habían perdido todo lo material, pero aún conservaban la vida. La amenaza de más lluvias torrenciales y desbordamientos de ríos aún está presente.

Nuevamente se vio la poca importancia que se le da a las personas y a las tragedias. Y se vio a una diputada, originaria de Tabasco, alzar la voz para mostrar su gran decepción hacia su paisano, el presidente, Un reclamo muy justo que le hizo, por los que no son escuchados.

“Como anillo al dedo” le cayó la pandemia al inquilino de Palacio, lugar desde donde se han fraguado las peores infamias: señalamientos a funcionarios o empresarios; descalificación a críticos del gobierno; a periodistas con trayectoria y todo aquel que no comulgue con sus ideas o critique sus proyectos.

Imperdonable es. que quien resulta electo para gobernar a su país, llegue al poder con tanto resentimiento, odio y que se atreva a enviar mensajes que fomentan la polarización a través de la mentira y el engaño.

Es inaceptable que lo haga y continúe subido en una campaña que sólo existe en su mente y no se ubique en la realidad. ¡Qué absurdo! Poner etiquetas a quienes no simpatizan con él o con sus proyectos.

Una buena persona, un gobernante que se respete a sí mismo y a la investidura, no se comporta de la manera que lo está haciendo el presidente. Sus palabras se convierten en ofensas y ponen en riesgo la propia integridad de las personas a quienes insulta.

Está convencido que es mejor que otros. Es el discurso clásico de los gobernantes populistas; individuos patéticamente egoístas.

Desapareció los fideicomisos que existían señalando supuesta “corrupción” pero sin presentar pruebas. En caso de haber existido corruptelas, bueno sería presentar responsables, no “chivos expiatorios”.
Al desaparecerlos o adjudicárselos para “sus” proyectos o caprichos, está dejando de dar solución a problemas que requieren atención inmediata. Damnificados, hospitales, pacientes con enfermedades crónicas, vacunas, Educación y las demandas que se presenten.

Habla de corrupción en funcionarios en administraciones anteriores, pero no ve las corruptelas de sus aliados; cuando se señala a alguien de su gabinete se molesta y lanza la amenaza. Ve “la paja en el ojo ajeno” y no ve la viga en el propio. Eso por donde se mire es, hipocresía.

Y qué decir de la descortesía al candidato ganador de las elecciones en Estados Unidos, Joe Biden, a quien no se ha dignado felicitar. El conteo de votos concluyó y Joe Biden será el próximo Presidente de los Estados Unidos, aunque no le guste a Donald Trump o a López Obrador. ¿Qué tratos o compromisos tienen estos dos señores? ¿No sabía AMLO de la investigación al general Cienfuegos?

No son pocos los errores, malas intenciones, torpezas en que ha incurrido el presidente de México y quienes le acompañan y apoyan. Su testarudez, su ambición de poder no conoce límites. Ha dividido al país en su afán enfermizo de apoderarse de todo. Ha dado muestras de insensibilidad al dolor; de falta de respeto a la vida de los mexicanos al manejarse de una manera pésima la pandemia. No ha mostrado un ápice de afecto por los niños enfermos, ni por la tragedia de los mexicanos. ¿Cómo defender lo indefendible?

López Obrador ha olvidado algo importante: Es el Presidente, no el dueño de México. Se le eligió en elecciones democráticas para gobernar para todos y ofrecer bienestar a todos los mexicanos no a unos cuantos que pretendan adueñarse del país.
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