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Héctor Horacio Dávila
Héctor Horacio Dávila
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13 Marzo 2019 03:27:00
Ni cómo pararlos
Con todos los problemas que hemos tenido empieza a salir el dinero del país. Durante 2018 salieron aproximadamente 10 mil 854 millones de dólares, o sea, vamos para atrás, se está perdiendo la confianza. Para que tengan una idea, de los 31 mil 600 millones de dólares que entraron como Inversión Extranjera Directa (IED) -en aproximadamente 3 mil 800 sociedades y alrededor de 3 mil 200 fideicomisos-, 38% se originó por concepto de reinversión de utilidades, 11 mil 500 millones fueron a través de nuevas inversiones y 7 mil 800 millones fueron por cuentas entre compañías, es decir, lo que realmente entró fueron 11 mil 500 millones de dólares en nuevas inversiones. Generalmente hay que ponerse a temblar cuando la inversión no entra al país, ya que es un reflejo automático de la confianza de la empresa extranjera en nuestro país.

El mayor porcentaje de estos 31 mil 600 millones de dólares, 49%, fue a parar a la industria manufacturera; 13.5% fue para la generación, transmisión y distribución de energía, así como de gas; 8.9% fue al área de comercio; 7.9%, a servicios financieros, o sea los préstamos; 4.4%, a la cuestión minera, y 4.2% fue a transporte y almacenamiento de gasolina. La mayoría de la IED proviene de nuestros amigos los americanos, con 38.8%, y les siguen España, con 13.1%; Canadá, con 10.1%; Alemania, con 8.2%; Japón, con 6.7%, Italia con 4.5%, y el resto de otros países.

Un dato interesante que no debe pasarse por alto es que en 2018 México se ubicó en el lugar 12 a nivel mundial en recepción de inversión directa y, como se vio, entre los grandes inversores en nuestro país no figuraron China, Francia o Inglaterra. Tenemos que dar una imagen de que realmente se puede hacer negocio en México, que las inversiones están aseguradas y que tienen certidumbre jurídica, pero el día a día que vivimos con nuestro Presidente ha provocado la salida de inversiones, la cual sumó 10 mil 854 millones de dólares en 2018, que no es una cifra despreciable. Lo único que nos ha ayudado a que no se deprecie la moneda es que tenemos buenas cuentas con el exterior, o sea, hemos pagado a su tiempo la deuda que hemos contraído.

Podrán decir ustedes, mis queridos 79 lectores, “¿y a mí qué con la Inversión Extranjera Directa? A mí que me den trabajo y se acabó, que me paguen bien. Si de por sí muy apenas puedo pagar a Coppel y Famsa, ¿y a mí qué?”. Bien sencillo, al momento de que no exista este dinero ingresando al país, este pierde su calificación crediticia y si ustedes están pagando en las tiendas departamentales un 15% de interés, se va a ir al doble o triple el pago de sus mensualidades. Si ustedes estaban pagando 100 pesos, van a tener que pagar 200 o 300 pesos porque no hay certidumbre para poder invertir en México, y además cabe el riesgo de que se puedan ir las empresas ya instaladas que les dan empleo a ustedes y le dan trabajo a más empresas, por la sencilla razón de que no se mueve la economía y no hay nuevas inversiones. Sí nos afecta, y ojalá exista un plan B para que las inversiones extranjeras sigan aterrizando en México.

En sexenios anteriores se le dio mucha prioridad a la inversión extranjera en la industria automotriz y ahora no vemos en cuál, si va a ser la minería, la construcción… ¿en qué? ¡Ni en turismo! No existe ningún desarrollo más que el Tren Maya y eso lo están haciendo con lo recabado del extinto Consejo de Promoción Turística de México, que era el impuesto que se cobraba a los extranjeros por visitar México. ¿Dónde está el incentivo para atraer capital fresco? ¿Y ustedes qué piensan?
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