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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Coahuilense, médico pediatra, apasionada de la palabra escrita. Desde 1975 ha sido columnista en diversos periódicos regionales. Bloguera a partir del 2010. Participa activamente en el Taller literario “Palabras al viento”. Tiene varios libros publicados. Inquieta por la problemática social, en particular la relativa a nuestros niños y jóvenes. Sus colaboraciones invitan a asumir que la resolución de esos problemas es tarea común para todos. Su blog: https://contraluzcoah.blogspot.com/

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10 Noviembre 2019 04:00:00
Niños en la mira
Dentro de una sociedad hay principios que se consideran universales. Una serie de eventos recientes, nos demuestran que esto ha perdido vigencia, que son otras las prioridades que dirigen el rumbo de la nave llamada México.

Uno de tales casos, es el de la familia Le Barón. Aquel principio que indicaba “mujeres y niños no se tocan”, se pulverizó. La varonía de los hombres que se enfrentaban unos a otros, huele a podrido cuando se dirige contra madres de familia y sus hijos pequeños. Surgen argumentos en un sentido y en el otro, algunos para señalar que miembros de esta comunidad mormona estaban involucrados en actividades ilícitas. Aún si ese fuere el caso, el principio de excluir de la lucha armada a las mujeres y sus familias, sigue vigente. Por simple dignidad.

La escalada de violencia en nuestro país ha avanzado a niveles que jamás hubiéramos imaginado. Uno de los elementos que más daño viene provocando, es la “normalización”. Esto es, debido a su frecuencia, nos parece normal lo que antes hubiera encendido todas las alarmas sociales. No es el primer caso de poblaciones a las que se ataca en la parte más sensible de sus congregados. Ejemplos hay, sobre todo cuando contabilizamos hasta 100 muertos por día en el territorio nacional. Me atrevo a suponer que lo que vuelve diferente del resto, lo ocurrido en Chihuahua, es que la emboscada estuvo dirigida a un grupo compuesto por esposas e hijos, sin ningún hombre adulto, lo que da cuenta de que se les atacó habiendo pleno conocimiento de causa. No dudo que hayan existido en el país otros casos similares; quede el beneficio de la duda.

Ya se exhibió la cómoda salida que se sacan de la manga las autoridades cuando se ven en aprietos. “Una confusión” como origen del acribillamiento y posterior incineración de los vehículos. Poco faltó para que afirmaran que los niños constituían una célula delictiva y que en vez de biberones cargaban cuernos de chivo.

En años recientes ha habido ajustes al Código de Procedimientos Penales de la Federación, con el fin de garantizar la protección de identidad, además de hacerlo con los menores de edad, también con los presuntos delincuentes. Los medios impresos y digitales se esmeran en aplicar estas medidas para salvaguardar los derechos humanos de estas personas. Por otra parte, se desprotegen individuos vulnerables. La centenaria comunidad de Galeana, Chihuahua, integrada por un grupo de mormones, contaba desde tiempo atrás con la protección de las fuerzas del orden, misma que se redujo sustancialmente hace poco tiempo. Esto, en mayor o menor grado habrá contribuido a la masacre ocurrida en días pasados. Es indispensable conocer entonces, qué criterio se aplicó para disminuir esta protección, lo que precipitó los fatídicos resultados.

De acuerdo con un comunicado de prensa de UNICEF, en diciembre del 2017, países como Iraq, Siria, Yemen, Nigeria, Sudán del Sur y Myanmar se consideran aquellos en los que se vulneran abiertamente los derechos de los niños. Los menores son utilizados como escudos humanos en zonas de guerra, o bien terminan siendo reclutados como soldados, o resultan víctimas de tráfico humano o sexual. Las cifras que reporta ese comunicado fechado el 28 de diciembre son alarmantes. Doloroso decirlo, pero si se actualiza para el 2019, con seguridad México ya estará incluido en la lista de esos países, en los que la vida de un niño tiene escaso valor más allá del utilitario, para las facciones en pugna.

Niños en la mira: un signo de alarma para México. Y lo más grave, todavía hay personajes de la vida cultural del país, que expresan su satisfacción por la muerte de los pequeños mormones, argumentando que la merecían.

Como capas de cebolla, están los problemas sociales y políticos de nuestro país. Debajo de la capa violenta hay una corteza llamada “descomposición social”. Bajo la misma surgen como furúnculo a presión los graves problemas de corrupción e impunidad, que se agravan con esas lecciones de moralidad que llaman a enfrentar las ráfagas de metralleta con abrazos. La siguiente capa, más que económica, yo la llamaría de valores. Pretendemos definir el éxito como seres humanos en términos de poder adquisitivo, con dos palabras que en mis tiempos de niña se llamaban “ambición y codicia”. Una y otra, en grado desmedido, son capaces de llevarnos a los actos más abyectos que podamos imaginar. Quizá como núcleo de la gran cebolla yo colocaría en el centro un elemento cultural, que jamás nos ha permitido sentirnos cómodos en nuestra propia desnudez. Necesitamos acaparar de manera desmedida e insaciable, buscando sentirnos bien. Dicho sea de paso, algo que jamás se logra por este camino. Es hora de sacar la brújula y reorientar la navegación.


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