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Dan T
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06 Agosto 2019 04:00:00
¡No disparen, soy racista!
Por si alguien tenía dudas, este fin de semana quedó demostrado que Donald Trump es más peligroso que un loco supremacista blanco con un AK-47 en un Walmart lleno de mexicanos. Los tres tiroteos (o habría que decir matanzas) que vimos entre el viernes y el domingo, no son producto de problemas mentales de los asesinos como pretende ahora hacernos creer Trump. ¡Para nada! Por supuesto los tres infelices están más locos que un seguidor del Cruz Azul después de 21 años sin ser campeón. Nadie podría decir “ay, pobrecitos, es que sufrieron mucho de niños”. No, no, no. Lo que hay realmente detrás de estos locos ataques, especialmente el que fue contra mexicanos y latinoamericanos en El Paso, es el constante discurso de odio de Donald Trump. Es el Presidente gringo el que ha venido alentando desde antes de ser candidato el odio contra los extranjeros, sobre todo los mexicanos. ¿O a poco ya no te acuerdas cuando dijo que a Estados Unidos llegaban de México sólo asesinos, violadores y narcotraficantes? Y no lo dijo una vez, sino que lo ha venido repitiendo en distintas formas y versiones en los últimos tres años. Decir todos los días que México es tan terrible que se necesita un muro para mantenerlo a raya, no es la forma más amable de tratar a un vecino y socio comercial. Y, claro, ayer salió a decir que estaba en contra de los racistas blancos que se sienten superiores al resto de las razas, pero no porque realmente lo crea, sino para que no lo critiquen demasiado. “No disparen, soy racista”, parece decir el Presidente gringo que por un lado quiere criticar a los supremacistas, pero al mismo tiempo sigue buscando y pidiendo sus votos. Es por eso que sigue y seguirá alimentando el discurso de odio lo mismo contra mexicanos que contra musulmanes, africanos y todos aquellos que no parezcan sus hijos güeritos y desabridos. Así que Trump no jaló el gatillo del arma, pero sí jaló el gatillo del odio que se disparó en la mente de esos desgraciados.

¿Qué se hace en estos casos? Cualquier cosa, menos ponerse de tapete como lo está haciendo el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Le tiene tanto miedo AMLO a Trum que nomás faltó que mandara a Marcelo Ebrard a limpiar con cloro la sangre que quedó regada en los pasillos del Walmart.

SOMOS NOVIOS
No sé por qué los chismosos andan diciendo desde que comenzó el sexenio que el director de Pemex, Octavio Romero Oropeza, es novio de su compañera de gabinete Elvira Daniel, la jefa del organismo encargado del gas. Yo no sé si realmente son pareja y ni me importa, porque es muy su vida personal. Pero de lo que no hay duda es de que ambos funcionarios son socios en varias empresas y no se han portado muy derechos. Ni honestos, ni valientes, como presume su jefe el Presidente. Octavio y Elvira ocultaron que fueron socios en una empresa y que, además, sus hijos son accionistas en otras dos, lo cual podría prestarse a muy jugosas transas. La idea de que los funcionarios revelen este tipo de relaciones es, precisamente, para evitar que se anden dando amor en forma de contratos millonarios, para agasajarse mutuamente. Y aunque este nuestro periódico presentó los pelos de la burra en la mano, demostrando que los dos son algo más que amigos, el Gobierno federal en lugar de investigarlos. ¡los exculpó! Por eso dicen que la cuarta transformación es, en realidad, la misma simulación

¡Nos vemos el jueves!
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